Vivir mi cruz (parte 9)

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¡El mapa no es el territorio! Esta es una de las afirmaciones más importantes que aprendí en la práctica durante mi estancia en Brasil. Tenía que organizar la operación de un servicio donde tenía que visualizar dónde estaban los problemas y dónde estaban los recursos y personas que los resolverían.

Aprendí a utilizar sola Google Maps para crear mis mapas de trabajo y del equipo. Clasificaba los problemas y los priorizaba en diferentes capas que cargaba en Google Maps con hojas de cálculo. Geo posicionaba los problemas. Y luego geo posicionaba las personas que podían resolverlos. La visualización espacial era esencial para reducir el tiempo y coste de las decisiones que tomábamos.

Para facilitar la toma de decisiones sobre las personas necesarias en la operación de campo, tuve que investigar cuáles eran los medios de transporte accesibles para que las personas llegasen hasta donde estaban los problemas que teníamos que resolver. Aprender dónde había:

  • Aeropuertos internacionales y locales. Frecuencia y coste de vuelos.
  • Líneas de autobuses. Frecuencia y coste de autobuses.
  • Empresas de alquiler de vehículos. Horarios, tipos de vehículos, tasas.
  • Ferry/barcos. Frecuencia y coste.
  • Carreteras principales.
  • Carreteras secundarias.
  • Caminos.

Y la seguridad para circular por estas vías. Había zonas donde era peligroso transitar por la tarde-noche. Había zonas donde no había puestos de repostaje en muchos kilómetros, ni talleres de reparación. Además, había zonas donde te quedabas incomunicado/a sin teléfono y sin internet. Había incluso zonas donde el servicio de Correos no entregaba paquetes por la inseguridad de la zona.

Los medios de transporte disponibles son esenciales para calculas los costes de un contrato de servicio (SLA).

¿Cómo te has adaptado a un entorno diferente a lo que te habían contado?

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Vivir mi cruz (parte 8)

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En los primeros 15 días trabajando con el equipo que me habían asignado en Brasil, me di cuenta de los canales de comunicación ocultos que controlaban al equipo. Daba igual que fuese mi equipo, porque realmente no lo era. Lo controlaba otras personas que tenían los teléfonos y los emails de mi equipo, y les pedían que ejecutasen ciertos trabajos sin que yo lo supiese.

También había una relación personal entre dos personas que complicaba bastante la situación. Tuve una conversación muy seria con ellos/as explicando que me daba igual la relación que tuviesen entre ellos/as pero que no quería que eso afectase al trabajo, y estaba afectando. Se quedaron a cuadros cuando les dije esto porque pensaban que yo no me enteraba de estas cosas.

Me fui dando cuenta porque yo organizaba el trabajo, lo priorizaba, lo asignaba, y cuando luego hablaba con la gente para ver qué tal llevaban el trabajo, me decían que estaban haciendo otras cosas. Entonces yo preguntaba qué eran esas otras cosas que estaban haciendo y quién se las había mandado.

Y empezaban a aparecer esas otras personas que controlaban al equipo a mis espaldas. Fue complicado cortar estos comportamientos. Las personas que mandaban ese trabajo tenían bastante poder e influencia en la organización. Necesitaba crear nuevos canales de comunicación con el equipo y conseguir que confiasen en mí.

Tampoco podía cortar de forma radical los canales con esas otras personas de la organización, porque crearía un problema político con ellos/as, sino más bien estar enterada de esas necesidades y que las canalizasen a través de mí. Aunque inicialmente yo fuese un cuello de botella, yo necesitaba entender esas necesidades, porque algunas no tenían sentido, o no eran de nuestra responsabilidad. Luego ya vería cómo canalizaba con el equipo las peticiones para dejar de ser yo un cuello de botella.

Esta parte fue complicada. Porque yo era una extraña. El tiempo fue poniendo las cosas en su sitio y tuve que cambiar prácticamente a casi todo el equipo y contratar personas nuevas. Personas que entrasen de nuevas en mi forma de organizar al equipo.

Luego había personas con doble cara. Delante de mí mostraban una forma de comportarse y por detrás, en la sombra, actuaban de otra, y hablaban con otras personas de la organización, ejecutando trabajo que yo no había mandado que hiciesen. Y a pesar que había hablado con el equipo sobre este tema, seguían haciendo lo que querían. De cara me decían que “sí” pero luego hacían lo que querían.

