No soy tu gran proyecto ni tu mejor inversión

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¿En alguna ocasión alguna persona os ha dicho “eres mi gran proyecto” o “eres mi mejor inversión”?

A mí sí me lo han dicho y me he enfurecido bastante.

Yo no soy propiedad de nadie.

Yo no soy el proyecto de nadie.

Yo no soy el activo financiero sobre el que invertir para rentabilizar tus ganancias.

Me molesta bastante este tipo de comentarios. Suelen ir seguidos de una manipulación emocional para tenerme engachada a esa persona para lo que le interesa o conviene.

No sé por qué, algunas personas adoptan unos roles conmigo paternalistas o maternalistas, como si se autonombrasen mis consejeros y tuviesen que decirme qué tengo que hacer con mi vida o qué dirección seguir.

Me molesta que me digan qué tengo que hacer con mi vida.

Me molesta que me impongan su dirección, porque yo ya sé qué dirección coger. No tengo por qué decirte a dónde voy.

Me molesta que me pidan explicaciones de mi vida privada.

Me molesta que se entrometan en mi vida con preguntas impertinentes.

Si no te respondo, no insistas con tus preguntas. Estoy tratando de ser educada en lugar de mandarte al infierno.

Algunas personas solo respetan mis límites cuando me pongo de mala leche, me enfado y digo las cosas a malas. ¿Es que solo entienden la violencia?

Conviviendo con la ira

Después de un desagradable episodio de ira con una persona, me he observado cómo se repite este patrón a lo largo de mi vida con diferentes personas.

¿Qué provocó este estado de ira en mí?

Recibir el desprecio de una persona de quien no esperaba recibir este comportamiento. Harta de haberlo recibido en otras ocasiones y no haber sabido cómo responder, haberme callado cuando lo que quería era mandar al infierno a esta persona, estallé en una explosión de ira donde no me callé.

Después de lo humillada que me sentía, pasé a sentirme culpable por mi reacción y, sobre todo, por el estado emocional desgastante en el que yo me había quedado. Me disculpé con la persona, y no tuve respuesta por parte de ella. Pero yo me sentí mucho mejor.

Con todos los libros que tengo, fui a revisar uno que no había leído. Un libro que me regaló mi hermano. Revisando este libro me han resultado curiosas ciertas serendipias:

  • Editado el 1985, el mismo año que nací.
  • Editado en León, como el arquetipo de animal de mi configuración cognitiva de mi diseño humano.

Este libro se llama “Encontrando un camino: Introducción a una terapia de autoayuda” de Alex Howard. Abrí el libro, y la página por donde abrí hablaba sobre “hacer valer tus derechos y la ira”. No pude evitar sonreír al ver esta serendipia. Me puse a leer y encontré algunas reflexiones que me ayudaron a poner orden cómo me sentía, y los patrones de ira que se repiten en mi vida:

  • Me enfado conmigo mismo porque no me siento satisfecho de la forma en que traté a la otra persona.
  • Me enfado conmigo mismo porque me sentí herido por sus comentarios.
  • Me enfado porque no logré decir, clara y sencillamente, lo que quería.
  • Me enfado porque me dejé llevar por los deseos del otro como resultado de mi propia inseguridad.

Cuantas más formas puede encontrar la persona de expresarse abierta y sinceramente, y de aceptarse a sí misma tal y como es, menos necesidad tiene de enfadarse.

La dificultad está en encontrar formas de descargar la ira sin usarla como arma para herir o manipular a los otros como, por ejemplo, yo te “golpeo” con mis emociones, te engancho, te manipulo, te desarmo o te hago perder tu equilibrio a través de ellas. Ensayando un sinfín de estratagemas para hacerte sentir incómodo, necio y con ganas de castigarte, todo con la esperanza de conseguir que hagas lo que yo quiero.

Y después de este repaso, fui a por otro libro, de una de las personas que, desde mi punto de vista, es la mejor profesional que conozco en temas de asertividad, Olga Castanyer. El libro se llama “Aplicaciones de la Asertividad”. En 2010 compré otro de sus libros, “La asertividad, expresión de una sana autoestima”, que repasaré estos días también, porque parece que se me ha olvidado lo que aprendí en su día. Olga habla de los tres perfiles de asertividad:

  • Agresividad.
  • Asertividad.
  • Sumisión.

