No todo vale, no.

Photo by Philipp Pilz on Unsplash

Hace unos días hablaba con un conocido sobre las regulaciones legales de constitución de empresas, asociaciones, cooperativas, fundaciones, etc. Yo mostraba mi indignación por muchas prácticas que veo y que no comparto.

Este conocido me dijo que pensase en los accionistas que están destrás de las empresas y qué les motiva. Y en todos los accionistas en todo el mundo detrás de fondos de inversión.

Muy enfada yo respondí que hasta ahora no había encontrado fondos de inversión que yo supiese en que invertían el dinero, y por eso no había invertido en ellos. Se reía de mí porque me explicaba que el IPC se come mis ahorros si no los invierto.

Y entonces me salió del alma decirle que no puedo cambiar el mundo pero puedo hacerme responsable de mis acciones. Y elegir, o no, invertir en algo, es una decisión que depende solo de mí. Que yo no me hago la “despistada” en plan “yo no sabía de nada, solo les dije que yo quería esa rentabilidad y me daba igual lo que hiciesen para conseguir esa rentabilidad”. No, no y no. Claro que puedo elegir.

¿A costa de qué se obtienen rentabilidades? ¿De vender humo?

¿A costa de no pagar salarios a las personas o pagarlas tarde?

¿A costa de no pagarles la seguridad social?

¿A costa de no pagar los beneficios sociales?

¿A costa de no pagar los reembolsos de gastos o pagarlos con mucho retraso?

Una vez escuché “si tus empleados tienen un aguante sin cobrar mayor que el de tus proveedores pues se aprovecha a los empleados”. Esto me dió la vuelta el estómago.

Todo no vale. No vale. No es ético. No se puede estar exprimiendo así a la gente.

Hace unas semanas vi la película “el último cazador” de Willem Dafoe, recomendada por un buen amigo. Me quedé echa polvo después de verla. Y la vi una segunda vez al día siguiente. Estuve unos días revuelta. Como si muchas cosas que no estoy dispuesta a tolerar saliesen de repente a la superficie consciente y me dejasen en shock.

Y sentía que ese es el mundo en el que vivimos y que no me gusta. Que no tiene ningún sentido.

Y serendipias de la vida, mientras escribía este post me ha llegado el vídeo de Joan Antoni Melé, persona que no conocía, que quiero compartir porque comparto muchas de sus reflexiones. Dejo un pequeño extracto:

“… si la vida es solo una lucha por la supervivencia, ¿por qué hacemos poesía, componemos música, pintamos cuadros, construimos catedrales, esculturas? Hacemos esto porque somos humanos.

¿Por qué sin ser necesario es tan importante para nosotros todo esto? Porque hace años que el ser humano salió de la necesidad y entró en el ámbito de la libertad. Lo hacemos porque somos libres y creadores. Y lo hacemos por amor. Porque algo que llevamos dentro lo queremos compartir.

Pero esto que hacemos en el arte se nos ha olvidado hacerlo en la vida social y económica donde contínuamente luchamos y nos animalizamos”.

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