Los nuevos líderes

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Llevo más de 10 años formándome con libros, cursos, tallers, etc., en cómo ser una buena líder. Mucho de este conocimiento me ha servido de gran ayuda. Algunos de los aprendizajes los he podido aplicar. Otros no. Las recetas de consejos no sirven siempre. Más bien, sirven como una mochila de recursos que aplicas por separado, o sobre las que haces adaptaciones y creas otras herramientas propias.

Los libros están bien, sí, aunque han sido las experiencias vividas a lo largo de estos años las que me han enseñado de verdad.

Echando la vista atrás, veo una líder que ha ido evolucionando, quitándose capas, y dando forma a un estilo propio. Un ejemplo de vida vivida según mis propias decisiones.

Yo diría que este estilo se basa en:

  • Respetar el tiempo, independencia y capacidades de cada persona.
  • ​Todos tenemos algo único que aportar. Reconocer ese valor y hacérselo saber a la otra persona.
  • Dejar de imponer.
  • Observar, y dejar que la propia persona cree su trabajo. Si no sabe, puedes orientarle, explicarle tus experiencias, o buscar una formación externa que pueda formarle.
  • Soltar el control sobre las personas, nadie debería controlar a otra persona.
  • Confiar en mi intuición.
  • Aportar mis enseñanzas solo con quien las respeta, reconoce y valora.

Todos tenemos un valor que aportar. Solo necesitamos querer descubrirlo.

El método de Alf Gauna

Espero poder leer un día este libro, usar este software o asistir a este curso, “el método de Alf Gauna“. Hasta donde mi conocimiento llega, no hay ningún libro publicado con este nombre. Es posible que la vida, la existencia, no lo haya permitido hasta ahora. Y la verdad es que me parece una gran injusticia, porque esta persona realmente es un genio, un maestro zen, un visionario.

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Primeros pasos observando la existencia

Hasta el día de hoy he aprendido que la cosmología, entre otros temas, estudia las relaciones que existen entre el desarrollo del universo y el desarrollo de la consciencia del ser humano como especie en la Tierra. Eso es lo que yo he aprendido. Haciendo registros de lo que me pasa cada día, voy observando ciclos. ¿Qué apunto? Por ejemplo: si me duele alguna parte del cuerpo, si estoy enferma, si estoy animada, triste, tensa, sin ninguna emoción, si escucho ruidos, pitidos o interferencias en los oídos, si puedo o no dormir, si estoy cansada, etc. Cada uno registra lo que entiende que puede ser importante. Yo registro qué siento en el cuerpo.

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¿Y a ti qué te apasiona? Enseñar a los demás

Cuando las personas me preguntan qué he estudiado y les digo que Ciencias Matemáticas, me solían decir que en qué trabaja una matemática aparte de dar clases de matemáticas.

Ahora los matemáticos/as estamos de moda, con todos los temas de análisis de millares o millores de datos, para crear algoritmos que detecten patrones de comportamiento, y poder usar esos patrones. Los patrones ayudan a crear grupos con características comunes. De esta forma, trabajas con un número mucho menor de datos.

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¿Cómo vives tu día cuando te levantas con el pie izquierdo?

He leído en gran cantidad de libros que tu actitud cambia tu realidad. Y yo he experimentado que a veces sí y a veces no. Por muy positiva que yo tratase de ser, mi cuerpo seguía sintiéndose mal.

¿Qué significa que el cuerpo se sigue sintiendo mal?
Por ejemplo, que la contractura del cuello sigue donde estaba. La fascitis plantar sigue doliendo. La mandíbula sigue tensa. La garganta sigue con un nudo de angustia. Y el pecho pues a veces duele.

Ante este panorama voy yo con toda mi mejor intención de ser positiva y resulta que no aparece el positivismo por ningún lado. Sino que el día aparece amargo, triste, desde el primer minuto del día.

Y claro, yo tengo que seguir con mi rutina. No tengo como decir “oye, existencia, para un momentito que no consigo seguir con mi rutina con todo este malestar”. No, no hay un botón donde parar todo.

Y cada pocas semanas, en mi caso, aparecen estos ciclos de malestar. Se van acumulando unos malestares con otros hasta generar un estado de agotamiento bastante insoportable.

Y un día, pues sin saber muy bien por qué, el día amanece estable. Tranquilo. El cuerpo no duele. No molesta. Solo hay serenidad. Y trato de aprovechar ese sentir hasta que llegue la próxima ola de malestar.

Mi forma de convivir con ello es solo ser capaz de observar la incomodidad sin desquiciarme porque esté ahí. Y en un verdadero acto de fe digo “ya pasará, igual que se ha pasado otras veces”.

Estoy hablando de malestares generados por un origen incierto, incosciente. O por situaciones, que aún siendo consciente de ellas, no puedo hacer nada, salvo convivir con ellas de la forma más saludable posible. Asuntos que están fuera de mi control. Sobre lo que tengo capacidad de acción, ejecuto la acción y fin del malestar.

Un gran aprendizaje que a mí me funciona es practicar el sonido sanador para sacar la tristeza de los pulmones. Repetirlo 3, 6, 9, etc. múltiplos de 3. Lo repites hasta que estés tranquilo/a. Esto no me garantiza despertarme por la mañana tranquila, pero al menos sí descanso durante la noche.