La vida es un don

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Extracto de la serie “Iluminada”:

Aquí, tú ya no engañas, ni mientes.
Y yo, ya no regaño, ni soy una arpía.
Y no somos ni viejos, ni jóvenes.
No hay amarguras ni ilusiones.
No necesitamos ni temores ni esperanzas.
Solo somos espíritus juntos dejándonos llevar por esta Tierra perfecta.
Nos hemos librado de nuestras tristes historias.
Se van flotando, hasta que se conviertan en los recuerdos de un sueño de la noche anterior.
Sombras bajo el agua.
Y lo que queda es la vida.
La vida es un don.

Aceptar lo que la vida te traiga

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Mi mentor Alf Gauna me dio el siguiente consejo:

La vida nunca permite vivirla como tu mente quiere. La vida acontece y el único secreto es alinear tu cuerpo con disciplina a lo que la vida realmente trae y evitar sufrimientos, la mente está aquí sólo para observar y comunicar, pero no para imponer su voluntad condicionada. Algo tan sencillo necesita paciencia.

Alf Gauna

Queriendo huir del sufrimiento, del dolor, del miedo, de la incomodidad que puede provocarme la vida, aprendiendo a perder, y seguir dando pasos aunque no vea el final del camino.

El mundo de fantasía de mi mente no existe en la materia, en la vida real visible. Aunque haya una clave 41 en mi diseño humano que hable del potencial creativo, de la esencia pura de donde surge toda creación. Creatividad que no consigue materializarse.

Consciente de la importancia de relacionarme con otras personas para ir encontrando con los años, o no, ese pequeño grupo que forma un fractal consciente, que se apoya mutuamente en su desarrollo, que forma una red de soporte y ayuda. Sin esas personas no tengo oportunidad de poder mostrar al mundo los dones escondidos en mi ADN. Nuestra esencia permanece escondida hasta que la vida te permite mostrarla.

A la espera del reconocimiento por parte de algún generador, que no le importe lo que sepa sino quien soy. Espero activamente, estudiando y potenciando mi capacidad cognitiva experimentando con mi variable.

Trabajando mi paciencia para estar en paz y aprender a ser compasiva consciente. Todos llevamos nuestra historia personal, problemas, heridas y sufrimientos, pero no tengo ninguna responsabilidad sobre tu sanación. En mi caso, hay un potencial de alegría de vivir que no voy a permitir que nadie me quite.

Os dejo un poco de música para acabar la publicación. Daydream – Marika Takeuchi.

¿Soy suficiente para que seas mi amigo/a?

Te quejas, reclamas y me exiges que exprese mis emociones del mismo modo en que lo haces tú. ¿Te das cuenta de tu exigencia? ¿Te das cuenta que soy una persona diferente a ti? ¿Te das cuenta que me expreso de otros modos?

Me gritas que te molesta que te juzguen personas por tu forma de expresar tus emociones. Y me juzgas a mí, te ríes y te mofas por mi forma de expresar las mías. ¿Te das cuenta de tu contradicción? A mí no me hace ninguna gracia que te mofes de mí. A mí no me parece una broma. Acabo tragándome una broma que me molesta.

En lugar de decirte que me molesta que te rías de mí, acabo callándome. Si te digo las contradicciones que observo entre lo que dices y lo que haces, lo único que ocasiona es que tus emociones enfurezcan y te pongas a atacarme como un/a loco/a desquiciado/a. Y esa vorágine de emociones es tuya, no mía.

¿Y yo qué hago al lado de una persona que me desquicia emocionalmente? ¿Será que busco tu aprobación? ¿Será que busco poder hablar con alguien? ¿Será que busco un/a amigo/a con quien hablar con confianza e intimidad?

No quiero tus reproches, ni tus celos, ni tus broncas, ni tus locuras emocionales. No las quiero, porque son tuyas y a mí me hacen daño. Tú simplemente sueltas lo que te sale, sin mirar qué estás provocando en mi cuerpo. Y mi cuerpo en muchas ocasiones sufre. Y mi única responsabilidad hasta que me muera es cuidar de mi cuerpo. Así que si me alejo de ti, es por mi salud. Si tú no eres capaz de darte cuenta del dolor que yo paso estando contigo, lo mejor es que sea yo quien tome la decisión de separarnos y poner una distancia que necesito por mi salud.

No es más. ¿No te gusta mi forma de ver la situación? Puedes decidir dejar de leer lo que escribo. Nadie está obligado a leer esto.

¿Cuántas veces has aguantado contestaciones desagradables para que la otra persona no se enfade, no te grite, no te desprecie, y quiera seguir siendo amigo/a tuyo?

La incomodidad de la vida

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Existe una expresión social que decimos para saludar a una persona:

“¿Qué tal estás?”

“Bien, bien. ¿Y tú qué tal?”

“También bien”. (Y sonríes y te vas).

Realmente en un gran porcentaje de casos, lo que yo observo no es un interés en saber cómo está la persona, sino en tener una cordialidad socialmente aceptada, para ser majo/a o que parezca que eres majo/a.

¿Qué ocurre cuando a una persona le respondes que estás mal?

