Vivir mi cruz (parte 13)

Cuando una persona nueva llegaba a mi equipo de trabajo, yo era responsable de esa persona. Yo tenía que asegurar que esa persona tuviese las condiciones necesarias para empezar a trabajar lo antes posible.

De forma contínua recordaba uno de los primeros libros de liderazgo que leí en 2009, “La paradoja: un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo” de James C. Hunter. Saber servir y cuidar a tu equipo de trabajo.

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Vivir mi cruz (parte 8)

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En los primeros 15 días trabajando con el equipo que me habían asignado en Brasil, me di cuenta de los canales de comunicación ocultos que controlaban al equipo. Daba igual que fuese mi equipo, porque realmente no lo era. Lo controlaba otras personas que tenían los teléfonos y los emails de mi equipo, y les pedían que ejecutasen ciertos trabajos sin que yo lo supiese.

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Vivir mi cruz (parte 7)

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Durante la creación del equipo que trabajó conmigo en Brasil, tuve que tomar decisiones sobre quién realizaría nuevas tareas que iban surgiendo a medida que la operación rodaba. Algunas de estas tareas implicaban nuevas responsabilidades y la interacción con otros departamentos.

En una ocasión, confié en una persona del equipo, que en base al trabajo que había hecho hasta el momento, me parecía una persona responsable para asumir una de estas nuevas responsabilidades, interaccionando con un departamento que nos solía causar bastantes problemas en el día a día.

Esta persona empezó a ejercer un poder que le di, inicialmente con responsabilidad y un buen desempeño. Al poco tiempo esta persona en la que confié se volvió mi enemigo/a. No supo utilizar con responsabilidad el poder que le di y lo que hizo fue dejarme en evidencia ante otro departamento, hablar mal de mí, cuestionar mis decisiones sin argumentos y criticarme, sin hablar en ningún momento conmigo.

Fue el propio equipo quien me avisó de lo que estaba ocurriendo y después lo confirmé yo misma. Ahí fue donde aprendí quiénes formaban un equipo cohesionado, que se auto-regulaba, y que velaba por su supervivencia, y quien estaba ahí de paso.

Me armé de paciencia. Porque lo primero que me salió era despedir a esta persona. Pero me calmé y reflexioné. Había algo que tenía que aprender de esa situación. Hablé en privado con esta persona para explicarle la estructura de la empresa y que, si tenía cualquier dificultad con su trabajo, con quien tenía que hablar era conmigo.

Esta persona me saltaba de forma recurrente y hablaba con mi superior en lugar de hablar conmigo. Le di un plazo de un mes para cambiar su comportamiento. Ahora mismo no recuerdo si llegó al mes, o si fueron un par de semanas, pero tuve que tomar la decisión de quitar esa responsabilidad a esa persona y poner a otra persona.

Esta persona volvió a sus responsabilidades iniciales. Y, aun así, siguió causándome muchos problemas. De nuevo el propio equipo venía a hablar conmigo, me interceptaban en el pasillo o en la cocina del café, para hablar conmigo y pedirme que hiciese algo, porque no podían seguir trabajando con esta persona en el equipo.

Estuve hablando en muchísimas ocasiones con el equipo sobre la situación que todos/as estábamos sufriendo. Me di cuenta de otras personas fuera del equipo que protegían a la persona con la que no podíamos trabajar. Por diferentes circunstancias, aunque solicité el despido de esta persona o su recolocación en otro departamento, si así lo consideraban mis superiores, tuvimos que convivir con esta persona en el equipo durante más de un año.

Finalmente, esta persona fue despedida. Fue mucho tiempo donde el equipo tuvo que aprender a ser asertivo y resiliente, porque esa situación no podíamos cambiarla en el corto plazo. Y el equipo también se hizo más fuerte, y se ayudaba a llevar la situación lo mejor posible.

¿Cuáles han sido los retos más complejos que has tenido que gestionar con tu equipo?

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Vivir mi cruz (parte 5)

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En agosto de 2015 yo ya estaba más que harta de vivir en un apartahotel en São Paulo.

Harta de tener que ir a casa de uno de mis amigos para lavar la ropa, porque yo no tenía lavadora. Hicimos un intercambio de valor fértil para ambas partes: él aparcaba su coche en la plaza de garaje que yo no usaba, y él me dejaba lavar la ropa en su casa, y me llevaba al supermercado que estaba lejos de donde yo vivía.

