Vivir mi cruz (parte 8)

Photo by VM Quezada on Unsplash

En los primeros 15 días trabajando con el equipo que me habían asignado en Brasil, me di cuenta de los canales de comunicación ocultos que controlaban al equipo. Daba igual que fuese mi equipo, porque realmente no lo era. Lo controlaba otras personas que tenían los teléfonos y los emails de mi equipo, y les pedían que ejecutasen ciertos trabajos sin que yo lo supiese.

Leer más »

Vivir mi cruz (parte 7)

Photo by Vicky Sim on Unsplash

Durante la creación del equipo que trabajó conmigo en Brasil, tuve que tomar decisiones sobre quién realizaría nuevas tareas que iban surgiendo a medida que la operación rodaba. Algunas de estas tareas implicaban nuevas responsabilidades y la interacción con otros departamentos.

En una ocasión, confié en una persona del equipo, que en base al trabajo que había hecho hasta el momento, me parecía una persona responsable para asumir una de estas nuevas responsabilidades, interaccionando con un departamento que nos solía causar bastantes problemas en el día a día.

Esta persona empezó a ejercer un poder que le di, inicialmente con responsabilidad y un buen desempeño. Al poco tiempo esta persona en la que confié se volvió mi enemigo/a. No supo utilizar con responsabilidad el poder que le di y lo que hizo fue dejarme en evidencia ante otro departamento, hablar mal de mí, cuestionar mis decisiones sin argumentos y criticarme, sin hablar en ningún momento conmigo.

Fue el propio equipo quien me avisó de lo que estaba ocurriendo y después lo confirmé yo misma. Ahí fue donde aprendí quiénes formaban un equipo cohesionado, que se auto-regulaba, y que velaba por su supervivencia, y quien estaba ahí de paso.

Me armé de paciencia. Porque lo primero que me salió era despedir a esta persona. Pero me calmé y reflexioné. Había algo que tenía que aprender de esa situación. Hablé en privado con esta persona para explicarle la estructura de la empresa y que, si tenía cualquier dificultad con su trabajo, con quien tenía que hablar era conmigo.

Esta persona me saltaba de forma recurrente y hablaba con mi superior en lugar de hablar conmigo. Le di un plazo de un mes para cambiar su comportamiento. Ahora mismo no recuerdo si llegó al mes, o si fueron un par de semanas, pero tuve que tomar la decisión de quitar esa responsabilidad a esa persona y poner a otra persona.

Esta persona volvió a sus responsabilidades iniciales. Y, aun así, siguió causándome muchos problemas. De nuevo el propio equipo venía a hablar conmigo, me interceptaban en el pasillo o en la cocina del café, para hablar conmigo y pedirme que hiciese algo, porque no podían seguir trabajando con esta persona en el equipo.

Estuve hablando en muchísimas ocasiones con el equipo sobre la situación que todos/as estábamos sufriendo. Me di cuenta de otras personas fuera del equipo que protegían a la persona con la que no podíamos trabajar. Por diferentes circunstancias, aunque solicité el despido de esta persona o su recolocación en otro departamento, si así lo consideraban mis superiores, tuvimos que convivir con esta persona en el equipo durante más de un año.

Finalmente, esta persona fue despedida. Fue mucho tiempo donde el equipo tuvo que aprender a ser asertivo y resiliente, porque esa situación no podíamos cambiarla en el corto plazo. Y el equipo también se hizo más fuerte, y se ayudaba a llevar la situación lo mejor posible.

¿Cuáles han sido los retos más complejos que has tenido que gestionar con tu equipo?

ENTRADAS RELACIONADAS

La crisis de los 40

Como el tiempo no existe, o eso dicen, que es una ilusión, me ha parecido interesante publicar un escrito encontrado entre mis escritos de mayo de 2010. Mi yo del pasado con 25 años hacía unas reflexiones que me han gustado mucho para compartirlas.


Después de tener una interesante conversación en varios días con distintas personas, me he inspirado para escribir lo que pienso sobre la crisis de los 40.

Tengo 25 años y muchos de vosotros pensaréis «¿cómo puede hablar esta chica de algo que no conoce?». No conoce quien no quiere ver. Me ha pasado con mucha gente que subestima lo que puedo saber o no sobre ciertos temas sólo por mi edad. ¿Acaso tengo que evolucionar al ritmo que me marque el resto? ¿Tengo que hacer o pensar lo que se supone que piensa la gente de mi edad?

¿Crisis de los 40?

¿Por qué esperamos a tener cuarenta años para plantearnos qué queremos hacer en la vida?

¿Tenemos que perder 20 años de nuestra vida hasta darnos cuenta?

¿No merece la pena darle una pensada antes para intentar hacer las cosas bien?

Una persona me dijo «Es que aunque quieras, no las vas a hacer bien». Esto me dejó un run run en la cabeza y empecé a pensar. ¿Cuando cumples 40 años de repente eres otra persona y ya eres la «leche» y haces todo bien? ¿Acaso hay un mundo paralelo donde cambiamos de vida?