Me di cuenta que a veces tienes que renovar el equipo para crear un proyecto nuevo. Las dinámicas ya implantadas, las costumbres, y en definitiva la cultura de la organización, es muy complicada cambiarla. En mi caso, conseguí crear algo nuevo cuando tuve un equipo nuevo.

¿Cuáles son los canales de comunicación que usas con tu equipo y con otros departamentos para poner orden en el caos?

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Vivir mi cruz (parte 7)

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Durante la creación del equipo que trabajó conmigo en Brasil, tuve que tomar decisiones sobre quién realizaría nuevas tareas que iban surgiendo a medida que la operación rodaba. Algunas de estas tareas implicaban nuevas responsabilidades y la interacción con otros departamentos.

En una ocasión, confié en una persona del equipo, que en base al trabajo que había hecho hasta el momento, me parecía una persona responsable para asumir una de estas nuevas responsabilidades, interaccionando con un departamento que nos solía causar bastantes problemas en el día a día.

Esta persona empezó a ejercer un poder que le di, inicialmente con responsabilidad y un buen desempeño. Al poco tiempo esta persona en la que confié se volvió mi enemigo/a. No supo utilizar con responsabilidad el poder que le di y lo que hizo fue dejarme en evidencia ante otro departamento, hablar mal de mí, cuestionar mis decisiones sin argumentos y criticarme, sin hablar en ningún momento conmigo.

Fue el propio equipo quien me avisó de lo que estaba ocurriendo y después lo confirmé yo misma. Ahí fue donde aprendí quiénes formaban un equipo cohesionado, que se auto-regulaba, y que velaba por su supervivencia, y quien estaba ahí de paso.

Me armé de paciencia. Porque lo primero que me salió era despedir a esta persona. Pero me calmé y reflexioné. Había algo que tenía que aprender de esa situación. Hablé en privado con esta persona para explicarle la estructura de la empresa y que, si tenía cualquier dificultad con su trabajo, con quien tenía que hablar era conmigo.

Esta persona me saltaba de forma recurrente y hablaba con mi superior en lugar de hablar conmigo. Le di un plazo de un mes para cambiar su comportamiento. Ahora mismo no recuerdo si llegó al mes, o si fueron un par de semanas, pero tuve que tomar la decisión de quitar esa responsabilidad a esa persona y poner a otra persona.

Esta persona volvió a sus responsabilidades iniciales. Y, aun así, siguió causándome muchos problemas. De nuevo el propio equipo venía a hablar conmigo, me interceptaban en el pasillo o en la cocina del café, para hablar conmigo y pedirme que hiciese algo, porque no podían seguir trabajando con esta persona en el equipo.

Estuve hablando en muchísimas ocasiones con el equipo sobre la situación que todos/as estábamos sufriendo. Me di cuenta de otras personas fuera del equipo que protegían a la persona con la que no podíamos trabajar. Por diferentes circunstancias, aunque solicité el despido de esta persona o su recolocación en otro departamento, si así lo consideraban mis superiores, tuvimos que convivir con esta persona en el equipo durante más de un año.

Finalmente, esta persona fue despedida. Fue mucho tiempo donde el equipo tuvo que aprender a ser asertivo y resiliente, porque esa situación no podíamos cambiarla en el corto plazo. Y el equipo también se hizo más fuerte, y se ayudaba a llevar la situación lo mejor posible.

¿Cuáles han sido los retos más complejos que has tenido que gestionar con tu equipo?

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La crisis de los 40

Como el tiempo no existe, o eso dicen, que es una ilusión, me ha parecido interesante publicar un escrito encontrado entre mis escritos de mayo de 2010. Mi yo del pasado con 25 años hacía unas reflexiones que me han gustado mucho para compartirlas.


Después de tener una interesante conversación en varios días con distintas personas, me he inspirado para escribir lo que pienso sobre la crisis de los 40.

