No hables de tu competencia, habla de ti

Hace 10 años, un comercial bastante bueno en su trabajo me dijo: “cuando vayas a visitar a un cliente nunca hables mal de tu competencia, háblales de lo que tú ofreces”.

En la época de consultora de negocio, en el área de seguridad de la información, tuve que hacer muchos análisis de mercado. Análisis donde evaluaba cuáles eran nuestros competidores, qué tendencias tecnológicas había. Estaba suscrita a diferentes revistas del sector. Revisaba decenas de informes como los de Gartner ®, y asistía a eventos donde, diferentes ponentes explicaban las herramientas y sus funcionalidades más novedosas.

Mi responsable me explicó que lo que hacíamos en nuestro trabajo como consultores tecnológicos era integrar diferentes herramientas y convertirlas en un paquete que llamábamos “solución” para un problema que el cliente tenía.

Necesitábamos conocer bien el mercado donde nos movíamos. Probábamos y evaluábamos las herramientas disponibles. Tratábamos de unirlas de forma sencilla en una solución. Y en paralelo era necesario capacitar al equipo de trabajo en las competencias necesarias para hacer ese trabajo, o bien contratar personas externas que ya tuviesen ese conocimiento.

Aprendí mucho de esta etapa. Estar dentro de una multinacional te espabila. Ahora con perspectiva, me doy cuenta de cuánto aprendí sobre las personas. Y lo complicado que era todo porque no conseguíamos hablar ni relacionarnos entre nosotros de forma efectiva.

¿Qué he aprendido que se me da bien?

Integrar personas. Crear equipos de trabajo. Facilitar su comunicación y el flujo de información entre ellas. Diseñar los caminos más efectivos y eficientes para relacionar a esas personas en su día a día.

¡Eso es imposible!

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  • Rafael Guerra Bejarano más conocido como Guerrita: «Lo que no pue sé no pue sé y ademá es imposible» (lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible)
  • Anónimo: «Lo hicieron, porque no sabían que era imposible».
  • Henry Ford: «Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, estás en lo cierto».
  • Thomas Carlyle: «No digas es imposible, di no lo he intentado todavía».
  • Jorge Luis Borges, poco antes de morir, manifestaba: «Si naciera de nuevo viviría de manera diferente porque he dedicado más del 80% del tiempo a prepararme para problemas que nunca se presentaron»

Creo que estamos mal acostumbrados al uso de la palabra “imposible”. En muchas ocaciones lo que se esconde detrás de esa palabra es una decisión que no queremos tomar. Pienso que todo en esta vida se puede cambiar, salvo la muerte. Muchas personas que han pasado por situaciones en las que temían por su vida, dan un giro radical a la misma, y descubren potenciales que habían olvidado o no se daban cuenta que tenían.

  • ¿Tenemos que esperar a estar cerca de la muerte para decidir cambiar aquello que nos hace infelices?
  • ¿Cuánto tiempo pasamos desgastándonos con problemas?
  • ¿Hemos identificado aquello que nos provoca ese malestar, cansancio, desilusión, amargura, indefensión, tristeza?
  • ¿Qué decisión es necesaria tomar para resolver ese problema?
  • ¿Qué sucederá a corto plazo si tomo la decisión? ¿Estaré triste? ¿Me sentiré perdido?
  • ¿Cómo puedo hacer frente a estos estados de ánimo si tomo la decisión?
  • ¿Y si tomo la decisión a medio o largo plazo?
  • ¿Qué ocurrirá si decido no tomar la decisión?

Tenemos que ser conscientes que no decidir, en sí mismo es una decisión, porque elegimos no hacer nada. Nos pasamos toda la vida eligiendo. Cada elección es una decisión.

Einstein decía que era mucho más importante formular la pregunta que encontrar la respuesta. Una de las técnicas de creatividad popularizada por Edward de Bono consistía en formular provocaciones que en nuestro cerebro desencadenase conexiones para encontrar soluciones a esa provocación.

Aplicado a los negocios, una empresa de tecnología no podía competir en precio y, no sabía cómo poner en valor el desarrollo y servicio técnico que ellos hacían y, que era mejor que la competencia. La provocación que se formularon (lleva tiempo encontrarla) fue: “¿Cómo el servicio más caro del mercado puede ser gratis?” Si la provocación es buena, la contradicción genera en el cerebro un estado incómodo y se pone a buscar sentido a la misma. De este modo se generan ideas y alguna de ellas puede ser la solución.

