Tú no eres nadie

Photo by Mark Eder on Unsplash

En 2011 estaba pasando un momento profesional muy complicado. En mi biografía, según la antroposofía, se estaba produciendo un final de ciclo, un final de un septenio. Pero eso lo sé ahora. En aquel momento no lo sabía. Solo sentía una profunda insatisfacción y amargura por mi situación, sin saber cómo salir del trabajo donde estaba, con un jefe completamente incompetente que me hacía la vida imposible y que tenía que aguantar o irme.

A través de una persona que conocía, me puso en contacto con una importante directiva internacional. Una mujer de poder, influencia, con su propia empresa, con una red de contactos grandísima. Quedamos a comer y le conté un poco sobre mi situación y que estaba buscando otras oportunidades laborales.

Ella me dijo “tú no eres nadie” para que te contraten. Me sentó bastante mal esto que me dijo. Tiempo después aprendí cómo funcionaba el mundo de los negocios donde esta persona se movía. Yo no era nadie porque:

  • Yo no tenía contactos influyentes.
  • Yo no tenía contactos en el gobierno.
  • Yo no tenía amigos en empresas a los que pedir favores para que me comprasen.
  • Yo no tenía dinero.
  • Yo no tenía posesiones.
  • Yo no tenía un círculo de poder que generase influencia en la sociedad.

En resumen, yo no tenía nada que a las personas de poder del mundo de los negocios les interesase para sacar provecho. Yo solo era yo. Una persona determinada, trabajadora, con ganas de hacer cosas, con ganas de aprender, con ilusión, y también con una formación contínua, no paraba de estudiar y formarme.

Había estado un año y medio de beca en la empresa trabajando como cualquier otra persona contratada pero con un sueldo ínfimo, demostrando todo lo que podía hacer. Y aprendí que daba igual cuánto me mostrase, cuánto compartiese, cuánto enseñase a los demás lo que yo sabía, cuántos cursos hiciese, cuántas cosas crease, porque no me veían, porque para ellos yo no era nadie. Solo era mano de obra, fuerza bruta que explotar para ellos conseguir su propio éxito, yo era un número más.

Así que, con el tiempo, me di cuenta que no quería entrar en esos juegos de poder, muchas veces deshonestos, sin ética profesional.

Y cambiar mi perspectiva me costó bastante tiempo, bastantes años. Salir de esa lucha por demostrar lo que valgo para que me vean. Ahora sí sé quién soy y el valor que tengo. Algunos me verán y otros no. Y los que no me vean, simplemente necesito ignorarlos, que sigan su vida y yo la mía.

Muchas personas han ganado bastante dinero destrozando la auto-estima de otros. No dejes que te pisoteen. Ánclate, como las anclas de PNL. Recuerda el cuento sefardí “el verdadero valor del anillo” recopilado por Jorge Bucay en su libro “déjame que te cuente”.  Lo más importante es que no dejes que te valoren personas que no saben quién eres. Quizás solo tú sepas quién eres y debes dejar de esperar el reconocimiento de los demás.

¿Cómo te afecta lo que los demás piensan de ti? ¿Son personas que realmente saben quién eres? ¿Por qué les das el poder de afectarte?

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