Vivir mi cruz (parte 5)

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En agosto de 2015 yo ya estaba más que harta de vivir en un apartahotel en São Paulo.

Harta de tener que ir a casa de uno de mis amigos para lavar la ropa, porque yo no tenía lavadora. Hicimos un intercambio de valor fértil para ambas partes: él aparcaba su coche en la plaza de garaje que yo no usaba, y él me dejaba lavar la ropa en su casa, y me llevaba al supermercado que estaba lejos de donde yo vivía.

Harta de no poder alimentarme correctamente porque no tenía nevera ni congelador de un tamaño suficiente. Solo tenía una mini nevera de hotel con una mini bandeja de congelador dentro de la propia nevera. No tenía tiempo de estar cada 2 o 3 días yendo a comprar. Harta de haber engordado bastante y no poder hacer nada para alimentarme mejor.

Tenía el Plan de comidas de 28 días de Marcos Vázquez, pero no tenía forma de organizarme sin una nevera en condiciones. Hacía lo que podía. Y comía lo que podía.

Harta de trabajar todos los días en unos horarios insoportables, trabajando fines de semana, teniendo que estar disponible prácticamente 24 horas, muchas veces festivos incluidos.

Tome la decisión que necesitaba cambiarme a un apartamento. Necesitaba una estructura que yo sintiese un hogar, mi casa. Nadie en la empresa hizo absolutamente nada por ofrecerme este espacio que yo necesitaba, este bienestar básico y fundamental para el bienestar físico y emocional. Estaba muy harta. Y una vez más me dejaron sola.

Como nadie me ayudaba me puse manos a la obra yo sola. Estuve hablando con mis amigos de São Paulo para saber en qué webs se buscaban normalmente apartamentos de alquiler, qué precios tenían, qué zonas había, cómo era la seguridad en esas zonas, si había supermercados cerca, farmacias, ambulatorios, etc. Me hice un mapa de São Paulo en Google Maps con toda la información que iba recopilando.

Hablé con una de mis amigas que estaba estudiando Derecho para que me explicase cómo funcionaban los contratos de alquiler. Me explicó que casi todos iban por agencia y me dijo que cuando encontrase un apartamento le enviase el contrato para revisarlo antes de firmar nada. Me explicó que se suelen poner algunas cláusulas abusivas que por propio desconocimiento o porque son habituales, se responsabiliza a los inquilinos de temas que son por ley responsabilidad del propietario. Y que, si no te das cuenta, pues te las cuelan y las firmas.

Asique en una ardua búsqueda, encontré por pura serendipia un apartamento que fue amor a primera vista. De hecho, cuando fui a verlo, me lo enseñó la propietaria que era un amor de persona. Aunque por seguridad para ella, gestionaba el alquiler por agencia. Los de la agencia era un poco “bichos” la verdad. Pero la dueña era súper razonable. Estuvimos hablando y acordamos empezar los trámites para el contrato de alquiler.

Con la agencia tuve un montón de problemas. Incluido el contrato que querían que firmase. Tal y como mi amiga me indicó, en el contrato aparecía una cláusula abusiva habitual en los contratos, y que era una responsabilidad del dueño que se estaba pasando al inquilino. Mi amiga me dio las referencias en internet de las leyes donde aparecía todo explicado. Hice un documento explicando todo. Lo enseñé en la empresa y me armaron una bronca gigante porque esos contratos son estándares y yo estaba cuestionando lo que nadie cuestionaba. En fin, una más de tantas broncas que tuve que aguantar.

En noviembre de 2015 tenía un estrés enorme, porque yo ya había dejado el apartahotel, me estaba quedando en casa de una amiga con mis maletas, mis cosas estaban en casa de otro amigo, y las llaves del apartamento no me las daban por problemas con papeles y porque me querían cambiar condiciones.

Tuve una super bronca por teléfono y por email con la agencia diciéndoles que “si me cambiaban ahora las condiciones según les convenía a ellos, que se olvidasen de mí, que ya no firmaba ningún contrato y que se buscasen a otra persona para el piso”. Menudo lío me montaron. Menudos impresentables.

En diciembre de 2015, después de bastante lucha, conseguí las llaves y pude por fin entrar en el apartamento.

No sé cómo explicaros la sensación del primer día en ese nuevo espacio. Lloré. Lloré bastante. Al fin podía estar en un lugar que era una casa. Y que esperaba convertir en hogar en unas semanas o meses.

Tenía una cocina completamente amueblada, tenía bastantes muebles para guardar cosas, tenía extractor de humos, tenía 4 fuegos, tenía horno, ¡tenía una nevera grande y congelador! y ¡tenía una lavadora/secadora nueva! Increíble.