Tengo 25 años y muchos de vosotros pensaréis “¿cómo puede hablar esta chica de algo que no conoce?”. No conoce quien no quiere ver. Me ha pasado con mucha gente que subestima lo que puedo saber o no sobre ciertos temas sólo por mi edad. ¿Acaso tengo que evolucionar al ritmo que me marque el resto? ¿Tengo que hacer o pensar lo que se supone que piensa la gente de mi edad?

¿Crisis de los 40?

¿Por qué esperamos a tener cuarenta años para plantearnos qué queremos hacer en la vida?

¿Tenemos que perder 20 años de nuestra vida hasta darnos cuenta?

¿No merece la pena darle una pensada antes para intentar hacer las cosas bien?

Una persona me dijo “Es que aunque quieras, no las vas a hacer bien”. Esto me dejó un run run en la cabeza y empecé a pensar. ¿Cuando cumples 40 años de repente eres otra persona y ya eres la “leche” y haces todo bien? ¿Acaso hay un mundo paralelo donde cambiamos de vida?

Reflexión de Mª Jesús Álava Reyes:
“Hace poco, comentando la muerte de un conocido, alguien me dijo: “¡Qué pena!, ahora que ya le faltaba tan poco para empezar a vivir” Me callé, pero pensé: ¡Qué pena de vida sin ser vivida!”

No, lo siento, pero no eres otra persona cuando cumples 40 años. ¿No os han preguntado a otro día de tu cumpleaños “cómo te sientes con X años”? ¿Y qué les decís? “Pues igual que ayer”.

Los cambios no se producen de un día para otro. De hecho los cambios se producen a lo largo de los años. Pero para eso hay que tomar conciencia de qué estamos haciendo y a dónde queremos llegar. Haciendo revisiones con frecuencia. ¿Pensaréis qué es esto de las revisiones? Simplemente es dedicarte tiempo, por ejemplo una vez a la semana, para pensar en ti. Nada de trabajo. Nada de problemas de casa. Nada de niños. Nada de pareja. Nada del resto del mundo. Sólo en cómo estás tú. Cómo te sientes. Si estás mejor que hace un mes, un año.

¿Estar mejor respecto a qué? Pues de los objetivos que nos vamos fijando para alcanzar en nuestra vida.

¿Objetivos? Sí, objetivos. Nacen de una ilusión. Algo que nos gustaría conseguir. Hacemos un planteamiento de las posibilidades que tenemos para ponernos en marcha hacia esa ilusión. De todas las alternativas valoramos si hay alguna realista, porque hay ilusiones muy fantasiosas, que pueden hacer que si no estás con los pies en el suelo hagan que te decepciones y que dejes de tener ilusiones, porque total no las voy a conseguir. Después de valorarlas elegimos algunas. Esas algunas son actitudes, ejercicios, trabajos, estudios que nos llevan hacia esa ilusión. Entonces y sólo entonces esas ilusiones se convierten en objetivos.

Haciendo revisiones frecuentes, podemos volver al camino que nos lleva a conseguir nuestros objetivos (esos ejercicios, estudios…) con más o menos facilidad. Pero ¿qué ocurre si pasa mucho tiempo hasta que hacemos esa revisión?

Pensemos en un caso práctico. Los dentistas recomiendan hacerse una revisión una vez al año. Yo sí me la hago !! ¿Y vosotros? Pensad que tenéis una pequeña caries en una muela. Si ha pasado un año desde la última revisión esa caries no ha podido crecer mucho (esto me lo dijo mi dentista que es un estupendo profesional). ¿Qué ocurre si han pasado 3 años desde la última revisión? o más tiempo. Puede que durante años esa caries esté escondidita por debajo de la superficie hasta que un día se te rompe la muela o hasta que se te produce una infección y vas al dentista porque te duele muchísimo.

En el mejor de los casos te regañará un poco por no haber ido en tanto tiempo, conseguirá curar la infección y eliminar la caries con un empaste. Si has aprendido (puede que si lo pasaste mal con el dolor te acuerdes la próxima vez) posiblemente vayas al año siguiente a hacerte una revisión.

En el peor de los casos puede que la infección se te haya extendido a más zonas de la boca, que te haya dañado el nervio, te tengan que matar el nervio, sacar la muela, ponerte una funda… En fin, creo que se aprecia cómo se puede ir complicando la cosa. Y todo por pensar que no tengo tiempo para perderlo en ir al dentista.