Harta de no poder alimentarme correctamente porque no tenía nevera ni congelador de un tamaño suficiente. Solo tenía una mini nevera de hotel con una mini bandeja de congelador dentro de la propia nevera. No tenía tiempo de estar cada 2 o 3 días yendo a comprar. Harta de haber engordado bastante y no poder hacer nada para alimentarme mejor.

Tenía el Plan de comidas de 28 días de Marcos Vázquez, pero no tenía forma de organizarme sin una nevera en condiciones. Hacía lo que podía. Y comía lo que podía.

Harta de trabajar todos los días en unos horarios insoportables, trabajando fines de semana, teniendo que estar disponible prácticamente 24 horas, muchas veces festivos incluidos.

Tome la decisión que necesitaba cambiarme a un apartamento. Necesitaba una estructura que yo sintiese un hogar, mi casa. Nadie en la empresa hizo absolutamente nada por ofrecerme este espacio que yo necesitaba, este bienestar básico y fundamental para el bienestar físico y emocional. Estaba muy harta. Y una vez más me dejaron sola.

Como nadie me ayudaba me puse manos a la obra yo sola. Estuve hablando con mis amigos de São Paulo para saber en qué webs se buscaban normalmente apartamentos de alquiler, qué precios tenían, qué zonas había, cómo era la seguridad en esas zonas, si había supermercados cerca, farmacias, ambulatorios, etc. Me hice un mapa de São Paulo en Google Maps con toda la información que iba recopilando.

Hablé con una de mis amigas que estaba estudiando Derecho para que me explicase cómo funcionaban los contratos de alquiler. Me explicó que casi todos iban por agencia y me dijo que cuando encontrase un apartamento le enviase el contrato para revisarlo antes de firmar nada. Me explicó que se suelen poner algunas cláusulas abusivas que por propio desconocimiento o porque son habituales, se responsabiliza a los inquilinos de temas que son por ley responsabilidad del propietario. Y que, si no te das cuenta, pues te las cuelan y las firmas.

Asique en una ardua búsqueda, encontré por pura serendipia un apartamento que fue amor a primera vista. De hecho, cuando fui a verlo, me lo enseñó la propietaria que era un amor de persona. Aunque por seguridad para ella, gestionaba el alquiler por agencia. Los de la agencia era un poco “bichos” la verdad. Pero la dueña era súper razonable. Estuvimos hablando y acordamos empezar los trámites para el contrato de alquiler.

Con la agencia tuve un montón de problemas. Incluido el contrato que querían que firmase. Tal y como mi amiga me indicó, en el contrato aparecía una cláusula abusiva habitual en los contratos, y que era una responsabilidad del dueño que se estaba pasando al inquilino. Mi amiga me dio las referencias en internet de las leyes donde aparecía todo explicado. Hice un documento explicando todo. Lo enseñé en la empresa y me armaron una bronca gigante porque esos contratos son estándares y yo estaba cuestionando lo que nadie cuestionaba. En fin, una más de tantas broncas que tuve que aguantar.

En noviembre de 2015 tenía un estrés enorme, porque yo ya había dejado el apartahotel, me estaba quedando en casa de una amiga con mis maletas, mis cosas estaban en casa de otro amigo, y las llaves del apartamento no me las daban por problemas con papeles y porque me querían cambiar condiciones.

Tuve una super bronca por teléfono y por email con la agencia diciéndoles que “si me cambiaban ahora las condiciones según les convenía a ellos, que se olvidasen de mí, que ya no firmaba ningún contrato y que se buscasen a otra persona para el piso”. Menudo lío me montaron. Menudos impresentables.

En diciembre de 2015, después de bastante lucha, conseguí las llaves y pude por fin entrar en el apartamento.

No sé cómo explicaros la sensación del primer día en ese nuevo espacio. Lloré. Lloré bastante. Al fin podía estar en un lugar que era una casa. Y que esperaba convertir en hogar en unas semanas o meses.

Tenía una cocina completamente amueblada, tenía bastantes muebles para guardar cosas, tenía extractor de humos, tenía 4 fuegos, tenía horno, ¡tenía una nevera grande y congelador! y ¡tenía una lavadora/secadora nueva! Increíble.

Tenía un baño precioso con ventanas a la calle. Todos los espacios tenían ventanas a la calle y delante no tenía ningún edificio. Asique tenía ventilación.

Y así empecé una nueva vida en São Paulo. Aún tenía otros frentes que resolver. Pero al menos ya estaba en un espacio que sentía mi casa.

¿Cuáles han sido las dificultades más complicadas que has pasado para encontrar casa?

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