Tenía un baño precioso con ventanas a la calle. Todos los espacios tenían ventanas a la calle y delante no tenía ningún edificio. Asique tenía ventilación.

Y así empecé una nueva vida en São Paulo. Aún tenía otros frentes que resolver. Pero al menos ya estaba en un espacio que sentía mi casa.

¿Cuáles han sido las dificultades más complicadas que has pasado para encontrar casa?

¿Qué es lo que la vida te ha enseñado a ti?

Sentirnos identificados dentro de la historia de una película, nos pone la piel de gallina. Contar una hazana de la que realmente nos sentimos orgullosos de haber conseguido, nos entrecorta la voz de emoción y nos llena los ojos de lágrimas. Conseguir lo que otros dudaron que conseguiríamos nos llena el corazón de orgullo y valor. Valor para volver a hacerlo y quizás conseguir algo mucho mayor de lo atesorado.

Así vamos acumulando experiencias. La forma en la que mido el valor de cada una de ellas es cómo me sentí mientras las vivía. Muchas veces he llorado. Algunas he reído. En muchas aventuras he estado sola. Pero sigo ahí, abriendo camino quizás para personas que en un futuro consigan sentir el valor que produce crear algo por tu esfuerzo y voluntad.

La experiencia de la vida me enseña que no todo lo que tienes voluntad de conseguir lo consigues. Algunas cosas sí, y otras muchas no. Porque no todo depende de mí. Y necesito hacer un trabajo interno mío de auto-motivación sobre el fracaso. Porque en el sistema educativo y profesional me han enseñado que fracasar significa no conseguir aquello que te habías propuesto.

Nadie me habló de lo complejo que es el camino de desarrollar, construir, concreatar en la vida real una idea abstracta pintada en una hoja de papel. Lo he aprendido a base de prueba y error. A veces lo que pensaba que podía construir resulta que no puedo contruirlo, porque no tengo dinero para hacerlo, no tengo la tecnología, no tengo el equipo, no tengo el tiempo, no tengo los socios, no tengo el conocimiento. Y necesito repensar la idea.

Me quedo con la fuerza que siento mientras estoy creando. Con la auto-confianza. Y en esencia es el aprendizaje lo que me motiva.

¿Qué es lo que la vida te ha enseñado a ti?

Eliminar todo lo que nos hace sufrir

No podemos eliminar de nuestra vida todo aquello que nos molesta o nos hace sufrir. Pero podemos aprender herramientas para poner nuestros límites y hacernos respetar.

En mi infancia, durante la fase de mi desarrollo emocional (de los 7 a los 14), tuve que convivir años en el colegio con un niño insufrible que me hacía la vida imposible. Y tuve que convivir con un profesor incosciente y agresivo.

Profesor que también tuve en la facultad de Matemáticas el primer año, y que en diciembre a todos los que suspendimos su examen nos dijo que nos olvidásemos de seguir en esa carrera. Yo había suspendido su examen.

Yo llegué a la universidad con un nivel de conocimientos que no se adaptaba al nivel que muchos profesores exigían. Salí con matrícula de honor del instituto antes de entrar en la universidad. Y me saqué el carnet de conducir durante el verano tan largo que tenía. Y con lo que gané en la vendimia me pagué la autoescuela. En la universidad, cuando no llegaba al nivel exigido, la respuesta muchas veces era que me buscase la vida. No te lo decían así porque no es correcto socialmente, pero en esencia ese era el mensaje. Si no había llegado con suficiente nivel era mi problema. Claro, era mi problema. No era problema del sistema educativo, sino que era mi problema.

Si hoy me encontrase a estas personas, pues me darían ganas de darles una gran hostia para seros sincera. Pero como socialmente esto no es correcto, pues les diría que me he convertido en una mujer increíble.

Que estudié matemáticas, con muchas dificultades pero lo hice. Que empecé a trabajar como becaria en una gran empresa antes de acabar la carrera, porque sabía que era mucho más sencillo entrar en una empresa a través de una beca que con un contrato indefinido, porque cuando no tienes experiencia laboral, la empresa no tiene una referencia tuya y no quiere arriesgarse.

Que hice un máster sobre teoría de la decisión para poder seguir de becaria donde trabajaba porque no podían hacerme contrato fijo. Que meses después me hicieron contrato fijo. Que aprendí muchísimo en un sector completamente desconocido para mí como era la seguridad de la información. Que sobreviví a un ERE de la empresa y no me echaron, porque tenía un salario bajísimo y la empresa echaba a la gente con mayores salarios. Que recibí un premio como persona que más ideas propuso en toda la división de la empresa. Que la división fue vendida a otra empresa y nos trasladaron a otras oficinas. Que me dejaron arrinconada en la empresa sin nada interesante que hacer ni aportar. Que las ideas que proponía no se escuchaban. Que dejé el trabajo para emprender un proyecto con un grupo de soñadores emprendedores.