Si esto lo pensamos en la revisión de nuestros objetivos, de nuestro proyecto de vida ¿qué pasa si hace mucho que no hacemos una revisión?

Pues que volver al camino se pueda volver una tarea bastante complicada. Como por ejemplo darnos cuenta que:

  • Hemos estudiado algo que no queremos o no nos gusta.
  • Estamos en un trabajo que odiamos.
  • Tenemos unos amigos que no son amigos.
  • Hemos dejado de lado a la familia.
  • Tenemos conversaciones importantes pendientes con gente que nos importa pero nunca nos hemos planteado tenerlas.
  • Estamos casados con una persona que no nos llena.
  • No disfrutamos de nuestros hijos porque estamos todo el día trabajando.
  • ¿Hobbies? No tenemos hobbies. Nos gusta algo o recordamos que lo hemos hecho alguna vez, pero ya hace mucho que no lo hacemos.
  • Nuestros intereses chocan con los de nuestra pareja.
  • ….

Creo que esta lista puede ir creciendo y creciendo en función de las experiencias de cada uno.

Mucha gente se deja llevar por la espiral de trabajo diario. Del día a día que muchos se repiten constantemente para justificarse. Van encadenando situaciones. Una cosa le lleva a la otra y al final acaban desorientados pensando ¿cómo he llegado yo aquí?.

Gráficamente se ve muy bien en el siguiente gráfico:

Proyecto de Vida

Esta pequeña padawan de 25 años me sorprende mucho. El próximo año 2020, si todo lo permite, cumpliré 35 años. Me sorprende recordar estas reflexiones de hace 10 años.

Parecen “ondas gravitacionales” que se propagan por ese tiempo que no existe y que vuelven a mí en diferentes momentos de mi vida. Y siguen resonando conmigo. Eso que nos mueve. Eso que nos hace emocionarnos. Eso que nos hace sentir que merece seguir adelante por seguir sintiéndote vida.

Recuerdo con 26 años hablar con un buen amigo a quien le comentaba ilusionada con los ojos brillantes y el corazón palpitando, que lo que yo quería hacer en mi vida era ser mentora, compartir mi experiencia de vida con otras personas a quien les pudiese servir de ayuda. Este amigo mío me dijo “creo que vas demasiado rápido, te estás saltando etapas”.

Veremos a ver qué pasa los próximos años.

¿Tú te has planteado qué es lo que quieres hacer en tu vida?

Vivir mi cruz (parte 6)

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En diciembre de 2015 llevaba dos meses organizando y mejorando cómo trabajábamos. Estábamos cada semana más desbordados de trabajo. En diciembre pedí ayuda y expliqué la situación solicitando autorización para poder contratar más personas en el equipo. Mi petición fue rechazada y me dijeron que organizase mejor el trabajo del equipo. Llevaba dos meses haciéndolo, pero dio igual.

El mes de diciembre de 2015 fue un auténtico caos y estrés en el que todos/as sufrimos las consecuencias. Yo casi no puedo venir a España para ver a mi familia, pero en el último momento, pocos días antes de Navidad, me autorizaron venir unos 5 días, creo recordar.

Cuando volví a São Paulo aún me esperaba el reto de enero de 2016. Diciembre había sido solo la antesala del tsunami de trabajo que se nos iba a venir encima. Y así fue. Hacíamos lo que podíamos con los que éramos en el equipo.

Volví a insistir que necesitaba contratar más personas. No fue hasta final de enero 2016 que me escucharon, al ver con sus propios ojos la situación insostenible que teníamos. Aún me quedaba una dura prueba más de resiliencia.

Aunque me habían autorizado poder contratar las personas que pedí para poder aumentar la capacidad de trabajo del equipo, no había ni un lugar libre en la oficina para contratar a nadie. Asique me tocó aguantar dos meses más, hasta marzo de 2016, de presiones diarias, cuestionando mi trabajo y el de mi equipo. Una y otra vez repetía que necesitaba contratar más personas.

Por fin, en marzo de 2016, se liberó espacio en la oficina y pude contratar las personas que necesitaba.

Toda esta presión me pasó factura. Una factura en mi salud bastante grande. Me había roto por dentro. Pedí ayuda a una amiga mía, quien me recomendó una psicóloga y terapeuta holística, quien realmente fue una grandísima ayuda para mí.