Yo he observado 3 comportamientos:

  1. La persona que hace como que no importa lo que te pasa y, te empieza a dar ejemplos para que estés bien. Todo va a estar bien. Todo va a salir bien.
  2. La persona que te hunde más en la miseria sin ningún tipo de empatía ni filtro en lo que dice. Pesimistas que echan encima de ti más carga de negatividad.
  3. La persona que es realista con la situación, te escucha, y te acompaña, sin querer cambiar nada, solo está ahí contigo. Una persona que te dice “no estás sola/o”.

Observo que todos/a vivimos momentos en nuestras vidas que son incómodos, que no nos gustan. Esos momentos donde sientes angustia, el estómago se cierra, pierdes el apetido, o te lo comes todo por ansiedad. Y al hablarlo con otras personas, según cómo sea la otra persona, quizás no está preparada para gestionar toda esa incomodidad.

Y para mí es un acto de madurez aprender a gestionar la incomodidad.

¿Yó cómo he aprendido a gestionarla?

Primero, permitiéndome sentir todo lo que siento ante esa incomodidad.

Segundo, no sintiéndome culpable porque otros se sientan incómodos con mi incomodidad. Si no te gusta estar cerca de mí en este momento, aléjate. Bastante tengo con gestionar mi incomodidad como para tener que gestionar la incomodidad que ahora tú sientes por mí.

Tercero, darme tiempo para asimilar lo que está pasando. Da igual que lo razone y use toda mi lógica. Hay otros temas que se tienen que colocar y que no tienen que ver con la lógica. El tiempo ayuda a colocar lo que tu cabeza no es capaz de colocar con su lógica.

Por último, aceptar que he hecho todo lo que he sabido y he podido en ese momento y, con los medios que tenía a mi alcance. Habrá cosas que se hayan quedado sin hacer. Habrá personas dando decenas de consejos que no son para ti. Pasa de ellos.

Como todo, solo sabe sobre la incomodidad quien la ha vivido.

No soy tu gran proyecto ni tu mejor inversión

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¿En alguna ocasión alguna persona os ha dicho “eres mi gran proyecto” o “eres mi mejor inversión”?

A mí sí me lo han dicho y me he enfurecido bastante.

Yo no soy propiedad de nadie.

Yo no soy el proyecto de nadie.

Yo no soy el activo financiero sobre el que invertir para rentabilizar tus ganancias.

Me molesta bastante este tipo de comentarios. Suelen ir seguidos de una manipulación emocional para tenerme engachada a esa persona para lo que le interesa o conviene.

No sé por qué, algunas personas adoptan unos roles conmigo paternalistas o maternalistas, como si se autonombrasen mis consejeros y tuviesen que decirme qué tengo que hacer con mi vida o qué dirección seguir.

Me molesta que me digan qué tengo que hacer con mi vida.

Me molesta que me impongan su dirección, porque yo ya sé qué dirección coger. No tengo por qué decirte a dónde voy.

Me molesta que me pidan explicaciones de mi vida privada.

Me molesta que se entrometan en mi vida con preguntas impertinentes.

Si no te respondo, no insistas con tus preguntas. Estoy tratando de ser educada en lugar de mandarte al infierno.

Algunas personas solo respetan mis límites cuando me pongo de mala leche, me enfado y digo las cosas a malas. ¿Es que solo entienden la violencia?

No me importa lo que sabes, sino quién eres

Hace 6 años tuve la invitación para embarcarme en el mayor reto de mi vida en Brasil. No puedo evitar emocionarme cada vez que hablo sobre lo que viví allí. No me gusta escribir palabrotas, pero fue la hostia.

La persona que me reconoció me dijo:

“No me importa lo que sabes hacer sino quién eres. Sé cómo eres y te buscarás la vida para sacar este proyecto adelante. Sé cómo trabajas. Sé lo que has hecho en tu vida. Sé tu compromiso y las ganas que le pones a lo que haces. Lo que no sepas, lo aprenderás por el camino”.

Son pocas las personas que me han reconocido de verdad en mi vida por quien soy.

Habitualmente me realizan un interrogatorio para ponerme a prueba, para ver si paso el examen, y saber si soy válida o no en función de mis logros, títulos, certificaciones, etc. Todo papeles externos que acrediten objetivamente que soy válida y merecedora de una oportunidad. Rechazo tras rechazo. Un lastre para mí. Mandaría al infierno a estas personas, pero me callo realizando un ejercicio de inteligencia emocional, buenas formas, y … ¿para qué perder el tiempo con estas personas?

¿Esto cómo lo demuestras científicamente? No tengo forma de demostrarlo.

¿Esto en qué te basas para afirmarlo? Lo he probado y ha funcionado para mí.

¿Esto por qué lo haces así si se podría hacer de esta otra forma? No sé hacerlo de esa otra forma. O para hacerlo de esa otra forma no tengo los recursos disponibles ni personas que me acompañen. Si no te unes a construir conmigo, deja de decirme cómo hacerlo. O te sumas, o te quitas del medio.

Yo empiezo el camino y por el camino voy aprendiendo los siguientes pasos. No sé contarte el camino completo porque no lo sé. Solo siento una pulsión de hacia dónde ir, pero no sé lo que hay al final.

Sé que me importan las personas.

Sé que me importa que cada persona sepa mirarse así misma con amor y respeto.

Sé que en demasiadas ocasiones he mirado dentro de mí con los ojos de los demás, con sus juicios, y pocas, me he mirado con mis propios ojos.