Cómo montar tu startup siendo mujer y no morir en el intento

No me he dado casi cuenta que hace mucho que no he podido escribir en el blog. Y no ha sido por falta de cosas que contar sino más bien por un cambio de prioridades a la hora de dedicar mi tiempo. Como os comentaba en Aventura de una emprendedora llevo ya un año montando mi propia startup con un equipo de emprendedores en Las Rozas, o mejor MelRozas que es como lo llamamos. Desde septiembre de 2012 estoy inmersa en un mar de proyectos que hasta ahora me han mantenido con ilusión para seguir creyendo en mis sueños. He querido detenerme hoy para tomar un poco de perspectiva y compartir algunas lecciones aprendidas.

Inicialmente iba a empezar en un proyecto de exportación de productos españoles a Taiwán, pero se quedó parado porque había en marcha un producto para ayudar a la gestión que los ayuntamientos tienen que realizar con sus ciudadanos para mantener y conservar adecuadamente sus edificios. Fue en octubre de 2012 cuando mi tiempo estaba prácticamente enfocado a Admite City, que así es como se llama este proyecto. Mientras validábamos este modelo de negocio en el mercado, en el camino descubrimos una necesidad no cubierta para los técnicos que tienen que realizar las inspecciones técnicas de los edificios, que actualmente se llaman informes de evaluación de edificios. Y nos pusimos a desarrollar Admite Pro, que en breve saldrá al mercado y es el proyecto que más tiempo nos está requiriendo actualmente.

Después de estar siete meses sin tener ingresos y sin paro ni indemnización, porque me había ido de la empresa de forma voluntaria, empezamos a tener unos pequeños ingresos. Fue y sigue siendo una inversión que estoy haciendo en cada uno de los proyectos con esperanza a que consigamos encontrar un modelo de negocio que realmente funcione. Y en ese camino estamos todo el equipo.

Además de estos proyectos han surgido otros, como ser profesora en la EOI en el programa de Iniciativa Emprendedora para enseñar las herramientas que utilizamos para crear nuestros proyectos en la startup a gente universitaria. También he sido profesora en Thinkids Project, donde enseñamos esas mismas herramientas adaptadas en formato de talleres de campamento para niños y niñas entre 8 y 15 años. Las dos experiencias como formadora han sido y son muy gratificantes. Uno de mis sueños sería volver a mi facultad de Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid para contarles mi experiencia y animarles a que crean en sus propios proyectos y cómo empezar con ellos. Otro de mis sueños es poder llevar al mercado proyectos que ahora mismo están en la universidad y que se quedan en las estanterías de las bibliotecas, y son fantásticos, tanto, que donde deberían estar es validándose en la calle. Y en ese camino estamos tratando de empezar colaboraciones con una profesora muy especial, gran profesional y excelente persona, Mª Carmen Fernández Panadero de la Universidad Carlos III. Seguro que algo bueno saldrá porque es increíble el trabajo que está haciendo con su equipo Gradient.

Os puedo contar que la aventura está siendo apasionante, que soy mucho más feliz que hace un año y medio y que soy mucho más valiente para tomar decisiones y atreverme a hacer cosas que hasta ahora no había hecho, tanto en el terreno personal como profesional. Nuestro mentor en la startup, Albert Ventura, me anima cada semana para hacerlo. Puedo hacer y deshacer todo aquello en mi vida que no me haga feliz.

No todo son alegrías. Tengo días de «bajón» en los que me entran dudas, miedo, cuando la incertidumbre me sobrepasa y no sé qué haré en unos meses. Nos acostumbran desde pequeños a vivir en un mundo de certidumbre, de seguridad, cuando todo es una falacia porque la seguridad no existe. Pero aprender a convivir con un alto nivel de incertidumbre lleva su tiempo de adaptación. Hace tan solo unos días me pasaba un buen amigo un artículo solo musculación y neuronas que me gustó mucho por las explicaciones que aporta sobre la generación de nuevas neuronas al hacer tareas nuevas. ¿Cuándo ha sido la última vez que has hecho un trabajo o tarea que nunca habías hecho?