Empecé a ir a terapia una vez a la semana. Lo primero era cuidar el cuerpo, que lo tenía bastante enfermo. Casi no dormía, mi alimentación era bastante mala, había tenido dos veces princio de gastritis, había estado en un neurólogo especialista en trastornos del sueño, y mi estado emocional era un continuo estado nervioso con muchísima ansiedad. Me pasaba las sesiones llorando.

Poco a poco, esta terapeuta me ayudó con sus masajes, aromaterapia, reiki y muchas otras herramientas, a estabilizar mi salud. En la terapia fuimos colocando en diferentes “cajas” cuáles eran mis responsabilidades y cuáles eran responsabilidades que yo estaba cargando pero que no eran mías. Yo sentía una losa de una tonelada encima de mis hombros. Tenía bastantes contracturas.

Después de identificar las responsabilidades que no eran mías, me tocó dejar de hacer el trabajo asociado a esas responsabilidades, y dejar evidencia que quien tenía que hacer este trabajo no lo estaba haciendo. Fue muy complicado hacer esto. Tuve que dejar que el trabajo no saliese, que saliese mal o que se estropeasen ciertas cosas. Y aumentó la presión sobre mí, porque claro, no querían que yo dejase de hacer todo ese trabajo que a mí no me tocaba pero que había hecho hasta el momento.

Con la terapeuta estuve trabajando mi auto-estima y mi asertividad. Para mantenerme firme y estable, y hacer respetar mis límites. A veces lo conseguía y a veces no. Fue un trabajo bastante duro.

Me apunté a clases de baile, empecé a dejar de atender el teléfono del trabajo los fines de semana, y poco a poco tener un horario normal de trabajo. Me costó unos tres meses sentirme bien de nuevo.

¿Cómo te has enfrentado a situaciones de estrés máximo donde tu salud se ha visto afectada? ¿Cómo has establecido tus límites?

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La odisea de tomar requisitos incompletos

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Necesito instalar en el grifo de la cocina un filtro de una máquina. Y en la compra, nadie me dijo que el tipo de paso de rosca del grifo, la forma del grifo y el diámetro del grifo, eran requisitos importantes para saber si el filtro se puede instalar o no.

Aquí es donde ves la guerra entre la parte técnica y la parte comercial de una empresa. El equipo comercial, en su argumento de venta, sabe que la máquina viene con un conjunto de adaptadores internacionales, y que no tendrás problemas para adaptar alguno de ellos a tu grifo.

Pero la parte técnica explica en un pie de página de las instrucciones, en mini letra pequeña, que hay 4 tipos de grifos que no son compatibles, indicando sobre uno de ellos, que el diámetro mínimo compatible es de 22mm. ¡Qué mala suerte, que el mío es de 18mm! Más o menos, porque no tengo un calibre para medirlo.

Después de mi reclamación al equipo comercial, seguro que empiezan las culpas entre ellos para ver quién tiene razón. Pero eso a mí, como cliente, me da igual. Tengo un problema que ahora soy yo quien tiene que resolver.

¿Os suena esto de algo? Creo que más de uno/a estará sonriendo o riéndose reviviendo estos conflictos durante su vida.

Entonces pienso, “no dramatices, que es un grifo, esto seguro que hay un adaptador que puedo comprar en la ferretería o tienda de fontanería y listo”. Para mi sorpresa, después de 2 horas yendo a unas 7 tiendas, en ninguna tienen este adaptador. De hecho, ya empiezo a escuchar cosa que no me gustan:

  • “Buff, este grifo no es estándar, es muy pequeño, es de los antiguos, dan muchos problemas”.
  • “Uy, no tenemos nada de esto, esto te va a costar mucho encontrarlo”.

Solo en uno de los locales, la persona se apuntó las medidas, y me dijo que me pasase la semana que viene, porque iba a preguntar a sus proveedores. El resto de personas no hizo absolutamente nada por solucionar mi problema. En situaciones como estas, te das cuenta de las personas que realmente tienen un negocio y atienden necesidades, buscan soluciones, y los que simplemente tienen una tienda.

