¿Soy suficiente para que seas mi amigo/a?

Te quejas, reclamas y me exiges que exprese mis emociones del mismo modo en que lo haces tú. ¿Te das cuenta de tu exigencia? ¿Te das cuenta que soy una persona diferente a ti? ¿Te das cuenta que me expreso de otros modos?

Me gritas que te molesta que te juzguen personas por tu forma de expresar tus emociones. Y me juzgas a mí, te ríes y te mofas por mi forma de expresar las mías. ¿Te das cuenta de tu contradicción? A mí no me hace ninguna gracia que te mofes de mí. A mí no me parece una broma. Acabo tragándome una broma que me molesta.

En lugar de decirte que me molesta que te rías de mí, acabo callándome. Si te digo las contradicciones que observo entre lo que dices y lo que haces, lo único que ocasiona es que tus emociones enfurezcan y te pongas a atacarme como un/a loco/a desquiciado/a. Y esa vorágine de emociones es tuya, no mía.

¿Y yo qué hago al lado de una persona que me desquicia emocionalmente? ¿Será que busco tu aprobación? ¿Será que busco poder hablar con alguien? ¿Será que busco un/a amigo/a con quien hablar con confianza e intimidad?

No quiero tus reproches, ni tus celos, ni tus broncas, ni tus locuras emocionales. No las quiero, porque son tuyas y a mí me hacen daño. Tú simplemente sueltas lo que te sale, sin mirar qué estás provocando en mi cuerpo. Y mi cuerpo en muchas ocasiones sufre. Y mi única responsabilidad hasta que me muera es cuidar de mi cuerpo. Así que si me alejo de ti, es por mi salud. Si tú no eres capaz de darte cuenta del dolor que yo paso estando contigo, lo mejor es que sea yo quien tome la decisión de separarnos y poner una distancia que necesito por mi salud.

No es más. ¿No te gusta mi forma de ver la situación? Puedes decidir dejar de leer lo que escribo. Nadie está obligado a leer esto.

¿Cuántas veces has aguantado contestaciones desagradables para que la otra persona no se enfade, no te grite, no te desprecie, y quiera seguir siendo amigo/a tuyo?

La incomodidad de la vida

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Existe una expresión social que decimos para saludar a una persona:

“¿Qué tal estás?”

“Bien, bien. ¿Y tú qué tal?”

“También bien”. (Y sonríes y te vas).

Realmente en un gran porcentaje de casos, lo que yo observo no es un interés en saber cómo está la persona, sino en tener una cordialidad socialmente aceptada, para ser majo/a o que parezca que eres majo/a.

¿Qué ocurre cuando a una persona le respondes que estás mal?

Yo he observado 3 comportamientos:

  1. La persona que hace como que no importa lo que te pasa y, te empieza a dar ejemplos para que estés bien. Todo va a estar bien. Todo va a salir bien.
  2. La persona que te hunde más en la miseria sin ningún tipo de empatía ni filtro en lo que dice. Pesimistas que echan encima de ti más carga de negatividad.
  3. La persona que es realista con la situación, te escucha, y te acompaña, sin querer cambiar nada, solo está ahí contigo. Una persona que te dice “no estás sola/o”.

Observo que todos/a vivimos momentos en nuestras vidas que son incómodos, que no nos gustan. Esos momentos donde sientes angustia, el estómago se cierra, pierdes el apetido, o te lo comes todo por ansiedad. Y al hablarlo con otras personas, según cómo sea la otra persona, quizás no está preparada para gestionar toda esa incomodidad.

Y para mí es un acto de madurez aprender a gestionar la incomodidad.

¿Yó cómo he aprendido a gestionarla?

Primero, permitiéndome sentir todo lo que siento ante esa incomodidad.

Segundo, no sintiéndome culpable porque otros se sientan incómodos con mi incomodidad. Si no te gusta estar cerca de mí en este momento, aléjate. Bastante tengo con gestionar mi incomodidad como para tener que gestionar la incomodidad que ahora tú sientes por mí.

Tercero, darme tiempo para asimilar lo que está pasando. Da igual que lo razone y use toda mi lógica. Hay otros temas que se tienen que colocar y que no tienen que ver con la lógica. El tiempo ayuda a colocar lo que tu cabeza no es capaz de colocar con su lógica.

Por último, aceptar que he hecho todo lo que he sabido y he podido en ese momento y, con los medios que tenía a mi alcance. Habrá cosas que se hayan quedado sin hacer. Habrá personas dando decenas de consejos que no son para ti. Pasa de ellos.

Como todo, solo sabe sobre la incomodidad quien la ha vivido.

No soy tu gran proyecto ni tu mejor inversión

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¿En alguna ocasión alguna persona os ha dicho “eres mi gran proyecto” o “eres mi mejor inversión”?

A mí sí me lo han dicho y me he enfurecido bastante.

Yo no soy propiedad de nadie.

Yo no soy el proyecto de nadie.

Yo no soy el activo financiero sobre el que invertir para rentabilizar tus ganancias.