Reflexión de Mª Jesús Álava Reyes:
«Hace poco, comentando la muerte de un conocido, alguien me dijo: «¡Qué pena!, ahora que ya le faltaba tan poco para empezar a vivir» Me callé, pero pensé: ¡Qué pena de vida sin ser vivida!»

No, lo siento, pero no eres otra persona cuando cumples 40 años. ¿No os han preguntado a otro día de tu cumpleaños «cómo te sientes con X años»? ¿Y qué les decís? «Pues igual que ayer».

Los cambios no se producen de un día para otro. De hecho los cambios se producen a lo largo de los años. Pero para eso hay que tomar conciencia de qué estamos haciendo y a dónde queremos llegar. Haciendo revisiones con frecuencia. ¿Pensaréis qué es esto de las revisiones? Simplemente es dedicarte tiempo, por ejemplo una vez a la semana, para pensar en ti. Nada de trabajo. Nada de problemas de casa. Nada de niños. Nada de pareja. Nada del resto del mundo. Sólo en cómo estás tú. Cómo te sientes. Si estás mejor que hace un mes, un año.

¿Estar mejor respecto a qué? Pues de los objetivos que nos vamos fijando para alcanzar en nuestra vida.

¿Objetivos? Sí, objetivos. Nacen de una ilusión. Algo que nos gustaría conseguir. Hacemos un planteamiento de las posibilidades que tenemos para ponernos en marcha hacia esa ilusión. De todas las alternativas valoramos si hay alguna realista, porque hay ilusiones muy fantasiosas, que pueden hacer que si no estás con los pies en el suelo hagan que te decepciones y que dejes de tener ilusiones, porque total no las voy a conseguir. Después de valorarlas elegimos algunas. Esas algunas son actitudes, ejercicios, trabajos, estudios que nos llevan hacia esa ilusión. Entonces y sólo entonces esas ilusiones se convierten en objetivos.

Haciendo revisiones frecuentes, podemos volver al camino que nos lleva a conseguir nuestros objetivos (esos ejercicios, estudios…) con más o menos facilidad. Pero ¿qué ocurre si pasa mucho tiempo hasta que hacemos esa revisión?

Pensemos en un caso práctico. Los dentistas recomiendan hacerse una revisión una vez al año. Yo sí me la hago !! ¿Y vosotros? Pensad que tenéis una pequeña caries en una muela. Si ha pasado un año desde la última revisión esa caries no ha podido crecer mucho (esto me lo dijo mi dentista que es un estupendo profesional). ¿Qué ocurre si han pasado 3 años desde la última revisión? o más tiempo. Puede que durante años esa caries esté escondidita por debajo de la superficie hasta que un día se te rompe la muela o hasta que se te produce una infección y vas al dentista porque te duele muchísimo.

En el mejor de los casos te regañará un poco por no haber ido en tanto tiempo, conseguirá curar la infección y eliminar la caries con un empaste. Si has aprendido (puede que si lo pasaste mal con el dolor te acuerdes la próxima vez) posiblemente vayas al año siguiente a hacerte una revisión.

En el peor de los casos puede que la infección se te haya extendido a más zonas de la boca, que te haya dañado el nervio, te tengan que matar el nervio, sacar la muela, ponerte una funda… En fin, creo que se aprecia cómo se puede ir complicando la cosa. Y todo por pensar que no tengo tiempo para perderlo en ir al dentista.

Si esto lo pensamos en la revisión de nuestros objetivos, de nuestro proyecto de vida ¿qué pasa si hace mucho que no hacemos una revisión?

Pues que volver al camino se pueda volver una tarea bastante complicada. Como por ejemplo darnos cuenta que:

  • Hemos estudiado algo que no queremos o no nos gusta.
  • Estamos en un trabajo que odiamos.
  • Tenemos unos amigos que no son amigos.
  • Hemos dejado de lado a la familia.
  • Tenemos conversaciones importantes pendientes con gente que nos importa pero nunca nos hemos planteado tenerlas.
  • Estamos casados con una persona que no nos llena.
  • No disfrutamos de nuestros hijos porque estamos todo el día trabajando.
  • ¿Hobbies? No tenemos hobbies. Nos gusta algo o recordamos que lo hemos hecho alguna vez, pero ya hace mucho que no lo hacemos.
  • Nuestros intereses chocan con los de nuestra pareja.
  • ….

Creo que esta lista puede ir creciendo y creciendo en función de las experiencias de cada uno.

Mucha gente se deja llevar por la espiral de trabajo diario. Del día a día que muchos se repiten constantemente para justificarse. Van encadenando situaciones. Una cosa le lleva a la otra y al final acaban desorientados pensando ¿cómo he llegado yo aquí?.