Mi investigación no se quedó ahí. Aún no había resuelto mi problema. Fui a otra tienda súper especializada, y me dicen, “este grifo es que es muy pequeño, y además usa un tipo de rosca americana y nosotros usamos rosca calor”.

Todo esto a mí se suena a chino, pero me lo apunto para luego buscarlo en Internet. Me explica que hay fabricantes que hacen estos grifos tan diferentes posiblemente para que solo les compres a ellos.

Ya sé sobre los análisis de barreras de entrada del mercado de Michael Porter y que el fabricante de este grifo lo use. Pero por favor, que es un grifo.

Me recomienda el sr de la tienda un local donde puedo preguntar si me pueden fabricar a medida la pieza que necesito. ¡No me puedo creer que la solución tenga que ser que me fabriquen una pieza a medida! Tiene que haber una solución más sencilla.

Entonces, pienso en quién construyó este piso, quién seleccionó los proveedores, y a quién se le ocurrió escoger un proveedor sin tener en cuenta la estandarización del producto que venden.

¿Nadie pensó en el mantenimiento de los elementos instalados? ¿Alguien pensó en el servicio postventa? Seguramente no, porque ya el dueño/a que se busque la vida para hacer el mantenimiento. ¡Qué importante es tener en cuenta toda la cadena de valor!

Ahora que conozco el vocabulario técnico, busco un poco por Internet, y encuentro esta web, donde explican con detalle el tema de roscas, pasos y estándares, un mundo completamente desconocido para mí como cliente y entiendo que para la mayoría de personas.

También he encontrado una empresa española, Tornillera Aragonesa, donde explica perfectamente este mundo en su documento Tabla de roscas normalizadas.

¡Vaya!, resulta que la rosca de mi grifo sí que está normalizada. Lo que ocurre que no existen repuestos ni adaptadores para ese estándar en las 7 tiendas que he consultado. Luego para mí, como cliente, no es un estándar, porque no encuentro repuestos o adaptadores de forma rápida, sencilla y cerca de mi casa.

Eso es lo que quiero como cliente, esta es la propuesta de valor en la postventa, algo sencillo de mantener, sin tener que hacerme un curso especializado de normalización de roscas para entender qué tengo que comprar para solucionar mi problema.

Me queda otra duda, y es saber cómo es el tipo de medida de la rosca de mi grifo, porque resulta que no aparece por ningún sitio un identificador, y he visto que hay estándar para nombrar a los componentes. Tengo dudas, porque tampoco tengo aparatos de precisión para poder medir todo lo que los fabricantes especifican. Estas son las posibilidades a las que he llegado, después de revisar la tabla de roscas normalizadas de Tornillera Aragonesa, que creo que pueden ser la mía:

Tabla de posibilidades

La próxima tienda que consulte creo que tengo que preguntar por un “adaptador de rosca americana macho ¾ a rosca métrica ISO DIN 13 macho M22”. Seguiré buscando una solución. Todo esto es surrealista como cliente.

Cuando contratas un asesor, consultor, mentor, llámalo como quieras, no estás pagando por “una de las cosas que puedes probar es ESTO”. Por lo que pagas es por todo el tiempo (a veces años) y dinero dedicado por la persona hasta llegar a saber que “ESTO” es una posible solución que esta persona ha probado que funciona.

¿Cuáles han sido las situaciones más surrealistas que has vivido como cliente?

Vivir mi cruz (parte 5)

Photo by Lea Böhm on Unsplash

En agosto de 2015 yo ya estaba más que harta de vivir en un apartahotel en São Paulo.

Harta de tener que ir a casa de uno de mis amigos para lavar la ropa, porque yo no tenía lavadora. Hicimos un intercambio de valor fértil para ambas partes: él aparcaba su coche en la plaza de garaje que yo no usaba, y él me dejaba lavar la ropa en su casa, y me llevaba al supermercado que estaba lejos de donde yo vivía.

Harta de no poder alimentarme correctamente porque no tenía nevera ni congelador de un tamaño suficiente. Solo tenía una mini nevera de hotel con una mini bandeja de congelador dentro de la propia nevera. No tenía tiempo de estar cada 2 o 3 días yendo a comprar. Harta de haber engordado bastante y no poder hacer nada para alimentarme mejor.