¿Sigues pensando que lo que quieres hacer es imposible?

No me importa lo que sabes, sino quién eres

Hace 6 años tuve la invitación para embarcarme en el mayor reto de mi vida en Brasil. No puedo evitar emocionarme cada vez que hablo sobre lo que viví allí. No me gusta escribir palabrotas, pero fue la hostia.

La persona que me reconoció me dijo:

“No me importa lo que sabes hacer sino quién eres. Sé cómo eres y te buscarás la vida para sacar este proyecto adelante. Sé cómo trabajas. Sé lo que has hecho en tu vida. Sé tu compromiso y las ganas que le pones a lo que haces. Lo que no sepas, lo aprenderás por el camino”.

Son pocas las personas que me han reconocido de verdad en mi vida por quien soy.

Habitualmente me realizan un interrogatorio para ponerme a prueba, para ver si paso el examen, y saber si soy válida o no en función de mis logros, títulos, certificaciones, etc. Todo papeles externos que acrediten objetivamente que soy válida y merecedora de una oportunidad. Rechazo tras rechazo. Un lastre para mí. Mandaría al infierno a estas personas, pero me callo realizando un ejercicio de inteligencia emocional, buenas formas, y … ¿para qué perder el tiempo con estas personas?

¿Esto cómo lo demuestras científicamente? No tengo forma de demostrarlo.

¿Esto en qué te basas para afirmarlo? Lo he probado y ha funcionado para mí.

¿Esto por qué lo haces así si se podría hacer de esta otra forma? No sé hacerlo de esa otra forma. O para hacerlo de esa otra forma no tengo los recursos disponibles ni personas que me acompañen. Si no te unes a construir conmigo, deja de decirme cómo hacerlo. O te sumas, o te quitas del medio.

Yo empiezo el camino y por el camino voy aprendiendo los siguientes pasos. No sé contarte el camino completo porque no lo sé. Solo siento una pulsión de hacia dónde ir, pero no sé lo que hay al final.

Sé que me importan las personas.

Sé que me importa que cada persona sepa mirarse así misma con amor y respeto.

Sé que en demasiadas ocasiones he mirado dentro de mí con los ojos de los demás, con sus juicios, y pocas, me he mirado con mis propios ojos.

Nivel de calidad de nuestras relaciones

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Transcendencia es una palabra que viene continuamente a mi mente en los últimos días. Algunas personas lo llaman legado. Otras personas hablan de marca personal, o como dice Andrés Pérez Ortega “dejando huella”.

Buscando en mi estantería libros sobre marca personal, encontré un libro que conocí en 2010. El libro se llama “Construye tu sueño” de Luis Huete. Me encanta este libro y la experiencia de este señor.

Conocí la referencia de estos autores por personas que me los recomendaron. Los dos autores me parecen grandes profesionales.

Hubo un tiempo en el que hablaba bastante sobre libros con una persona. Y al observar mi entusiasmo, esta persona me dijo “confundes el contenido con el continente”. Y tenía razón, porque esta persona me engañó con su contenido intelectual que resultó estar contenido en una persona con la que yo no tenía nada que ver, pero que yo idealicé. Me tenía enganchada con su éxito y poder. Quizás un día me perdone a mí misma por haber confiado en esa persona. O tampoco hay nada que perdonar. Si no hubiese pasado por esa experiencia no habría aprendido que no quiero ese tipo de personas en mi vida.

Por eso, cuando leemos un texto es importante hacer un proceso de hermenéutica, donde destilar la esencia del contenido y separarlo de la bibliografía de la persona que escribe.

Que yo sepa, no existe un proceso de hermenéutica de personas. Solo lo he escuchado aplicado a textos. La palabra que expresa la diferencia entre lo que la persona cuenta (su contenido) y lo que hace (el continente) es la coherencia. Cuando cuentas algo que no haces, no hay coherencia y tu mensaje no sirve para nada, salvo para captar ingenuas que te sigan y te alaben como he alabado yo a muchas personas durante mucho tiempo. ¡Dichosa manipulación emocional! Algunas personas son expertas en esto.

Después de estas líneas cargadas de mi amargura bibliográfica, vuelvo al libro de Luis Huete.

En un apartado del libro explica el papel de las relaciones en la construcción de nuestros sueños.

Una parte importante de tu progreso profesional y personal te la juegas en lograr relaciones personales de calidad.