En el capítulo 4 del libro “Aplicaciones de la Asertividad”, habla sobre “Cómo reaccionar ante una agresión verbal”. Explica que, por muy asertivos que seamos y muy elegantemente que hayamos aprendido a decir las cosas que puedan molestarnos, nunca podremos evitar que algunas personas y en algunas situaciones nos agredan verbalmente o aún más, que intenten someternos a burla o desprecio.

Hay personas que buscan en todo momento dejar claro que son más inteligentes, rápidas, o eficientes, a base de hacer que los demás se sientan inferiores. La mayoría de las veces, un desprecio o una burla son más una forma de buscar notoriedad que un deseo de dañar al otro.

Si la otra persona tiene necesidad de sentirse reconocida no vamos a permitir que sea a nuestra costa. Las herramientas no nos van a ayudar a cambiar a la persona, pero sí a ponerle límites y no permitir que nos utilice para sentirse mejor.

Algunas de las respuestas que nos propone Olga para memorizarlas y ponerlas en práctica ante desprecios, son por ejemplo:

  • No seas despreciativo.
  • Me estás faltando al respeto.
  • Así no te sigo escuchando.
  • Así no hablo contigo.

Y cortar la conversación.

También nos propone formular algunas preguntas sobre el desprecio que hemos recibido:

  • ¿Por qué se supone que no entiendo de estas cosas?
  • ¿Por qué no te vale la pena perder el tiempo conmigo?
  • ¿Qué es lo que te decías?

Revisando a nivel profundo mi diseño humano, revisando la caja planetaria (herramienta 64Keys) y la configuración que aparece en el planeta Júpiter, en la parte inconsciente, aparece una lección importante:

  • Puerta 58: Alegría. El insaciable impulso de satisfacer el deseo de una alegría de vivir sin cargas y una vitalidad ligera. El potencial de la puerta es la alegría de vivir.
  • Línea 5: Protección. La protección contra estímulos provocativos.
  • Potencial de la línea: El poder de protegerse contra los estímulos, sin importar lo tentadores que sean.
  • Sombra de la línea: Los estímulos discutibles se aceptan sin protección, sin embargo, sin rendirse a ellos.

Es posible que necesite repasar apuntes sobre gestión de conflictos y sobre el libro de “Comunicación no Violenta”, de Marshall Rosenberg.

Quizás la parte más complicada de este aprendizaje es aceptar la decepción de haber esperado algo de una persona que no existe, de un ideal de esa persona creado por mi mente. Y aceptar la existencia de esa otra persona que me desprecia. Aprender a decir un NO rotundo a este tipo de comportamientos y mantenerte alejada de este tipo de personas.

Vivir tu compasión consciente

Ser una persona compasiva no quiere decir ir dando abrazos a todo el mundo ni queriendo a todo el mundo. Sino saber poder límites. Esta es mi forma de vivir mi compasión hacia mí misma y hacia los demás.

Percibo muchas cosas cuando tengo a una persona delante mío. Incluso cosas sobre las que la propia persona no es consciente. Ser compasiva no quiere decir que tenga que decir a la persona todo lo que percibo, tampoco significa ponerme en modo “te voy a poner en tu sitio”. ¿En qué sitio? Como si fuese yo una justiciera.

Tampoco se trata de herir despiadadamente a la persona sacando la crueldad más dura que la vida te ha enseñado. La crueldad no sirve para nada salvo para seguir alimentando el dolor de dos personas que no se reconocen entre sí. Lo más inteligente que puedes hacer es poner distancia con las personas que no te respetan. Limitar el contacto con ellas a lo mínimo indispensable. Y si puedes, dejar de verlas.

Todos somos amigos hasta que dejamos de serlo.

A veces pienso que la mejor forma de hablar con una persona es siendo objetiva. Lo que ocurre que cuando hago la lista de hechos, la persona siente como puñaladas cada uno de esos hechos. La persona se rebota, se enfada y me la tiene jurada para vengarse de mí.