Tenía el Plan de comidas de 28 días de Marcos Vázquez, pero no tenía forma de organizarme sin una nevera en condiciones. Hacía lo que podía. Y comía lo que podía.

Harta de trabajar todos los días en unos horarios insoportables, trabajando fines de semana, teniendo que estar disponible prácticamente 24 horas, muchas veces festivos incluidos.

Tome la decisión que necesitaba cambiarme a un apartamento. Necesitaba una estructura que yo sintiese un hogar, mi casa. Nadie en la empresa hizo absolutamente nada por ofrecerme este espacio que yo necesitaba, este bienestar básico y fundamental para el bienestar físico y emocional. Estaba muy harta. Y una vez más me dejaron sola.

Como nadie me ayudaba me puse manos a la obra yo sola. Estuve hablando con mis amigos de São Paulo para saber en qué webs se buscaban normalmente apartamentos de alquiler, qué precios tenían, qué zonas había, cómo era la seguridad en esas zonas, si había supermercados cerca, farmacias, ambulatorios, etc. Me hice un mapa de São Paulo en Google Maps con toda la información que iba recopilando.

Hablé con una de mis amigas que estaba estudiando Derecho para que me explicase cómo funcionaban los contratos de alquiler. Me explicó que casi todos iban por agencia y me dijo que cuando encontrase un apartamento le enviase el contrato para revisarlo antes de firmar nada. Me explicó que se suelen poner algunas cláusulas abusivas que por propio desconocimiento o porque son habituales, se responsabiliza a los inquilinos de temas que son por ley responsabilidad del propietario. Y que, si no te das cuenta, pues te las cuelan y las firmas.

Asique en una ardua búsqueda, encontré por pura serendipia un apartamento que fue amor a primera vista. De hecho, cuando fui a verlo, me lo enseñó la propietaria que era un amor de persona. Aunque por seguridad para ella, gestionaba el alquiler por agencia. Los de la agencia era un poco “bichos” la verdad. Pero la dueña era súper razonable. Estuvimos hablando y acordamos empezar los trámites para el contrato de alquiler.

Con la agencia tuve un montón de problemas. Incluido el contrato que querían que firmase. Tal y como mi amiga me indicó, en el contrato aparecía una cláusula abusiva habitual en los contratos, y que era una responsabilidad del dueño que se estaba pasando al inquilino. Mi amiga me dio las referencias en internet de las leyes donde aparecía todo explicado. Hice un documento explicando todo. Lo enseñé en la empresa y me armaron una bronca gigante porque esos contratos son estándares y yo estaba cuestionando lo que nadie cuestionaba. En fin, una más de tantas broncas que tuve que aguantar.

En noviembre de 2015 tenía un estrés enorme, porque yo ya había dejado el apartahotel, me estaba quedando en casa de una amiga con mis maletas, mis cosas estaban en casa de otro amigo, y las llaves del apartamento no me las daban por problemas con papeles y porque me querían cambiar condiciones.

Tuve una super bronca por teléfono y por email con la agencia diciéndoles que “si me cambiaban ahora las condiciones según les convenía a ellos, que se olvidasen de mí, que ya no firmaba ningún contrato y que se buscasen a otra persona para el piso”. Menudo lío me montaron. Menudos impresentables.

En diciembre de 2015, después de bastante lucha, conseguí las llaves y pude por fin entrar en el apartamento.

No sé cómo explicaros la sensación del primer día en ese nuevo espacio. Lloré. Lloré bastante. Al fin podía estar en un lugar que era una casa. Y que esperaba convertir en hogar en unas semanas o meses.

Tenía una cocina completamente amueblada, tenía bastantes muebles para guardar cosas, tenía extractor de humos, tenía 4 fuegos, tenía horno, ¡tenía una nevera grande y congelador! y ¡tenía una lavadora/secadora nueva! Increíble.

Tenía un baño precioso con ventanas a la calle. Todos los espacios tenían ventanas a la calle y delante no tenía ningún edificio. Asique tenía ventilación.

Y así empecé una nueva vida en São Paulo. Aún tenía otros frentes que resolver. Pero al menos ya estaba en un espacio que sentía mi casa.

¿Cuáles han sido las dificultades más complicadas que has pasado para encontrar casa?

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