Y aquí hace una clasificación de niveles de calidad de nuestras relaciones que me parece muy útil y práctico. La gran ambición es tener relaciones de más nivel y que duren más tiempo. De peor a mejor, los niveles son:

Nivel 1: Mantienes la relación exclusivamente para recibir lo que deseas. Esperas y exiges que se te quiera, se te repete y que se cumplan tus expectativas. Si sirve a tus propósitos, la relación la mantienes. Si no, no.

Nivel 2: Relación donde esperas reciprocidad. Nunca das más de lo que esperas recibir. Si no hay equidad rompes la relación. Cuentas y calculas lo que das y lo que recibes, y te mueves en el trueque afectivo, del amor comercializado, etc.

Nivel 3: Relación en la que te comprometes a servir las necesidades de otra persona sin esperar nada a cambio. No pides, y lo que te llega, lo recibes con la misma espontaneidad con la que lo das.

Hay un nivel más, donde das sin esperar nada y sin hacer distinciones por el grado de afinidad o de simpatía con la persona.

Una vez más las personas que tengas en tu entorno facilitarán o no que puedas construir tus sueños. Ya me dirás qué sueños vas a construir si las personas de tu entorno mantienen contigo una relación del “yo primero y luego también”. O las personas que llevan la lista de favores que te han hecho para írtelos recordando en cada ocasión y así equilibrar la balanza.

Para mí el ideal sería una reciprocidad espontánea. Y en mi caso para mí sí es importante la afinidad o simpatía con la persona, y su coherencia. Hay personas “con el diente torcido” que cada vez que hablan es para quejarse o aplastarte. Otras que parecen ser amigos/as de todo el mundo, esa fachada de guay permanente, pero luego ponen a parir a las personas en privado.

Tal y como yo lo experimento, en mi caso particular, desde mi forma de observarlo, quizás solo deje un conjunto de experiencias compartidas con un pequeño grupo de personas cercanas y afines. Pequeños sueños o ideales compartidos sobre cómo nos gustaría que fuese el mundo.

Y tú, ¿ya sabes qué dejarás cuando ya no estés?

Una simple intervención quirúrgica

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Parece que una exclienta me ha cogido por fin el puntito y poco a poco va sacando de mí las cositas que quiere.

Me pide que escriba para su blog, “La vida es vivir”, alguna experiencia personal que me haya cambiado la vida y que sirva para otros de ejemplo para el camino de autodescubrimiento.

Le contesté que ya sabía cómo era esto. Que había que esperar a que el campo morfogenético emitiera la frecuencia de resonancia de los protones de mi cuerpo para activar la creatividad y que se expresara mi autoridad externa.

Sí, antes hablaba de quarks, ahora hablo de protones, pues estoy discutiendo conmigo mismo qué hay por debajo del protón. La cosa está entre quarks, preones, osciladores esféricos de Planck formando el éter de toda la vida, una especie de mar infinito a base de fluctuaciones cuánticas, cuerdas, simplemente la virgen de Lourdes o Constantine (gran película no apta para personas sensibles) ahogando al diablo con agua bendita.

Lo que está claro es que todo gira y gira.

Bueno vayamos al grano.

Una operación de hemorroides, aunque presumiblemente poco guay para el mundo New Age o del pensamiento positivo, no deja de ser una experiencia cualquiera que nos puede o no marcar la vida.

A mí desde luego me cambió la vida.

El 15 de marzo de 1993 dejé mi trabajo por cuenta ajena y me lancé a la aventura del emprendimiento. Fue una mezcla entre pulsión kármica transgeneracional y de consciencia proyectora. Estaba trabajando como un generador obsesivo y, bueno, no sé si en este blog entenderán estos términos, pero digamos algo así que dentro de mí hay algo energético que lleva muy mal eso de trabajar como esclavo y, que prefiero seguir mis biorritmos.

Unos meses después, julio 1993 exactamente, en plena efervescencia emprendedora, las venas de mi ano comenzaron a expandirse dando lugar a un dolor de desmayo.

Bueno, me dije, “no problemo”.

Tengo seguro médico, soy un chico valiente, tengo mis contactos para hacerlo rápido y con una breve intervención, las hemorroides se van a “tomar por el culo”.

Esa vanidad de tenerlo todo controlado acabó con el control de mi vida para siempre.