Hay días en los que me miro en el espejo y pienso «qué orgullosa estoy de ti, cómo me gusta ser quien eres» y sin embargo otros días me miro y me pongo a llorar. En esos momentos suelo acudir a mi hermana Ana (somos gemelas), que ahora está en Estrasburgo trabajando y viviendo su sueño también como una luchadora nata. La verdad es que la echo mucho de menos. Aunque el fantástico Hangout de Google hace más llevadera la distancia. Cuando estamos bien nos gusta contarlo a los cuatro vientos y cuando estamos mal nos encerramos. ¡Pues no está bien encerrarse! Porque se entra en un diálogo interno contigo mismo negativo que lo único que hace es que estés más triste. Asique mejor habla con aquella persona o personas especiales que tienes en tu vida y pídeles ayuda. Muchas veces solo con hablar con ellas te sientes mucho mejor y te ayuda a soltar lastre.

En este año de aventura lo que he aprendido es a tratar de reducir los días de estado negativo. Tengo ciclos emocionales que se repiten: felicidad, entusiasmo, te crees capaz de conseguir cualquier cosa y luego la tristeza, el desasosiego, la angustia o el miedo. Trato de pasar el menor tiempo posible en los estados negativos. Pido ayuda si la necesito. Me repito «¿qué haría si no tuviese miedo?» y pienso cómo hacerlo. Cuando veo que llevo mucho tiempo sin quedar con los amigos por la carga de trabajo, pues les llamo y quedamos. Esto quiero cambiarlo y poder quedar con ellos con más frecuencia. Por el trabajo estoy renunciando a vida personal que me gustaría tener. No he dejado tiempo en mi lista diaria para hacer ejercicio, aunque la parte de alimentación trato de tenerla más o menos bajo control y comer lo más saludable posible. El ejercicio lo necesito cada vez más, sobre todo para desconectar, pero al final el trabajo me come todas las horas del día. En enero de 2013 quise apuntarme a un club de montaña y federarme para hacer salidas a la montaña con ellos. Pues no me apunté porque estaba saturada con el trabajo. Las horas de sueño tampoco son suficientes. Paso muchos días que duermo poco y que trato de compensar los fines de semana. Termino las semanas tan agotada que los fines de semana lo que quiero es dormir. Esto sé que no es bueno para mi salud y trataré de empezar a pensar acciones para cambiar estos malos hábitos que a la larga repercutirán en mi salud.

Lo que he aprendido es que aunque me guste lo que estoy haciendo en el trabajo, la pasión que le pongo, las ganas de sacar los proyectos adelante, y todo el crecimiento personal que me está suponiendo, también necesito poner límites, primero por mi salud y segundo para equilibrar mi vida personal. Echando la vista atrás, no es que ahora esté en un pico de trabajo sino que llevo en pico de trabajo un año. Creo que en esta situación se podrá ver reflejada muchas personas, sobre todo aquellas que trabajan en sus propios proyectos, y que sienten que tienen que hacer lo que sea para sacarlos adelante. Creo muy necesario poner límites a «hacer lo que sea» cuando ello te puede estar quitando tu salud. Espero ir contando con mayor frecuencia los progresos en mis proyectos y el desarrollo de habilidades.

  • ¿Cómo están siendo los comienzos de tus proyectos?
  • ¿Cómo encuentras un equilibrio en toda tu vida?
  • ¿Qué límites has empezado a poner en tu trabajo?

La aventura de una emprendedora

En los últimos meses no me he olvidado de esta pequeña joya de blog que con tanto cariño e ilusión empecé a escribir hace ya dos años. Desde septiembre estoy inmersa en una gran aventura como emprendedora creando una serie de proyectos con un grupo de emprendedores tan soñadores como yo.

¿Cómo he llegado hasta este punto? Desde el año 2009 han ocurrido cambios muy importantes en mi vida a nivel personal y profesional. He desarrollado y descubierto habilidades que no sabía que tenía. He conocido gente estupenda que ha favorecido mi desarrollo y sobre todo he aprendido a conocerme a mí misma un poco mejor.

Nubes_negrasProfesionalmente hablando 2009 fue un año estupendo donde aprendí a un ritmo contra reloj muchísimo sobre Seguridad de la Información, en especial en el área de Desarrollo de Negocio. Trabajé sin descanso para ser lo mejor que podía ser en este área, aportando lo mejor de mí y estudiando continuamente. En el año 2010 se materializó todo mi esfuerzo en un contrato laboral. Fue pasando el tiempo y esa pasión desapareció en 2011. Quería retos que me permitiesen demostrar lo que era capaz de hacer y no los tenía donde estaba. Sabía que podía hacer otras cosas. Algo dentro de mí gritaba continuamente y trataba de callarlo porque no tenía ni idea de lo que quería decir. No sabía ni lo que quería. Dediqué muchas horas en redes a buscar aquello que me ilusionase de nuevo. Pasaban los días, las semanas y los meses sin encontrar nada, sino más de lo mismo, y mi ánimo iba decayendo poco a poco. Ideas locas en otros países cruzaban mi cabeza sin ningún resultado materializado.

