No todo vale, no.

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Hace unos días hablaba con un conocido sobre las regulaciones legales de constitución de empresas, asociaciones, cooperativas, fundaciones, etc. Yo mostraba mi indignación por muchas prácticas que veo y que no comparto.

Este conocido me dijo que pensase en los accionistas que están destrás de las empresas y qué les motiva. Y en todos los accionistas en todo el mundo detrás de fondos de inversión.

Muy enfada yo respondí que hasta ahora no había encontrado fondos de inversión que yo supiese en que invertían el dinero, y por eso no había invertido en ellos. Se reía de mí porque me explicaba que el IPC se come mis ahorros si no los invierto.

Y entonces me salió del alma decirle que no puedo cambiar el mundo pero puedo hacerme responsable de mis acciones. Y elegir, o no, invertir en algo, es una decisión que depende solo de mí. Que yo no me hago la «despistada» en plan «yo no sabía de nada, solo les dije que yo quería esa rentabilidad y me daba igual lo que hiciesen para conseguir esa rentabilidad». No, no y no. Claro que puedo elegir.

¿A costa de qué se obtienen rentabilidades? ¿De vender humo?

¿A costa de no pagar salarios a las personas o pagarlas tarde?

¿A costa de no pagarles la seguridad social?

¿A costa de no pagar los beneficios sociales?

¿A costa de no pagar los reembolsos de gastos o pagarlos con mucho retraso?

Una vez escuché «si tus empleados tienen un aguante sin cobrar mayor que el de tus proveedores pues se aprovecha a los empleados». Esto me dió la vuelta el estómago.

Todo no vale. No vale. No es ético. No se puede estar exprimiendo así a la gente.

Hace unas semanas vi la película «el último cazador» de Willem Dafoe, recomendada por un buen amigo. Me quedé echa polvo después de verla. Y la vi una segunda vez al día siguiente. Estuve unos días revuelta. Como si muchas cosas que no estoy dispuesta a tolerar saliesen de repente a la superficie consciente y me dejasen en shock.

Y sentía que ese es el mundo en el que vivimos y que no me gusta. Que no tiene ningún sentido.

Y serendipias de la vida, mientras escribía este post me ha llegado el vídeo de Joan Antoni Melé, persona que no conocía, que quiero compartir porque comparto muchas de sus reflexiones. Dejo un pequeño extracto:

«… si la vida es solo una lucha por la supervivencia, ¿por qué hacemos poesía, componemos música, pintamos cuadros, construimos catedrales, esculturas? Hacemos esto porque somos humanos.

¿Por qué sin ser necesario es tan importante para nosotros todo esto? Porque hace años que el ser humano salió de la necesidad y entró en el ámbito de la libertad. Lo hacemos porque somos libres y creadores. Y lo hacemos por amor. Porque algo que llevamos dentro lo queremos compartir.

Pero esto que hacemos en el arte se nos ha olvidado hacerlo en la vida social y económica donde contínuamente luchamos y nos animalizamos».

¿Qué es lo que la vida te ha enseñado a ti?

Sentirnos identificados dentro de la historia de una película, nos pone la piel de gallina. Contar una hazana de la que realmente nos sentimos orgullosos de haber conseguido, nos entrecorta la voz de emoción y nos llena los ojos de lágrimas. Conseguir lo que otros dudaron que conseguiríamos nos llena el corazón de orgullo y valor. Valor para volver a hacerlo y quizás conseguir algo mucho mayor de lo atesorado.

Así vamos acumulando experiencias. La forma en la que mido el valor de cada una de ellas es cómo me sentí mientras las vivía. Muchas veces he llorado. Algunas he reído. En muchas aventuras he estado sola. Pero sigo ahí, abriendo camino quizás para personas que en un futuro consigan sentir el valor que produce crear algo por tu esfuerzo y voluntad.

La experiencia de la vida me enseña que no todo lo que tienes voluntad de conseguir lo consigues. Algunas cosas sí, y otras muchas no. Porque no todo depende de mí. Y necesito hacer un trabajo interno mío de auto-motivación sobre el fracaso. Porque en el sistema educativo y profesional me han enseñado que fracasar significa no conseguir aquello que te habías propuesto.

Nadie me habló de lo complejo que es el camino de desarrollar, construir, concreatar en la vida real una idea abstracta pintada en una hoja de papel. Lo he aprendido a base de prueba y error. A veces lo que pensaba que podía construir resulta que no puedo contruirlo, porque no tengo dinero para hacerlo, no tengo la tecnología, no tengo el equipo, no tengo el tiempo, no tengo los socios, no tengo el conocimiento. Y necesito repensar la idea.

Me quedo con la fuerza que siento mientras estoy creando. Con la auto-confianza. Y en esencia es el aprendizaje lo que me motiva.

¿Qué es lo que la vida te ha enseñado a ti?

Necesitamos integradores y expertos colaborando juntos

«Un camino de mil pasos». «Todos los caminos empiezan por el primer paso».