Así que la mayoría de las veces, la mejor estrategia es callarme, y poner distancia con la persona. Y dejar que el silencio haga su trabajo. Es mucho más efectivo de lo que puedas pensar.

Hakuna Matata, que bonito es vivir

Hakuna Matata, que bonito es vivir

La primera película que vi en el cine fue El Rey León. El cine en mi pueblo estaba llenísimo. Era el año 1994. Yo tenía 9 años. Estaba emocionada e impaciente. Años después he vuelto a verla en varias ocasiones, y aún hoy en día, me emociona. En aquella ocasión mi hermana estaba conmigo. Fue un día muy especial y también el día que más lloré. Qué triste ver a ese leoncito, ese pequeño Simba, asustado, atónito e incrédulo ante la muerte de su padre Mufasa. Con la manipulación de su tío Scar haciéndole sentir culpable por lo sucedido. Y yo que no dejaba de llorar. Era bastante pequeña, pero el sentimiento lo recuerdo como si hubiese sido ayer.

Una de las partes que más me gusta es el exilio, donde Simba descubre quién es. En ese emocionante viaje conoce a dos simpáticos amigos, Timón y Pumba. Nada más encontrarse tienen esta conversación:

Timón: ¿A dónde vas?

Simba: A ningún sitio.

Timón: ¿De dónde vienes?

Simba: Qué importa. No puedo volver.

Pumba: ¿Podemos ayudarte en algo?

Simba: No. A menos que podáis cambiar el pasado.

¿En cuántas ocasiones nos hemos sentido perdidos sin saber dónde vamos? En esos momentos es bueno apoyarse en las personas que están a nuestro lado y que nos quieren. Dejarse ayudar de vez en cuando es bueno.

Los nuevos amigos de Simba le enseñarán a disfrutar de la vida. Aprenderá a reírse de nuevo, a jugar y divertirse con su lema Hakuna Matata, y por qué no, a ser feliz de nuevo. En este viaje en el que se hace adulto, sigue sin resolver un problema del pasado que le persigue y le angustia. Porque no es bueno dejar las heridas sin cerrar, los asuntos sin resolver. No podemos mirar hacia otro lado y seguir con nuestra vida como si nada hubiese pasado.

Descubre también sentimientos que antes no había tenido. Descubre lo que es el amor, las dudas y los miedos ante la persona que se ama. Nala, su amiga de la infancia, no entiende por qué no quiere ser el Rey que ella ve.

A veces necesitamos que alguien externo a nuestra vida nos diga todo lo bueno que llevamos dentro, la buena persona que somos, las acciones que hacemos para ayudar a los demás, la alegría que transmitimos cuando estamos con nuestros amigos o lo bien que sabemos sacar una sonrisa a aquellas personas que más lo necesitan. Muchas veces no vemos todo lo bueno que tenemos y necesitamos que nos lo recuerden desde fuera.

En una noche en la que los recuerdos abruman a Simba, en la que no puede dejar de pensar en su padre y lo mucho que lo echa de menos, le reprocha entre pensamientos que dijo que siempre estaría con él, cuidándole, pero no es cierto. Se siente culpable por lo que pasó en el pasado e impotente por no poder cambiarlo. Entonces aparece el viejo Rafiki.

Simba: ¿Quién eres?

Rafiki: La pregunta es ¿quién eres tú?

Simba: Creía saberlo, pero no estoy seguro.

En una aparición de su padre, Mufasa le hace ver que para saber quién es, debe mirar en su interior, porque es mucho más de lo que es ahora y que debe ocupar su lugar en el ciclo de la vida, porque es el único y verdadero rey. Simba tiene miedo y no sabe cómo volver, porque no es el mismo.

Rafiki: Cambiar es bueno.

Simba: Sí, pero no es fácil. Sé lo que tengo que hacer, pero si regreso tendré que enfrentarme al pasado y llevo tanto tiempo huyendo de él.

Rafiki le da un golpe y Simba se queja.

Simba: ¡Ahu!, eh, ¿por qué has hecho eso?

Rafiki: No importa. Está en el pasado.

Simba: Sí, pero aún duele.