LibrosEn momentos bajos me ayudó leer el libro «Recuperar la ilusión» de Mª Jesús Álava Reyes. Su listado fantástico de actividades placenteras me ayudaba a tomar distancia con la situación y pensar en un plan distinto. Leí también el libro de «El elemento» de Sir Ken Robinson donde aprendí cómo otras personas habían descubierto la pasión de su vida. Me ayudó a identificar esos pequeños momentos de «estado de flujo», como decía Mihaly Csikszentmihalyi en su libro «Fluir (Flow): Una psicología de la felicidad«.

En enero de 2012 conocí, gracias a mi hermana gemela, a un grupo de emprendedores con los que compartía muchos más intereses de los que me esperaba. Diseñar modelos de negocio, técnicas de creatividad y mapas de empatía, eran algunos de los temas que aprendí en un taller gratuito que este grupo de personas impartía en su casa y al que mi hermana me invitó. El año 2012 fue un año donde me sentía más perdida que en ninguno de los años anteriores. Pasé la mayor parte centrada en mejorar mi nivel de inglés preparando un examen oficial que aprobé. En verano, tras las semanas de vacaciones, me di cuenta que llevaba arrastrando un estado de ánimo triste, sin ilusión, sin sueños en mi vida desde hacía demasiado. Y decidí, gracias a una oportunidad que se me había presentado a lo lardo del año y a la que no había prestado mucha atención, que podía cambiar todo lo que en ese momento no me gustaba y que me estaba machacando. En septiembre dejé mi trabajo para empezar una aventura como emprendedora con las personas que había conocido gracias a mi hermana y que me habían propuesto soñar con ellos.

bebe_sonrisaY desde entonces estoy inmersa en una aventura realmente genial que espero contaros poco a poco y con la que he vuelto a recuperar la ilusión, con la que me siento feliz. Es increíble el poder y la satisfacción que da ser conscientes que podemos decidir dejar de hacer aquello que no nos hace felices y ponernos en camino de hacer aquello que realmente amamos.

Me he sentido perdida mucho tiempo y ahora empiezo a ver sentido a todo lo que he estado haciendo mientras no sabía dónde estaba.

Quiero agradecer todo lo que me han enseñado y animado en este tiempo a mis amigos Gonzalo Álvarez y Marty Mallavibarrena. Muy especialmente a mi hermana Ana por ser un gran apoyo en mi vida y que me descubrió un mundo que ahora me apasiona. Y por último y no por ello menos importante a Néstor Guerra  por darme la oportunidad de soñar para cambiar este mundo.

Crea cuadros de mando de tu vida

Hace un tiempo descubrí los calendarios compactos en el blog “El canasto”, página que recomiendo si quieres aprender a ser más productivo. Desde que los descubrí no he parado de sacarles partido.

La propuesta que os quiero hacer es elaborar cuadros de mando de vuestra vida. Una empresa utiliza cuadros de mando para casi todo. Robert Kaplan y David Norton muestran en su libro “Cuadro de Mando Integral” un método que ayuda a los gestores a medir las actividades de una empresa de forma global en base a su visión y estrategia.

¿Por qué no adaptar la idea para nuestro día a día? Ser capaces de ver la evolución de nuestro peso, los días que hacemos ejercicio, los exámenes que hemos tenido y las notas, las veces que hemos ido al fisio, reuniones clave que hemos tenido y una lista que cada uno puede elaborar en función de sus necesidades.

Si medimos, podemos detectar puntos de mejora. Ya no vale decir “sí, sí que salgo a hacer ejercicio pero no pierdo peso”, por poner un ejemplo, ya que podrás ver en tu cuadro los días que realmente has salido y los que no.