No voy a explicar aquí el proceso de las dos operaciones seguidas que me hicieron para intentar arreglar el problema, pues lo dejo para el anecdotario en el aura. Simplemente, que un chico tan grande como yo se quedó con un ano técnicamente estenosado o vulgarmente chiquitito como el de un niño pequeño.

Allí comenzó un calvario que condicionó toda mi vida posterior.

Podría describir los dolores y sangrados diarios, los problemas de anorexia y de bulimia, las subidas y bajadas de peso en breve tiempo, la hipocondría, los ataques de ansiedad y de pánico o la hernia umbilical que surgió unos años después como consecuencia de un esfuerzo.

Hernia que condicionó toda mi vida física y psíquica y que no fui capaz de operarla hasta después de un nodo lunar (18,5 años) ante mi terror, puro síndrome de estrés postraumático.

Es como una especie de muerte en vida o, al menos, así lo viví yo.

Pero claro, como dice el título del blog de Novillo, la vida es vivir. Ella quiere vivir para aprender cosas, pero las cosas se aprenden, básicamente experimentando. Y cada uno experimentamos cosas distintas y las integramos desde perspectivas distintas.

Y esa es la primera enseñanza en el camino del autodescubrimiento. El mosaico de experiencias y de perspectivas distintas que suceden pueden servir de ejemplo para algunos, pero no servirán para nada para otros. Quizá tú hubieras vivido mi operación de hemorroides de manera distinta y contarías otra vida diferente.

Es un proceso de aceptación de la diferencia para alcanzar nuestra individuación y, desde ahí encontrar nuestro sitio y nuestra gente correcta. Aquellos que de alguna manera pertenecemos al mismo fractal y que, por un proceso de resonancia, avanzamos juntos en nuestro camino evolutivo.

La segunda enseñanza básica que he aprendido en mi camino es que la vanidad de que nuestras experiencias se consideren un ejemplo arquetípico para los demás, la vanidad de considerarte un avatar elegido para la gloria es sólo eso, vanidad. Eso sí, es la base para cualquier modelo de negocio anglosajón con ribetes de Gurú Hindú, Lama Tibetano Budista o Mensajero Apocalíptico.

Es mi perspectiva vivida desde un cuerpo despertado por el dolor. No tiene por qué ser la tuya.

Tercera enseñanza consecuencia del párrafo anterior. No vivas verdades de segunda mano. Como a pepito le ha funcionado bien a mí también. Busca tus verdades escuchando cómo tu cuerpo ha vivido las experiencias.

Y para lograr eso, sólo hay un secreto:

Cuida tu cuerpo… es la base para que tu personalidad pueda aprender de manera cognitivamente óptima de las experiencias de la vida.

Gracias María por la invitación.

Un abrazo kósmico.

(c) Alf Gauna, 2020

Esta entrada ha sido escrita de forma desinteresada por Alf Gauna, profesional en el arte de acompañar procesos de apertura o despabilamiento de la consciencia, para que dejes de buscar y comiences a encontrar.

Competencia desleal

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¿Por qué hay sectores de trabajo donde cuando abandonas la organización o te despiden no puedes trabajar en el mismo sector durante un periodo de tiempo?

Yo entiendo que es por la competencia desleal. Prácticas como quitar los clientes, oportunidades, desvelar información estratégica, etc. Aprovechar de forma deshonesta información de la organización para obtener ventaja competitiva en ese sector.

Me he estado informando sobre este tema, porque creo que es importante. Está regulado por la ley. Como de este tema yo no sé, he buscado información de los abogados que sí saben sobre esto.

He encontrado información en la Asociación para el Progreso de la Dirección, conocida por su abreviatura APD: ¿Qué es la competencia desleal y cuáles son los aspectos más importantes?.

Me ha resultado interesante el test que te proponen realizar para saber cómo está la salud competitiva de tu organización, en 4 ámbitos:

  • Estrategia.
  • Riesgos.
  • Organización.
  • Gestión.

Recientemente han publicado el Manifiesto APD por la Recuperación Económica y Social de España. Me gustaría saber qué proyectos se van a poner en marcha para concretar en la práctica esa visión.

También he recordado otro interesante artículo escribo por Luis Mª Benito Cerezo, sobre otros temas importantes también que afectan a la “competitividad con juego limpio”: Plagio e inspiración, una frontera difusa.

Mi estilo de trabajo es cooperativo y colaborativo. Si tu estilo es competitivo, estos temas creo que son importantes conocerlos. Si quieres crear un proyecto empresarial, necesitas conocer el entorno en el que te mueves.