Rafiki: Oh, sí, el pasado puede doler, pero tal como yo lo veo, puedes o huir de él, o aprender.

¿Cuántas veces hemos tenido miedo ante la situación de enfrentarnos a nuestro pasado? ¿Qué hemos dejado pendiente que no nos deja vivir en paz y tranquilos? ¿Qué ocurriría si trato de cerrar esa etapa del pasado? ¿Y si no hago nada? Sólo tenemos esta vida para arreglar aquello que pensamos que debemos arreglar. Sólo depende de nosotros actuar. Aprende del pasado y sé feliz con lo que te queda por descubrir.

Pandémica y Celeste, una poesía para empezar bien el año

Una buena forma de empezar el año, es leer algo que nos inspire, nos emocione y conecte con esa parte interna nuestra que a veces olvidamos cuidar. Por eso he querido compartir con vosotros uno de mis textos favoritos del escritor Jaime Gil de Biedma, que no me canso de leer.

Pandémica y celeste

Imagínate ahora que tú y yo

muy tarde ya en la noche

hablemos hombre a hombre, finalmente.

Imagínatelo,

en una de esas noches memorables

de rara comunión, con la botella

medio vacía, los ceniceros sucios,

y después de agotado el tema de la vida.

Que te voy a enseñar un corazón,

un corazón infiel,

desnudo de cintura para abajo,

hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo

quien me tira del cuerpo a otros cuerpos

a ser posiblemente jóvenes:

yo persigo también el dulce amor,

el tierno amor para dormir al lado

y que alegre mi cama al despertarse,

cercano como un pájaro.

¡Si yo no puedo desnudarme nunca,

si jamás he podido entrar en unos brazos

sin sentir -aunque sea nada más que un momento-

igual deslumbramiento que a los veinte años !

Para saber de amor, para aprenderle,

haber estado solo es necesario.

Y es necesario en cuatrocientas noches

-con cuatrocientos cuerpos diferentes-

haber hecho el amor. Que sus misterios,

como dijo el poeta, son del alma,

pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado

sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,

mientras buscaba ese tendón del hombro.

Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…

Aquella carretera de montaña

y los bien empleados abrazos furtivos

y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,

pegados a la tapia, cegados por las luces.

O aquel atardecer cerca del río

desnudos y riéndonos, de yedra coronados.

O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.

Y recuerdos de caras y ciudades

apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,

de escaleras sin luz, de camarotes,

de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,

y de infinitas casetas de baños,

de fosos de un castillo.

Recuerdos de vosotras, sobre todo,

oh noches en hoteles de una noche,

definitivas noches en pensiones sórdidas,

en cuartos recién fríos,

noches que devolvéis a vuestros huéspedes

un olvidado sabor a sí mismos!

La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,

de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.

Sin despreciar

-alegres como fiesta entre semana-

las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían

trabajos de amor disperso

si no existiese el verdadero amor.

Mi amor,

íntegra imagen de mi vida,

sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,

-música de mi fondo-

sonríe aún en la imprecisa gracia

de cada cuerpo joven,

en cada encuentro anónimo,

iluminándolo. Dándole un alma.

Y no hay muslos hermosos

que no me hagan pensar en sus hermosos muslos

cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida

que pueda compararla

con la pasión que da el conocimiento,

los años de experiencia

de nuestro amor.

Porque en amor también

es importante el tiempo,

y dulce, de algún modo,

verificar con mano melancólica

su perceptible paso por un cuerpo

-mientras que basta un gesto familiar

en los labios,

o la ligera palpitación de un miembro,

para hacerme sentir la maravilla

de aquella gracia antigua,

fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,

cuando pasen más años y al final estemos,

quiero aplastar los labios invocando

la imagen de su cuerpo

y de todos los cuerpos que una vez amé

aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.

Para pedir la fuerza de poder vivir

sin belleza, sin fuerza y sin deseo,

mientras seguimos juntos

hasta morir en paz, los dos,

como dicen que mueren los que han amado mucho.

Fuente: Link

Lo esencial es invisible a los ojos

Un artículo que leí hace un tiempo del blog de Pilar Jericó, autora del libro “Héroes cotidianos”, he querido rescatarlo para sacar algunas reflexiones.