Me molesta bastante este tipo de comentarios. Suelen ir seguidos de una manipulación emocional para tenerme engachada a esa persona para lo que le interesa o conviene.

No sé por qué, algunas personas adoptan unos roles conmigo paternalistas o maternalistas, como si se autonombrasen mis consejeros y tuviesen que decirme qué tengo que hacer con mi vida o qué dirección seguir.

Me molesta que me digan qué tengo que hacer con mi vida.

Me molesta que me impongan su dirección, porque yo ya sé qué dirección coger. No tengo por qué decirte a dónde voy.

Me molesta que me pidan explicaciones de mi vida privada.

Me molesta que se entrometan en mi vida con preguntas impertinentes.

Si no te respondo, no insistas con tus preguntas. Estoy tratando de ser educada en lugar de mandarte al infierno.

Algunas personas solo respetan mis límites cuando me pongo de mala leche, me enfado y digo las cosas a malas. ¿Es que solo entienden la violencia?

No me importa lo que sabes, sino quién eres

Hace 6 años tuve la invitación para embarcarme en el mayor reto de mi vida en Brasil. No puedo evitar emocionarme cada vez que hablo sobre lo que viví allí. No me gusta escribir palabrotas, pero fue la hostia.

La persona que me reconoció me dijo:

“No me importa lo que sabes hacer sino quién eres. Sé cómo eres y te buscarás la vida para sacar este proyecto adelante. Sé cómo trabajas. Sé lo que has hecho en tu vida. Sé tu compromiso y las ganas que le pones a lo que haces. Lo que no sepas, lo aprenderás por el camino”.

Son pocas las personas que me han reconocido de verdad en mi vida por quien soy.

Habitualmente me realizan un interrogatorio para ponerme a prueba, para ver si paso el examen, y saber si soy válida o no en función de mis logros, títulos, certificaciones, etc. Todo papeles externos que acrediten objetivamente que soy válida y merecedora de una oportunidad. Rechazo tras rechazo. Un lastre para mí. Mandaría al infierno a estas personas, pero me callo realizando un ejercicio de inteligencia emocional, buenas formas, y … ¿para qué perder el tiempo con estas personas?

¿Esto cómo lo demuestras científicamente? No tengo forma de demostrarlo.

¿Esto en qué te basas para afirmarlo? Lo he probado y ha funcionado para mí.

¿Esto por qué lo haces así si se podría hacer de esta otra forma? No sé hacerlo de esa otra forma. O para hacerlo de esa otra forma no tengo los recursos disponibles ni personas que me acompañen. Si no te unes a construir conmigo, deja de decirme cómo hacerlo. O te sumas, o te quitas del medio.

Yo empiezo el camino y por el camino voy aprendiendo los siguientes pasos. No sé contarte el camino completo porque no lo sé. Solo siento una pulsión de hacia dónde ir, pero no sé lo que hay al final.

Sé que me importan las personas.

Sé que me importa que cada persona sepa mirarse así misma con amor y respeto.

Sé que en demasiadas ocasiones he mirado dentro de mí con los ojos de los demás, con sus juicios, y pocas, me he mirado con mis propios ojos.

Conviviendo con la ira

Después de un desagradable episodio de ira con una persona, me he observado cómo se repite este patrón a lo largo de mi vida con diferentes personas.

¿Qué provocó este estado de ira en mí?

Recibir el desprecio de una persona de quien no esperaba recibir este comportamiento. Harta de haberlo recibido en otras ocasiones y no haber sabido cómo responder, haberme callado cuando lo que quería era mandar al infierno a esta persona, estallé en una explosión de ira donde no me callé.

Después de lo humillada que me sentía, pasé a sentirme culpable por mi reacción y, sobre todo, por el estado emocional desgastante en el que yo me había quedado. Me disculpé con la persona, y no tuve respuesta por parte de ella. Pero yo me sentí mucho mejor.

Con todos los libros que tengo, fui a revisar uno que no había leído. Un libro que me regaló mi hermano. Revisando este libro me han resultado curiosas ciertas serendipias:

  • Editado el 1985, el mismo año que nací.
  • Editado en León, como el arquetipo de animal de mi configuración cognitiva de mi diseño humano.

Este libro se llama “Encontrando un camino: Introducción a una terapia de autoayuda” de Alex Howard. Abrí el libro, y la página por donde abrí hablaba sobre “hacer valer tus derechos y la ira”. No pude evitar sonreír al ver esta serendipia. Me puse a leer y encontré algunas reflexiones que me ayudaron a poner orden cómo me sentía, y los patrones de ira que se repiten en mi vida:

  • Me enfado conmigo mismo porque no me siento satisfecho de la forma en que traté a la otra persona.
  • Me enfado conmigo mismo porque me sentí herido por sus comentarios.
  • Me enfado porque no logré decir, clara y sencillamente, lo que quería.
  • Me enfado porque me dejé llevar por los deseos del otro como resultado de mi propia inseguridad.

Cuantas más formas puede encontrar la persona de expresarse abierta y sinceramente, y de aceptarse a sí misma tal y como es, menos necesidad tiene de enfadarse.