Puedes tener un calendario compacto agrupando actividades y rodeando con círculos de colores cada una de ellas. Por ejemplo:

  • Calendario1 – Agrupar actividades relacionadas con la salud: ejercicio físico, peso (1 vez al mes), visitas al fisio, el período, revisiones médicas …
  • Calendario 2 – Agrupar exámenes: exámenes de la universidad, certificaciones, idiomas …
  • Calendario 3 – Reuniones, eventos, citas …

Yo tengo pinchados mis tres calendarios en un corcho en la pared de mi habitación. Es una forma visual de echar un vistazo a los progresos que voy haciendo y sobre todo para hacer seguimiento, que muchas veces organizamos mucho pero se nos olvida la parte de revisión. Nos puede ayudar a motivarnos con cada uno de los logros que vamos consiguiendo. Cuando ves todo el trabajo realizado en una hoja, ya no se trata de suerte, sino de habértelo currado.

¿Cómo mides tus progresos? Estaré encantada de leer vuestras propuestas.

¿Qué has conseguido en 2011 y qué quieres para 2012?

Ya hace un año que empecé este pequeño proyecto de escribir el blog. Ha sido un año lleno de buenos recursos que he tratado de compartir para que otros, al igual que yo, crezcan y potencien todo lo que saben que pueden y todo lo que han descubierto que son capaces de hacer.

He querido pensar una serie de preguntas para focalizarnos en los objetivos que hemos conseguido en este pasado 2011. Las preguntas concretas nos ayudan a “aterrizar” en lo que hemos logrado para aumentar nuestra autoestima y después poder hacer un plan de objetivos para el año 2012. Es importante disfrutar y sentirnos orgullosos de aquello que hemos conseguido, y no sólo estar enfocados en aquello que nos queda por conseguir, porque nos desgastaremos rápidamente. Aquí os dejo algunas preguntas:

  • ¿Cuántas personas has conocido este año?
  • ¿Qué te ha aportado cada una de esas personas?
  • ¿En qué área de tu vida han aportado algo importante?
  • ¿Con cuántas personas conocidas has retomado el contacto?
  • ¿Ha sido positivo el reencuentro?
  • ¿Has mejorado la relación con tu familia?
  • ¿Te has hecho alguna revisión médica?
  • ¿Cuánto te has acercado a tu peso deseado?
  • ¿Qué estudios o asignaturas has acabado?
  • ¿Qué exámenes has aprobado?
  • ¿Qué tratos has cerrado?
  • ¿Cuánto has ahorrado?
  • ¿Qué viajes has hecho?
  • ¿Qué has aprendido de esos viajes?
  • ¿Cuántos días has hecho deporte?
  • ¿Has salido al campo o al monte?
  • ¿Qué libros has leído?
  • ¿Qué has aprendido de esos libros?
  • ¿Has explicado algún tema que te guste a gente de tu entorno, sólo por el placer de compartir lo que sabes y ayudar a otros?
  • ¿Cuántas veces has dado las gracias?

Espero que este 2012 esté lleno de buenos recursos con los que podamos aprender y ser mejores personas.

¿Qué otras preguntas te ayudan a hacer un repaso de tus objetivos cumplidos?

¿Cuándo se acaba una etapa de la vida?

Hace algún tiempo que empecé a leer alguno de los cuentos y libros de Paulo Coelho. No entraré en esta entrada a cuestionar u opinar sobre este autor. Sólo diré que no cita las fuentes que utiliza. Al margen de esto, hace poco una buena amiga me envió un texto de este autor que me gustó mucho y que he querido compartir con todos vosotros.

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿se acabó tu relación?, ¿ya no vives más en esa casa?, ¿debes irte de viaje?, ¿la relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente «revolcándote» en los por qué, en rebobinar la cinta y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El encender «tu televisor personal» para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando «puertas abiertas» por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿necesidad de aclaraciones?, ¿palabras que no se dijeron?, ¿silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

Paulo Coelho

Si crees que no puedes conseguirlo, espera y aprende de estas historias

Hace tan sólo unos días tuve la gran suerte de asistir a una conferencia de Alex Rovira. Me pareció una persona excepcional, extremadamente cercana.

En la conferencia habló de dos historias realmente increíbles que he querido dejar aquí y que más personas las puedan conocer.