Gráficamente se ve muy bien en el siguiente gráfico:

Proyecto de Vida

Esta pequeña padawan de 25 años me sorprende mucho. El próximo año 2020, si todo lo permite, cumpliré 35 años. Me sorprende recordar estas reflexiones de hace 10 años.

Parecen «ondas gravitacionales» que se propagan por ese tiempo que no existe y que vuelven a mí en diferentes momentos de mi vida. Y siguen resonando conmigo. Eso que nos mueve. Eso que nos hace emocionarnos. Eso que nos hace sentir que merece seguir adelante por seguir sintiéndote vida.

Recuerdo con 26 años hablar con un buen amigo a quien le comentaba ilusionada con los ojos brillantes y el corazón palpitando, que lo que yo quería hacer en mi vida era ser mentora, compartir mi experiencia de vida con otras personas a quien les pudiese servir de ayuda. Este amigo mío me dijo «creo que vas demasiado rápido, te estás saltando etapas».

Veremos a ver qué pasa los próximos años.

¿Tú te has planteado qué es lo que quieres hacer en tu vida?

Vivir mi cruz (parte 6)

Photo by Sydney Sims on Unsplash

En diciembre de 2015 llevaba dos meses organizando y mejorando cómo trabajábamos. Estábamos cada semana más desbordados de trabajo. En diciembre pedí ayuda y expliqué la situación solicitando autorización para poder contratar más personas en el equipo. Mi petición fue rechazada y me dijeron que organizase mejor el trabajo del equipo. Llevaba dos meses haciéndolo, pero dio igual.

El mes de diciembre de 2015 fue un auténtico caos y estrés en el que todos/as sufrimos las consecuencias. Yo casi no puedo venir a España para ver a mi familia, pero en el último momento, pocos días antes de Navidad, me autorizaron venir unos 5 días, creo recordar.

Cuando volví a São Paulo aún me esperaba el reto de enero de 2016. Diciembre había sido solo la antesala del tsunami de trabajo que se nos iba a venir encima. Y así fue. Hacíamos lo que podíamos con los que éramos en el equipo.

Volví a insistir que necesitaba contratar más personas. No fue hasta final de enero 2016 que me escucharon, al ver con sus propios ojos la situación insostenible que teníamos. Aún me quedaba una dura prueba más de resiliencia.

Aunque me habían autorizado poder contratar las personas que pedí para poder aumentar la capacidad de trabajo del equipo, no había ni un lugar libre en la oficina para contratar a nadie. Asique me tocó aguantar dos meses más, hasta marzo de 2016, de presiones diarias, cuestionando mi trabajo y el de mi equipo. Una y otra vez repetía que necesitaba contratar más personas.

Por fin, en marzo de 2016, se liberó espacio en la oficina y pude contratar las personas que necesitaba.

Toda esta presión me pasó factura. Una factura en mi salud bastante grande. Me había roto por dentro. Pedí ayuda a una amiga mía, quien me recomendó una psicóloga y terapeuta holística, quien realmente fue una grandísima ayuda para mí.

Empecé a ir a terapia una vez a la semana. Lo primero era cuidar el cuerpo, que lo tenía bastante enfermo. Casi no dormía, mi alimentación era bastante mala, había tenido dos veces princio de gastritis, había estado en un neurólogo especialista en trastornos del sueño, y mi estado emocional era un continuo estado nervioso con muchísima ansiedad. Me pasaba las sesiones llorando.

Poco a poco, esta terapeuta me ayudó con sus masajes, aromaterapia, reiki y muchas otras herramientas, a estabilizar mi salud. En la terapia fuimos colocando en diferentes “cajas” cuáles eran mis responsabilidades y cuáles eran responsabilidades que yo estaba cargando pero que no eran mías. Yo sentía una losa de una tonelada encima de mis hombros. Tenía bastantes contracturas.

Después de identificar las responsabilidades que no eran mías, me tocó dejar de hacer el trabajo asociado a esas responsabilidades, y dejar evidencia que quien tenía que hacer este trabajo no lo estaba haciendo. Fue muy complicado hacer esto. Tuve que dejar que el trabajo no saliese, que saliese mal o que se estropeasen ciertas cosas. Y aumentó la presión sobre mí, porque claro, no querían que yo dejase de hacer todo ese trabajo que a mí no me tocaba pero que había hecho hasta el momento.

Con la terapeuta estuve trabajando mi auto-estima y mi asertividad. Para mantenerme firme y estable, y hacer respetar mis límites. A veces lo conseguía y a veces no. Fue un trabajo bastante duro.

Me apunté a clases de baile, empecé a dejar de atender el teléfono del trabajo los fines de semana, y poco a poco tener un horario normal de trabajo. Me costó unos tres meses sentirme bien de nuevo.

¿Cómo te has enfrentado a situaciones de estrés máximo donde tu salud se ha visto afectada? ¿Cómo has establecido tus límites?

ENTRADAS RELACIONADAS