La dificultad está en encontrar formas de descargar la ira sin usarla como arma para herir o manipular a los otros como, por ejemplo, yo te “golpeo” con mis emociones, te engancho, te manipulo, te desarmo o te hago perder tu equilibrio a través de ellas. Ensayando un sinfín de estratagemas para hacerte sentir incómodo, necio y con ganas de castigarte, todo con la esperanza de conseguir que hagas lo que yo quiero.

Y después de este repaso, fui a por otro libro, de una de las personas que, desde mi punto de vista, es la mejor profesional que conozco en temas de asertividad, Olga Castanyer. El libro se llama “Aplicaciones de la Asertividad”. En 2010 compré otro de sus libros, “La asertividad, expresión de una sana autoestima”, que repasaré estos días también, porque parece que se me ha olvidado lo que aprendí en su día. Olga habla de los tres perfiles de asertividad:

  • Agresividad.
  • Asertividad.
  • Sumisión.

En el capítulo 4 del libro “Aplicaciones de la Asertividad”, habla sobre “Cómo reaccionar ante una agresión verbal”. Explica que, por muy asertivos que seamos y muy elegantemente que hayamos aprendido a decir las cosas que puedan molestarnos, nunca podremos evitar que algunas personas y en algunas situaciones nos agredan verbalmente o aún más, que intenten someternos a burla o desprecio.

Hay personas que buscan en todo momento dejar claro que son más inteligentes, rápidas, o eficientes, a base de hacer que los demás se sientan inferiores. La mayoría de las veces, un desprecio o una burla son más una forma de buscar notoriedad que un deseo de dañar al otro.

Si la otra persona tiene necesidad de sentirse reconocida no vamos a permitir que sea a nuestra costa. Las herramientas no nos van a ayudar a cambiar a la persona, pero sí a ponerle límites y no permitir que nos utilice para sentirse mejor.

Algunas de las respuestas que nos propone Olga para memorizarlas y ponerlas en práctica ante desprecios, son por ejemplo:

  • No seas despreciativo.
  • Me estás faltando al respeto.
  • Así no te sigo escuchando.
  • Así no hablo contigo.

Y cortar la conversación.

También nos propone formular algunas preguntas sobre el desprecio que hemos recibido:

  • ¿Por qué se supone que no entiendo de estas cosas?
  • ¿Por qué no te vale la pena perder el tiempo conmigo?
  • ¿Qué es lo que te decías?

Revisando a nivel profundo mi diseño humano, revisando la caja planetaria (herramienta 64Keys) y la configuración que aparece en el planeta Júpiter, en la parte inconsciente, aparece una lección importante:

  • Puerta 58: Alegría. El insaciable impulso de satisfacer el deseo de una alegría de vivir sin cargas y una vitalidad ligera. El potencial de la puerta es la alegría de vivir.
  • Línea 5: Protección. La protección contra estímulos provocativos.
  • Potencial de la línea: El poder de protegerse contra los estímulos, sin importar lo tentadores que sean.
  • Sombra de la línea: Los estímulos discutibles se aceptan sin protección, sin embargo, sin rendirse a ellos.

Es posible que necesite repasar apuntes sobre gestión de conflictos y sobre el libro de “Comunicación no Violenta”, de Marshall Rosenberg.

Quizás la parte más complicada de este aprendizaje es aceptar la decepción de haber esperado algo de una persona que no existe, de un ideal de esa persona creado por mi mente. Y aceptar la existencia de esa otra persona que me desprecia. Aprender a decir un NO rotundo a este tipo de comportamientos y mantenerte alejada de este tipo de personas.

Vivir tu compasión consciente

Ser una persona compasiva no quiere decir ir dando abrazos a todo el mundo ni queriendo a todo el mundo. Sino saber poder límites. Esta es mi forma de vivir mi compasión hacia mí misma y hacia los demás.

Percibo muchas cosas cuando tengo a una persona delante mío. Incluso cosas sobre las que la propia persona no es consciente. Ser compasiva no quiere decir que tenga que decir a la persona todo lo que percibo, tampoco significa ponerme en modo “te voy a poner en tu sitio”. ¿En qué sitio? Como si fuese yo una justiciera.

Tampoco se trata de herir despiadadamente a la persona sacando la crueldad más dura que la vida te ha enseñado. La crueldad no sirve para nada salvo para seguir alimentando el dolor de dos personas que no se reconocen entre sí. Lo más inteligente que puedes hacer es poner distancia con las personas que no te respetan. Limitar el contacto con ellas a lo mínimo indispensable. Y si puedes, dejar de verlas.

Todos somos amigos hasta que dejamos de serlo.

A veces pienso que la mejor forma de hablar con una persona es siendo objetiva. Lo que ocurre que cuando hago la lista de hechos, la persona siente como puñaladas cada uno de esos hechos. La persona se rebota, se enfada y me la tiene jurada para vengarse de mí.

Así que la mayoría de las veces, la mejor estrategia es callarme, y poner distancia con la persona. Y dejar que el silencio haga su trabajo. Es mucho más efectivo de lo que puedas pensar.