No es lo mismo vivir que conceptualizar

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No es lo mismo vivir algo, que leerlo y repetir lo que has leído. No es lo mismo vivir que conceptualizar. No es lo mismo vivir dando ejemplo que pedir a otros que actúen como dices y no cómo actuas.

La expresión “cruz de encarnación” en la herramienta de Diseño Humano, o “dones primarios de la secuencia de activación” en la herramienta de las Claves Genéticas, son lo mismo.

Tal como yo lo entiendo, tal como yo lo vivo, es la forma en la que te expresas en el mundo haciendo lo que realmente te apasiona, se te da bien, la sociedad necesita y ganas dinero con ello. Como el concepto japonés Ikigai.

Así que, lo que estoy tratando de contar en este blog con las entradas con título “vivir mi cruz” es contar mi experiencia vivida en el mayor proyecto profesional que he llevado a cabo hasta la fecha. El proyecto de Brasil.

¿Tú vives o conceptualizas?

¿Cómo surge la creatividad?

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Lo que yo he aprendido y observado es que la creatividad surge sabiendo combinar piezas básicas de diferentes formas, y así crear cosas nuevas.

Para aprender a combinar esas piezas tienes que saber cómo funcionan.

Atendiendo a la cosmología, esas piezas básicas son los neutrinos. Los neutrinos contienen datos. Sabemos que los datos por sí mismos no nos sirven de mucho si no les damos una interpretación para convertirlos en información.

Todos tenemos una configuración cognitiva determinada en base a nuestra fecha de nacimiento, hora y lugar. Esa configuración cognitiva es nuestra capacidad de darnos cuenta de lo que nos ocurre y de lo que ocurre a nuestro alrededor.

En la herramienta de diseño humano esta configuración se llama “variable“.

Así que tenemos a los neutrinos impactándonos continuamente y una variable que necesitamos aprender cómo funciona en cada uno de nosotros, para poder entender, para poder traducir los datos en información que entendamos.

Así de sencillo. ¿Te atreves a conocer cómo funciona tu variable?

Vivir mi cruz (parte 3)

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Unos 2 meses después de llegar a São Paulo, llegó un compañero nuevo que se encargaría de una parte de la operación. Inicialmente, pensé que esta persona era de confianza para mí, pero los hechos hablaron por sí mismos. Conocía a esta persona desde hacía algunos años. La consideraba un amigo. Confié situaciones personales que necesitaba hablar y resultó que luego se lo contó a “sus amigos”, destruyendo por completo la confianza que tenía en esta persona. Nunca más volvería a ser una persona de confianza para mí.

Esto de contar algo en confianza a alguien que yo consideraba de confianza y que luego esta persona lo contase a “sus amigos” u otras personas, o me dejase en evidencia en una reunión, como se suele decir “dejarme con el c… al aire” era algo bastante frecuente. Me sentía tan sumamente decepcionada, traicionada, y con rabia de estas personas, que aprendí que mejor no confiar en nadie.

El nuevo compañero comenzó a entrometerse en mi trabajo. Traté por las buenas establecer los límites entre nuestro trabajo. Pero no funcionó. Tuve que cabrearme muy seriamente y tener una bronca para dejar claros los límites. Escribí un documento donde dejaba de forma clara y expresa la separación de responsabilidades de nuestros roles de trabajo en el proyecto, y tuvimos una reunión para hablarlo.

Después de esta fuerte discusión, cuando ya estaba escrita esta separación de responsabilidades, nos sentamos con nuestro responsable superior para explicarlo y estuvo de acuerdo. De hecho, para nuestro superior era evidente esa separación, pero no quedó clara hasta que la puse por escrito por propia iniciativa.

Tiempo después, tuve otros problemas con este compañero porque empezó a atribuirse méritos sobre trabajo que había realizado yo. Esto fue otra lucha para defender y poner en evidencia mi trabajo.

El año 2014 realmente fue un infierno. Adaptarme a:

  • Un país nuevo.
  • Una empresa nueva.
  • Unos compañeros nuevos.
  • Una cultura nueva.
  • Una telenovela en muchos casos surrealista.

Y darme cuenta poco a poco que no tenía a prácticamente nadie en quien pudiese confiar. Cada vez estaba más sola sin ningún tipo de apoyo ni ayuda.