Todos tenemos miedos: A fracasar, a no llegar a fin de mes, a la muerte… pero quizás, uno de los que más nos condiciona sea el miedo a no ser aceptados, a no ser queridos. Como resumió el filósofo Arthur Schopenhauer:

– El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.-

La necesidad de ser aceptados se ve dificultada en el mundo que nos ha tocado vivir, donde los valores mas encumbrados son la belleza y la juventud. La edad madura parece estar de capa caída, en especial en las mujeres. Un hombre con canas resulta interesante; una mujer intenta disimularlas.

¿Qué os parece? Daría para un debate muy interesante. No basta con decir “es verdad”, sino que es necesario que cada uno bucee en su mente y vea lo que piensa sobre ello o lo que le hace sentir.

¿Por qué, en especial las mujeres, intentamos gustar aparentando ser más jóvenes? ¿Acaso tenemos que demostrar algo? Y sobre la belleza, ¿acaso tenemos que ser todos iguales a los modelos que nos meten por lo ojos cada día?

Sabemos de sobra que la “belleza” que nos venden no es real, en el sentido que son muy pocas las personas en el mundo que por razones genéticas, en general, disfrutan de esas cualidades físicas. Entonces ¿por qué seguimos pensando que tenemos que parecernos a ellos para ser aceptados y gustar?

Pensad por un momento la cantidad de personas que habéis conocido a lo largo de vuestra vida. ¿Qué cualidades tenían aquellas que os gustaban? Esas personas que no sabías bien porque pero que te gustaba pasar tiempo con ellas, con quien compartías un tiempo de mucha calidad, con quien aprendías, te reías… Parece que todas esas personas despertaban en ti emociones positivas. Una de las cualidades que he visto en aquellas personas que más me gustaban es que estaban seguras de sí mismas.

Buscar la satisfacción personal en algo con fecha de caducidad es apostar por un caballo perdedor, aunque los anuncios se empeñen en vendernos otra cosa.

A veces parece difícil resistirse a los anuncios. Cada vez se analizan más técnicas a partir de las cuales se estudia el cerebro, se aprende a estimularlo. Hacen anuncios cada vez más “atractivos”, o al menos creo que esa es la intención. Una opción es apagar la televisión. Así no te ves bombardeado por todos esos anuncios. Al margen de esta “broma”, algo importante y necesario que deberíamos hacer y que te animo a ello, es tener muy presente tus valores. Dedicar tiempo a saber cuáles son tus valores. La satisfacción personal pienso que se consigue cuando actúas acorde a tus valores.

El psiquiatra Viktor Frankl afirma que la neurosis de nuestra sociedad es el vacío existencial. Y para evitarlo, lo rellenamos con aquello que después tememos perder, ya sea juventud, belleza, una casa envidiable o un puesto de prestigio en una empresa. En definitiva, creemos que nuestra identidad y nuestra valía personal dependen del tener, que no del ser. Y ese es el origen de nuestros miedos. Difícilmente podremos perder lo que somos, pero sí lo que poseemos; y, sin lugar a dudas, perder la juventud es ley de vida.

Nunca perderemos lo que somos. Por eso defiendo firmemente aprender y desarrollar buenas habilidades personales que nos ayudarán después a adquirir habilidades profesionales. Desarrollar por ejemplo nuestra inteligencia emocional, conocer cómo reaccionamos ante las cosas que nos duelen o situaciones límites, para no dejarnos llevar por los impulsos cuando se produce lo que los psicólogos llaman “secuestro emocional”.

 

Si pensamos en quiénes han sido relevantes en nuestras vidas, difícilmente destacaremos a los más a

tractivos, sino a los que nos han querido tal y como somos, con nuestros defectos y

nuestras arrugas. Aquellos que nos han hecho sentirnos importantes y únicos. Antoine de Saint-Exupèry, autor de El Principito, lo resumía del siguiente modo:

Lo esencial es invisible a los ojos.

Podéis leer el artículo completo en el siguiente enlace:
http://www.pilarjerico.com/¿miedo-a-envecejer-2