Que me hice autónoma. Que fui profesora en una escuela de negocios. Que colaboré en escribir un capítulo de un libro para emprendedores. Que me fui a Brasil motivada por mi propia fantasía de hacer algo grande. Que en Brasil ejecuté el mayor proyecto de mi vida, dejando un gran recuerdo en toda la gente que me conoció. Que volví a Madrid y que sigo cumpliendo sueños.

Porque soy así, una luchadora que no se da por vencida. Y la vida ha ido presentándome personas maravillosas que me han ayudado a salir de muchas situaciones donde pensaba que no tenía salida. Siempre hay una salida. Pero necesitamos personas correctas, personas que nos quieran de forma genuina. Y aquí está la clave. Pocas personas nos quieren de forma genuina. ¿Te quieren porque sacan algo de ti? ¿Te quieren porque les resuelves sus problemas? ¿Por qué te quiere esa persona? Cada uno que haga la reflexión que considere sobre cada una de las personas que tiene en su vida.

No hace falta pegar a nadie. Solo necesitamos saber poner nuestros límites, hacernos respetar y seguir con nuestra vida.

Si tratas con respeto te tratan con respeto

En alguna ocasión, algunos conocidos que han realizado MBAs en Dirección y Administración de Empresa, me daban el siguiente consejo “hazte amiga del personal de limpieza de la empresa donde trabajes porque ellos lo saben todo sobre la empresa”. Me explicaban que tienen acceso a todos los despachos de toda la gente importante y de poder en la empresa. Son parte oculta que nadie ve pero que están en todos sitios.

Ante estos consejos yo me quedaba a cuadros, incluso me cabreaba. Si eres amable y cordial con una persona en función del provecho que puedes sacar de ella ¿qué tipo de relaciones tienes? ¿qué esperas a cambio? ¿crees que te quieren y te valoran por todo lo que te cuentan? ¿o a lo mejor te tratan cordialmente porque también quieren sacar algún provecho de ti?

En todas las empresas que he estado, por un motivo o por otro, he conocido a gente en el equipo de limpieza, muchos de ellos gente realmente estupenda. Alguna de esas personas llevaba más de 15 años en ese mismo edificio, por donde habían pasado varias multinacionales. Me contaba algunos cambios más o menos traumáticos que habían ocurrido con las empresas que por allí habían pasado. Y la verdad que esta conversación no fue buscada. Surgió espontáneamente mientras esta persona se acercaba a mi mesa para poder limpiarla, aunque preguntándome si me importaba levantarme un momento para que la pudiese limpiar. Les mandan limpiar en horario de oficina, buscándose la vida para hacerlo, porque en ese mismo horario tienen a todos los trabajadores ocupando el espacio que justamente le han pedido que limpie. Yo me levantaba con una sonrisa para que pudiesen hacer su trabajo, con total tranquilidad y cordialidad.

En alguna empresa, esta persona de limpieza era una persona con muchos sueños, con una formación realmente sorprendente, con una familia que mantener, y con una historia de vida realmente dura y complicada, donde no había podido elegir su propia vida. Este trabajo le permitía tener un poco de oxígeno para seguir como podía con su vida. Me enseñó a preparar el café en la máquina con sus truquillos, me traía muchas veces café a mi mesa, aunque yo le decía que no era necesario, que no se preocupase. Una persona siempre atenta con las personas de su alrededor. Y no siempre la trataron con el respeto con el que se trata a una persona, y sobre todo con el respeto con el que esta persona nos trataba a todos. En todos sitios hay gente sin conciencia.

Respeto, respeto, respeto. Esto es lo que llevo cuando hablo con cualquier persona. El personal de limpieza, muchas veces juzgado, maltratado, menospreciado, inferiorizado, no sé cuántos -ado de inferioridad podría poner. Con objetividad todos vemos si un trabajo se adapta o no a las funciones y responsabilidades por las cuales se ha contratado a esa persona. ¿Alguna vez has explicado a una persona de la limpieza que está haciendo trabajo fuera de sus responsabilidades? ¿trabajo que le corresponde a otras personas? ¿están claras esas responsabilidades? ¿alguien las ha explicado de forma sencilla y clara?

En todos sitios hay personas con interés en que cierta información no esté accesible. Si tratas a una persona por tu propio interés, te tratará de la misma forma, por su propio interés. Cuando ya no consiga nada más de ti esa persona te ingnorará.