Un tema que recomiendo que miren las personas que se van expatriadas son los papeleos burocráticos. Que la empresa deje claro en la propuesta cómo va a gestionar temas legales, fiscales, laborales, seguridad social, cambios de moneda, mudanza de ida y repatriación de vuelta.

Otras personas expatriadas que yo conocí durante mi estancia en São Paulo me explicaban cómo lo habían gestionado las empresas donde trabajaban. Para mí, todo este trámite fue un dolor de cabeza, y un grave problema muchas veces.

En una ocasión, pagué un servicio a una gestoría para ver cómo realizaban un trámite que yo tenía que hacer. Me hicieron mal el trámite y encima me dijeron que no lo podían arreglar, una vergüenza. Pero era así continuamente con muchas gestorías. Después de aprender a hacerlo, el resto de meses lo tramité yo. Incluso enseñé voluntariamente a otros compañeros cómo tramitarlo.

En Brasil tienen una burocracia tan absurda que muchas veces solo la gente que está dentro del sistema sabe cómo gestionarla. A día de hoy, llevo 2 años reclamando unos documentos que me tiene que gestionar una gestoría, pero me dicen que no es su responsabilidad saber por qué no llegan los papeles, y que su responsabilidad es hacer el trámite de la solicitud del documento, pero no asegurar que el documento llega. Yo alucino con estas empresas. Y son lentejas. No tengo nadie que me ayude a resolver este problema. Por eso, mejor deja claro desde el principio cómo te va a gestionar la empresa todos los papeleos.

¿Qué recomendaciones te han dado antes de irte a otro país?

Vivir mi cruz (parte 2)

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Mi aterrizaje en São Paulo fue el día 05/05/2014 junto con dos compañeros de España que estarían conmigo los próximos 15 días. Primeros días de toma de contacto con el equipo. Yo no hablaba ni una palabra de portugués. No tuve clases particulares ni profesor/a particular. Me comunicaba como podía. Tuve que aprender sola, buscándome la vida.

Los primeros días fue un torbellino de sensaciones. Una ciudad demasiado grande para lo que había visto hasta ahora. Muchísimo tráfico y ruido. Bastante caos en demasiados sitios. Mucha incertidumbre.

La cultura. ¡Qué importante es conocer la cultura! Tuve mi primer contacto con la cultura representada por las personas con las que iba a trabajar. Saqué mi mochila de recursos.

En el máster de “Ingeniería de Sistemas de Decisión” estudié a Geert Hofstede y la clasificación cultural que él propone en base a 6 dimensiones culturales. Lo que hice fue observar y contrastar lo que observaba con lo que había estudiado para sacar mis propias conclusiones.

No conocía a nadie en São Paulo. Después de los primeros 15 días con mis compañeros de España me quedé sola. Recuerdo el día que se fueron estar por la noche llorando mirando por la venta del apartotel donde viviría el próximo año y medio. Miraba a una ciudad que me abrumaba y que no tenía ni idea de cómo iba a lidiar con lo que se me venía encima.

Empezaron los primeros días sola con un equipo que me asignaron de 6 personas. Tuvimos un cambio de oficina con el estrés asociado a ese cambio de localización. Me tocó instalar en los portátiles de trabajo del equipo las herramientas con las que íbamos a trabajar. Fui decidiendo qué herramientas y cómo las usaríamos. Necesitaba digitalizar toda la operación y que fuese compartida por todo el equipo. Y empecé a enseñarles cómo usarlas. Empecé a crear los procesos y procedimientos iniciales con los que empezar la operación del equipo de servicio postventa del que yo era la responsable.

La teoría es una cosa y la realidad era otra muy diferente. Mis primeros días sola fueron bastante duros. Aprendí a base de traiciones, juego sucio, mentiras, broncas, las redes de poder establecidas y que nadie me había contado. Aprendí sobre los grupos herméticos, grupos de personas que se conocían entre ellos, que eran amigos, familiares, colegas, grupos que eran silos de información. Acuerdos no escritos entre personas con las que yo tenía que lidiar, pero que no me informaban prácticamente de nada.

Esto era una guerra de poder en toda regla. Yo tenía que conseguir establecerme, tomar posiciones, y con cada mérito conseguido tratar de mantenerlo. A veces me quitaban del medio rápidamente porque yo no conocía esas redes ni tampoco sabía hablar portugués. No me convocaban a reuniones, ni reconocían el trabajo que yo tenía que hacer allí. Yo era una intrusa molesta a la que ponían buena cara de frente pero luego … toma puñalada.