Esto lo he escuchado y leído en diferentes fuentes, que ahora mismo no recuerdo. Pero también lo he observado en mi propia vida, con solo mirar atrás y unir los puntos. Como dijo Steve Jobs en su famoso discurso de Stanford. Solo conseguimos unir los puntos mirando hacia atrás.

Realmente no sabemos a dónde nos llevaban esos pasos. Igual tenías una idea o una intuición. Pero con seguridad no sabíamos a dónde nos llevaban. Solo cuando tratamos de entender qué hemos hecho para que estemos hoy donde estamos, es cuando nuestra mente crea esas conexiones con los hechos de nuestro pasado, las conexiones con cada una de las decisiones que hemos tomado, con cada uno de esos pasos. Porque, a ver, un paso, es una decisión que tomamos, una elección, una acción que realizamos.

Siento que necesitamos aún cambiar muchas cosas en nuestra educación. Si observamos y leemos lo que muchos médicos y psicólogos han publicado sobre el desarrollo de niños, adolescentes y jóvenes, nos explican que:

  • De 0 a 7 años, se produce el desarrollo físico;
  • De 7 a 14 años, se crea su desarrollo emocional;
  • De 14 a 21 años, se crea su desarrollo social, nuestra integración en la sociedad.

¿Qué les estamos enseñando?

Roberto Crottogini recoge un conocimiento excepcional sobre los ciclos de 7 años que todos vivimos, en su libro «La Tierra como escuela«, médico que se atrevió a quebrar el modelo de la medicina académica para irrumpir en el ámbito de una medicina complementaria y totalizadora.

¿​Cuál​ es​ ​​la naturaleza física que ese niño tiene de forma innata, con la que nace? ¿La entendemos? ¿La respetamos? ¿Dejamos que se exprese? ¿Le enseñamos a ser independiente para que explore y ​​descubra su entorno y ​se descubra a sí mismo? Lo mismo creo necesario sobre su naturaleza emocional y su naturaleza social. Los niños ya nacen sabios. Pero la homogeinización los destroza.

¿Qué herramientas nos ayudan a descubrir todo esto? Creo que no es una herramienta, sino un compendio de ellas. Porque cada persona es diferente, cada persona tiene una forma diferente de expresarse, de entender, de percibir el mundo.

Necesitamos personas expertas en el manejo de diferentes herramientas, que respeten los tiempos y necesidades que cada persona tiene en base a su momento vital, su entorno, y su propio desarrollo evolutivo.

Cada sistema se empeña en imponerse sobre el otro, en querer tener razón. La sombra de la vanidad, explicada en el libro de «Las claves Genéticas» de Richard Rudd, nos lleva por el camino de la amargura. Desde mi punto de vista, es imposible que una herramienta sea mejor que otra siempre, en todas la situaciones y para todas las personas. Cada sistema se aproxima de forma diferente a la naturaleza de cada persona. Luego, no es un sistema o herramienta lo que necesitamos, sino que necesitamos personas expertas en diferentes herramientas que colaboren entre ellas, y personas que integren todo este conocimiento.

Personas expertas en el arte de empatizar y entender la mente, el cerebro y el cuerpo humano, para poder facilitar el acceso a diferentes herramientas y que cada persona use para su propio auto-descubrimiento la que quiera. No desde la imposición. No sirve la guía tradicional condicionada por la mente. Necesitamos aprender sobre nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Pones encima de la mesa herramientas, y de forma ética y honesta las explicas. ​Y dejas a la persona que escoja de forma libre la que quiera. No la condiciones. No la manipules. No le metas miedo.

Si coge una herramienta y sigue investigando por su cuenta, es correcto, porque es lo que la persona ha escogido. Si no coge una herramienta, déjala, no la obligues a usarla. Tiene sus motivos, muchas veces incoscientes. Es posible que esa persona necesite recorrer un camino diferente, y que posiblemente le lleve al mismo punto, a la misma herramienta que tú quisiste enseñarle, pero que no era el momento para esa pesona. Respeta su decisión. Y si eres un amigo auténtico, seguro que si se da una hostia por ir por un camino que no era correcto y vuelve a pedirte tu consejo, estate ahí para ayudarle de forma honesta y compasiva. Pero con compasión consciente, como dice Ken Wilber.

Para mí, desde mi propia experiencia, lo bonito es dejar libertad a la persona para que se exprese de forma única y escoja lo que esa persona sienta por su intuición. Esa intuición nace del cuerpo, no nace de la mente. Hasta que no pongamos la mente en su sitio seguirá tiranizándonos, porque nos creemos lo que pensamos.

https://www.youtube.com/watch?v=fuJyeOBTF_A

El camino dorado que hemos venido a vivir en esta vida

Una de las herramientas, de las muchas que hay, para auto-descubrir quién eres, y que he aprendido con mi mentor Alf Gauna , es el camino dorado del libro de las Claves Genéticas de Richard Rudd.

Lo que yo estoy aprendiendo con este libro es que no funciona solo con leerlo, al menos no para mí. Necesitas vivir y sentirlo. Identificarlo como parte de ti. Y este es un proceso solitario y largo, que pocos quieren hacer.