Siempre hay personas escondidas en los trabajos menos valorados que solo las valoramos cuando unos días desaparecen. No esperes que esas personas desaparezcan para que las veas y valores. Tienes una nueva oportunidad de conocerlas cada día que pasas con ellas.

 

Lo mejor de un final es lo que está a punto de empezar

Hace poco encontré un vídeo estupendo en la página de Francisco Alcaide, reconocida persona en el mundo de RRHH. Me ha parecido un vídeo con tan buenos mensajes que no he querido dejar pasar la oportunidad de colgarlo en el blog y que más gente lo pueda conocer.

En este vídeo se cuenta parte de la historia de un equipo de rugby de Vigo. Sí, ¡de Vigo! “No sólo se juega al rugby en Nueva Zelanda”, es lo que pensé cuando lo ví por primera vez. Norm Maxwell, un antiguo jugador de los All Black, equipo líder de rugby en NZ, cuenta su experiencia en aquel equipo de estrellas. Cuando tuvo éxito pudo ver cómo la gente se acercaba a él, esperando mucho por su parte, a pesar de seguir siendo la misma persona. Veía cómo la gente vivía sus sueños a través de él y cómo las personas del mundo del rugby profesional aumentaban la presión a la que se sometía. Esa gente fue quien le quitó el amor por el juego. Algo que durante años le había hecho muy feliz.

Escuchándole en el vídeo me dí cuenta una vez más de algo que he podido comprobar en mí misma. Las situaciones difíciles, haber vivido esas emociones, frustraciones, desilusiones, decepciones, angustias, rabia, asco, desesperanza … y salir de ese estado emocional reforzado, volver a estar ilusionado y con ganas de trabajar sobre tu proyecto de vida, eso sólo se aprende si lo has vivido. “La vida es vivir”. No podemos aprender lo que significa la vida en un libro. Sólo lo podemos vivir.

En el vídeo podemos ver cómo los caminos de dos personas se cruzan en Nueva Zelanda. Es impresionante ver cómo algo prácticamente improbable, ¡sucede!

En los entrenamientos hacen un ejercicio muy bueno en valores. Dos compañeros tienen que llevar entre los dos a otros cinco y llegar lo más lejos posible. Norm les explica que ese ejercicio les enseña que a veces en un partido tendrán que cargar con el compañero, si no habla, lo harán por él, si no cuida de sí mismo, le cuidarán ellos, si no hace lo correcto, lo harán por él. Hasta la llegada de Norm a Vigo, el equipo no había trabajado la parte mental o espiritual del deporte. Norm demostró ser un gran líder que supo sacar lo mejor de su equipo. Espero que disfrutéis del vídeo tanto como yo.

Necesitamos humildad para aprender y coraje para decidir

Hace tiempo que encontré este vídeo motivador que nos llena de energía para seguir adelante con aquellos retos que nos planteamos. Algunas de las ideas de este vídeo son:

  • Somos libres para elegir, para tomar decisiones.
  • Aprender algo significa entrar en contacto con un mundo desconocido.
  • Las cosas más simples son las más extraordinarias.
  • Atrévete a cambiar y desafíate. No tengas miedo a los retos.
  • Es necesario insistir una y otra vez para conseguir aquello que queremos.
  • Si no crees en ti mismo puedes perder una batalla que pensabas ganada.
  • Recuerda qué es lo que quieres.
  • No tengas miedo a equivocarte y empieza de nuevo.
  • Ten paciencia para encontrar el momento exacto.
  • Felicítate por tus logros. 
  • Si no has conseguido lo que querías, analiza las causas e … ¡¡ inténtalo con más FUERZA !!
  • El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños.

Necesitamos tomar nuestras decisiones con coraje. Asumir nuestras limitaciones y buscar la manera de superarlas. Si nos falta formación, nos formamos. Si nos faltan habilidades, tratamos de ponernos en situaciones que nos permitan desarrollarlas. Si tenemos miedo, lo identificamos y lo enfrentamos.

Una cita del psiquiatra Enrique Rojas que encontré en el libro de Francisco Alcaide, Fast Good Management, pone en evidencia la necesidad de aprender a gestionar la frustración. Aprender que no siempre podemos tener lo que queremos cuando queremos, hace que aprendas a ser más paciente y esperar al momento exacto para conseguir lo que quieres. 

Enrique Rojas: «Parece una paradoja pero la frustración es necesaria para la modulación de la personalidad. Es la piedra de toque de la madurez. En el triunfo uno se emborracha de sí mismo mientras que el sufrimiento sirve para entender qué significa el arte de vivir»”.