Vivir mi cruz (parte 10)

Photo by Thomas Drouault on Unsplash

Ser responsable de un equipo supone tomar decisiones, en muchas ocasiones con bastante nivel de incertidumbre. Y después, asumir las consecuencias de esas decisiones y tomar nuevas decisiones sobre los resultados.

En Brasil, en un momento dado del desarrollo del proyecto, tuve que tomar la decisión de promocionar a unas personas a un puesto de supervisión de equipos. Una de las personas tuve muchas dudas si se adaptaría o no al puesto y si sería capaz o no de desarrollar las habilidades que yo veía que no tenía. En base a la información que tenía en ese momento, tome la decisión de promocionarla. De todo el equipo, consideré que era la persona más adecuada.

Con el paso del tiempo, a medida que ese nuevo puesto se concretaba en la forma que necesitaba que trabajase, ya empecé a ver las carencias de una de las personas. Hablé muchísimas veces con esta persona. El propio equipo me buscaba para hablar conmigo sobre el trabajo de supervisión deficiente que realizaba.

Hablé con ambas partes por separado. Traté de formar yo a la persona que desempeñaba el trabajo de supervisión. Defendí a esta persona en muchas situaciones. Tuve discusiones muy serias con otros departamentos que criticaban el trabajo y competencia de esta persona. Aun así, era una persona de mi equipo, y luché por ella hasta donde pude.

Recordé el libro de “La Meta: Un proceso de mejora continua” de Eliyahu M. Goldratt, que en 2010 mi hermana me había recomendado. Me había equivocado en mi decisión.

Llegó un momento que los hechos hablaban por sí mismos. Esta persona no se adaptaba al puesto. Llevaba ya un año tratando que funcionase, pero no lo logré. Asique, busqué una formación externa en liderazgo y gestión de equipos, con la esperanza que pudiese capacitar a esta persona en las habilidades que no tenía. Soy peleona hasta el final y propuse esta opción.

Después de recibir la formación, pasaron los meses, y seguía sin funcionar. Propuse que esta persona estuviese en otro puesto, en otro departamento, un trabajo donde no tuviese que gestionar un equipo. Pero no hubo ninguna vacante.

Tampoco vi ningún esfuerzo por RRHH ni los responsables de otros departamentos por buscar o crear esa vacante. Esta persona tenía unas habilidades y, sobre todo, valores muy buenos para trabajar con ella. Yo sabía que podía hacer otros trabajos. Pero esa decisión ya no dependía de mí. Me dio mucha pena y rabia, pero esta persona finalmente fue despedida.

¿Cuáles han sido las decisiones más complicadas que has tenido que tomar con tu equipo?

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2 comentarios en “Vivir mi cruz (parte 10)

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