Cada persona tenemos un camino de aprendizaje en esta vida. Este camino inicia comportándonos desde nuestras sombras. Todos nos comportamos en base a nuestras sombras. Y es muy complejo darte cuenta de esto. Y es mucho más jodido admitir que nos comportamos desde la sombra, como se explica en el libro, con su manifestación represiva o reactiva. Necesitas aprender a poner la mente en su sitio, y reconocer el conocimiento que sale del cuerpo, y no de la mente.

El primer paso es darse cuenta que esa sombra está dentro de ti, de cómo percibes y actuas en la vida. La mayoría de la gente que lo lea probablemente lo lea como un cuento, como algo fantástico, que nada tiene que ver con ellos.

Otras personas puede que sí se identifiquen. Y algo que yo estoy aprendiendo es que te tienes que quitar los pájaros de la cabeza que con leerlo ya te conviertes en la persona que actúa según sus dones. Yo no lo siento así. No vale con leerlo. Necesitas vivirlo.

Como digo, es una herramienta, de las muchas que hay. Que funcione conmigo no quiere decir que funcione con todo el mundo. Cada uno que explore e investigue lo que mejor le funciona para ese auto-descubrimiento.

Eliminar todo lo que nos hace sufrir

No podemos eliminar de nuestra vida todo aquello que nos molesta o nos hace sufrir. Pero podemos aprender herramientas para poner nuestros límites y hacernos respetar.

En mi infancia, durante la fase de mi desarrollo emocional (de los 7 a los 14), tuve que convivir años en el colegio con un niño insufrible que me hacía la vida imposible. Y tuve que convivir con un profesor incosciente y agresivo.

Profesor que también tuve en la facultad de Matemáticas el primer año, y que en diciembre a todos los que suspendimos su examen nos dijo que nos olvidásemos de seguir en esa carrera. Yo había suspendido su examen.

Yo llegué a la universidad con un nivel de conocimientos que no se adaptaba al nivel que muchos profesores exigían. Salí con matrícula de honor del instituto antes de entrar en la universidad. Y me saqué el carnet de conducir durante el verano tan largo que tenía. Y con lo que gané en la vendimia me pagué la autoescuela. En la universidad, cuando no llegaba al nivel exigido, la respuesta muchas veces era que me buscase la vida. No te lo decían así porque no es correcto socialmente, pero en esencia ese era el mensaje. Si no había llegado con suficiente nivel era mi problema. Claro, era mi problema. No era problema del sistema educativo, sino que era mi problema.

Si hoy me encontrase a estas personas, pues me darían ganas de darles una gran hostia para seros sincera. Pero como socialmente esto no es correcto, pues les diría que me he convertido en una mujer increíble.

Que estudié matemáticas, con muchas dificultades pero lo hice. Que empecé a trabajar como becaria en una gran empresa antes de acabar la carrera, porque sabía que era mucho más sencillo entrar en una empresa a través de una beca que con un contrato indefinido, porque cuando no tienes experiencia laboral, la empresa no tiene una referencia tuya y no quiere arriesgarse.

Que hice un máster sobre teoría de la decisión para poder seguir de becaria donde trabajaba porque no podían hacerme contrato fijo. Que meses después me hicieron contrato fijo. Que aprendí muchísimo en un sector completamente desconocido para mí como era la seguridad de la información. Que sobreviví a un ERE de la empresa y no me echaron, porque tenía un salario bajísimo y la empresa echaba a la gente con mayores salarios. Que recibí un premio como persona que más ideas propuso en toda la división de la empresa. Que la división fue vendida a otra empresa y nos trasladaron a otras oficinas. Que me dejaron arrinconada en la empresa sin nada interesante que hacer ni aportar. Que las ideas que proponía no se escuchaban. Que dejé el trabajo para emprender un proyecto con un grupo de soñadores emprendedores.

Que me hice autónoma. Que fui profesora en una escuela de negocios. Que colaboré en escribir un capítulo de un libro para emprendedores. Que me fui a Brasil motivada por mi propia fantasía de hacer algo grande. Que en Brasil ejecuté el mayor proyecto de mi vida, dejando un gran recuerdo en toda la gente que me conoció. Que volví a Madrid y que sigo cumpliendo sueños.

Porque soy así, una luchadora que no se da por vencida. Y la vida ha ido presentándome personas maravillosas que me han ayudado a salir de muchas situaciones donde pensaba que no tenía salida. Siempre hay una salida. Pero necesitamos personas correctas, personas que nos quieran de forma genuina. Y aquí está la clave. Pocas personas nos quieren de forma genuina. ¿Te quieren porque sacan algo de ti? ¿Te quieren porque les resuelves sus problemas? ¿Por qué te quiere esa persona? Cada uno que haga la reflexión que considere sobre cada una de las personas que tiene en su vida.

No hace falta pegar a nadie. Solo necesitamos saber poner nuestros límites, hacernos respetar y seguir con nuestra vida.