Tuve que aprender a establecer buenas relaciones, o al menos mantener una cordialidad profesional, con personas con un carácter muy complicado. También tuve que aprender a abrirme paso sin herir sensibilidades, dando bastantes rodeos. El rencor estaba a la orden del día. También tuve que aprender a lidiar con los “favoritos” de los/as jefes/as y posicionarme inteligentemente sin entrar en guerras de egos que nunca llevaban a ningún sitio.

El puesto oficial con el que yo llegué no era mi puesto real. Pero ahí no había hueco para orgullo, ni medallas, ni ego. Yo tenía una misión, que era aguantar la tormenta hasta conseguir que me aceptasen para poner orden y crear una operación sostenible.

Más o menos un mes después de haber llegado, tuve que despedir a la primera persona del equipo. Era la primera vez que me tocaba despedir a una persona. ¿Crees que alguien me había explicado u orientado cómo se despide una persona? No.

Tuve que una vez más aprender sola. Fue un momento bastante duro. Y me creó mi primer problema político, por esas redes que yo no conocía. Tuvo que intervenir una persona de España para calmar los ánimos porque hubo gente que se molestó muchísimo con esta decisión que yo había tomado. Aunque yo había argumentado objetivamente por qué esta persona no podía seguir en mi equipo, me cayó una buena bronca y un desgaste emocional por los ataques que recibí de algunas personas internas.

Aprendí que allí me podían destruir mi reputación en un momento. Asique iba a tener que tener bastante cuidado. Empezar a buscar aliados, empezar a crearme mi grupo de confianza y descubrir todas esas redes que me estaba jodiendo la existencia allí.

Cuando salía del trabajo llegaba al apartotel, y era un sitio que yo no sentía como mi casa. Piensa lo que es vivir en una habitación de hotel, con una mini cocina salita de estar sin campana extractora, con una mini nevera de hotel y sin lavadora. No podía organizarme comidas, planificarme compras de supermercado semanales o quincenales. No tenía congelador. Y tenía que comprar agua mineral todas las semanas.

Era duro estar en un sitio que no sientes que sea tu casa. Y socialmente, aunque no conocía a nadie, la vida me trajo un regalo inesperado. Unas semanas antes de irme a São Paulo, en un grupo de Facebook, vi una persona que publicaba algo sobre São Paulo. Me armé de coraje y envié un mensaje a esta persona. Yo no la conocía de nada. Solo estábamos en el mismo grupo de Facebook de emprendedores por el mundo.

Esta persona fue súper amable conmigo. Le expliqué que me iba a São Paulo y que si me podía dar alguna orientación que me sirviese de ayuda para aprender a instalarme. Esta persona vivía en Madrid, pero me dijo que me pondría en contacto con su mejor amiga de toda la vida de São Paulo. Y para mi sorpresa nos puso en contacto por email. Escribí a esta persona y … ¡Vivía a 5 minutos de donde yo vivía! No me lo podía creer. Quedamos a comer y era una persona genial. Un amor de persona. Me acogió como una más dentro de su grupo de amigos/as. Me presentó a su grupo de amistades. Me dejó ir a su casa a lavar la ropa (aunque en poco tiempo tuve que dejar de ir por su compañera de piso que se enfadó porque yo fuese allí).

Para empezar a crear mi red social esto me ayudó mucho. Me invitaban a sesiones de cine en casa. Aunque aún no entendía bien el portugués, me sentía arropada por un grupo de personas que hacía que no me sintiese tan sola.

Después del primer mes ya conseguía entender más o menos el idioma. Y después de unos 3 meses ya conseguía comunicarme más o menos con soltura. Hasta un año después no conseguí ser completamente fluente y desenvolverme sin problemas. No saber el idioma me hacía sentir aislada. No poder comunicarme era una tortura para mí. Aguanté como pude hasta que conseguí dominar el idioma. Cambió mucho mi situación con la gente cuando ya conseguía comunicarme. Y muchas personas que hasta ahora me trataban como si no me enterase de nada, ahora que conseguía comunicarme, ya me trataban de forma diferente.

¿Cómo ha sido para ti instalarte en otro país? ¿Cuáles han sido los retos más complejos que has superado hasta establecerte?