La primera de ellas es la de Helen Keller. Helen cuando era tan sólo un bebé con 19 meses sufrió una grave enfermedad que la dejó ciega y sorda. Esto hizo que su desarrollo para comunicarse se paralizase, con la frustración que eso provocaba en la niña. Sus familiares la veían como una niña incontrolable. Unos años después, la que sería su profesora y amiga inseparable Anne Sullivan, le enseñó a leer y comunicarse con los demás, y a controlar su mal genio. Comenzó a enseñarle cómo vibraban las palabras en las yemas de sus dedos. Anne cogió la mano de Helen y la puso sobre su boca mientras la otra mano de Helen tocaba el agua. En ese momento Anne comenzó a pronunciar la palabra “agua” una y otra vez hasta que Helen entendió que lo que tocaba se correspondía con una vibración en las yemas de sus dedos. Enseguida la mano de Helen buscó la hierba y comenzó a moverse queriendo saber cómo se decía. Entonces Anne pronunciaba la palabra “hierba” una y otra vez. De este modo le enseñó todo el vocabulario que la técnica le permitía.

Tiempo después comenzó a enseñarle con golpecitos sobre la palma de la mano de Helen. Helen aprendió el lenguaje Braille, fue a la Universidad de Radcliffe y se graduó con honores. Publicó su primer libro en 1902, «La Historia de Mi Vida». Años más tarde se dedicó a ofrecer charlas por todo el mundo contando sus experiencias.

La segunda historia es la de Dick Hoyt, un ex militar estadounidense de 69 años, hoy reciclado en profesor, protagoniza junto a su hijo Rick, de 47 años, una de las demostraciones de superación más increíbles de la historia.

Rick nació con el cordón umbilical enrollado en el cuello y la falta de riego al cerebro le provocó una parálisis cerebral, lo que le impide hablar, andar, manipular, moverse libremente, coordinar de manera adecuada manos y brazos. Los médicos diagnosticaron que el niño estaría en estado vegetal de por vida. Sus padres no se resignaron e ignoraron el diagnóstico de los médicos. No renunciaron a que tuviera un papel activo y autónomo en su vida. Ellos le hablaban y le enseñaban cómo se llamaban las cosas de su alrededor. No tenían respuesta de su hijo pero ellos seguían enseñándole todo lo que ellos podían. Le educaron igual que a sus otros hijos.

A los 12 años fue cuando Rick pudo expresarse por primera vez gracias a un programa informático especial que interpreta los movimientos de la cabeza y los traduce en palabras con las que construye frases. También fue mérito de los ingenieros de la Universidad Tufts, que reconocieron que el sentido del humor que manifestaba Rick indicaba inteligencia. A sus 12 años Rick fue capaz de aprender a usar ese ordenador especial para comunicarse mediante los movimientos de la cabeza. Las primeras palabras que logró escribir fueron «¡Vamos, Bruins!», un grito de ánimo para su equipo local, por lo que su padre comprendió que era un amante del deporte y decidió embarcarse con él en una peculiar aventura para realizar los sueños de su hijo: entrenar y competir juntos en maratones, triatlones y grandes desafíos físicos, llevándolo como un adulto lleva a un bebé en su carrito.

Con el ejemplo de su padre, Rick ha visto de primera mano cómo es posible lo aparentemente imposible, cómo la fuerza del amor y la voluntad de mejorar ganan la partida por goleada a la resignación y a la apatía.

Conocidos como el «Equipo Hoyt», Dick y Rick hicieron juntos su primera carrera en 1977. Desde entonces y hasta hoy han participado en más de mil competiciones, incluidas más de 200 triatlones (6 de las cuales fueron competiciones Ironman, que consisten en concluir una maratón completa —es decir, cerca de 44 kilómetros de carrera—, junto con 180 kilómetros en bicicleta, a los que hay que añadir 4 kilómetros a nado; todo seguido, una prueba tras otra). A su palmarés se añaden 20 duatlones y 64 maratones, incluidas 24 maratones de Boston consecutivas.

Es impresionante ver cómo el padre, Dick, de casi 70 años, lleva a Rick, de 47 años y cerca de 70 kilos de peso, en una silla especial acoplada a su bicicleta, lo arrastra en un bote cuando nada o lo empuja en una silla de ruedas adaptada cuando corre. Es difícil llegar a entender cómo un hombre a tal edad tiene la energía para culminar una competición tan dura como es la Ironman mientras carga con el peso de su hijo y de los dispositivos necesarios para ello; además ha obtenido unos registros asombrosos.

Gracias al ejemplo de su padre, Rick estudió, acabó el bachillerato y se licenció en Educación Especial por la Universidad de Boston. Actualmente vive una vida autónoma en su propio apartamento y es un profesional que trabaja en el Boston College.

Doy gracias a Alex Rovira por descubrirme estas increíbles historias. Espero que no dejen indiferente a nadie. Os dejo un vídeo sobre la historia del Equipo Hoyt.