Necesitamos humildad para aprender y coraje para decidir

Hace tiempo que encontré este vídeo motivador que nos llena de energía para seguir adelante con aquellos retos que nos planteamos. Algunas de las ideas de este vídeo son:

  • Somos libres para elegir, para tomar decisiones.
  • Aprender algo significa entrar en contacto con un mundo desconocido.
  • Las cosas más simples son las más extraordinarias.
  • Atrévete a cambiar y desafíate. No tengas miedo a los retos.
  • Es necesario insistir una y otra vez para conseguir aquello que queremos.
  • Si no crees en ti mismo puedes perder una batalla que pensabas ganada.
  • Recuerda qué es lo que quieres.
  • No tengas miedo a equivocarte y empieza de nuevo.
  • Ten paciencia para encontrar el momento exacto.
  • Felicítate por tus logros. 
  • Si no has conseguido lo que querías, analiza las causas e … ¡¡ inténtalo con más FUERZA !!
  • El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños.

Necesitamos tomar nuestras decisiones con coraje. Asumir nuestras limitaciones y buscar la manera de superarlas. Si nos falta formación, nos formamos. Si nos faltan habilidades, tratamos de ponernos en situaciones que nos permitan desarrollarlas. Si tenemos miedo, lo identificamos y lo enfrentamos.

Una cita del psiquiatra Enrique Rojas que encontré en el libro de Francisco Alcaide, Fast Good Management, pone en evidencia la necesidad de aprender a gestionar la frustración. Aprender que no siempre podemos tener lo que queremos cuando queremos, hace que aprendas a ser más paciente y esperar al momento exacto para conseguir lo que quieres. 

Enrique Rojas: «Parece una paradoja pero la frustración es necesaria para la modulación de la personalidad. Es la piedra de toque de la madurez. En el triunfo uno se emborracha de sí mismo mientras que el sufrimiento sirve para entender qué significa el arte de vivir»”.

Nos creemos diferentes en la soledad de nuestros pensamientos

¿Qué pasaría si compartíesemos más nuestros pensamientos más privados con personas de nuestra confianza? Todos esos pensamientos que en ocasiones creemos que son extraños, que sólo los tenemos nosotros o que puede incluso parecernos que somos diferentes por tenerlos.

En el siguiente vídeo se puede ver un experimento realizado por el ilusionista Derren Brown.

Cogen una hoja de papel, dibujan su mano, ponen su fecha de nacimiento y meten algún objeto personal pero que no los identifique. Con esa información Brown tratará de escribir cómo es la personalidad de cada una de las personas. ¿Acertará? Se marcha una hora y promete ser preciso, no ser general. Cuando cada uno de los participantes abre su sobre, porque han memorizado el número donde pusieron sus datos, se quedan asombrados. Parece que en sus caras se puede leer “¿cómo lo ha  hecho?”.

Ninguno o casi ninguno podía creer cómo había sido capaz de ser tan preciso. ¿Magia? La primera vez que lo ví la verdad que pensé “¡qué bueno, qué truco tan bueno!”. Si habéis estado alguna vez en un buen espectáculo de magia, es la misma sensación. No podía creer lo que estaba viendo. No sabía cómo probarlo, pero estaba segura que tenía truco. El vídeo continúa diciendo a cada participante que pasen sus descripciones entre ellos y las abran. Entonces vuelves a leer en sus caras “¿qué? ¿cómo? ¿pero si…?”. Descubren que todas las descripciones son iguales, ¡iguales!

La técnica utilizada se llama Cold Reading. Esta técnica se basa en el análisis y la observación del lenguaje no verbal del sujeto a analizar, su forma de hablar, su ropa, apariencia, sexo, edad, religión, origen étnico o nivel educativo.

Una de las chicas del vídeo dice: “Todos tenemos las mismas inseguridades”. ¿Qué ocurriría si contamos nuestras inseguridades a gente de nuestra confianza? ¿Crees que te ayudaría?

La música clásica nos cura el alma

Después de un parón en parte necesario y en parte obligado, vuelvo a retomar las publicaciones con energías renovadas y con ilusión por seguir compartiendo con todos vosotros recursos que sean interesantes para vuestro desarrollo personal y profesional.

En esta entrada he querido hablar sobre la relación que la música clásica tiene con la Inteligencia Emocional, o al menos la relación que me han enseñado y he ido aprendiendo. La música tiene una capacidad especial para conectar con nuestro subconsciente. La parte racional en ocasiones parece no hacernos mucho caso y es porque la parte emocional del subconsciente nos está enviando un mensaje que deberemos averiguar qué significa. Es un modo de verlo. Si algún psicólogo o profesional relacionado con la Inteligencia Emocional quiere corregirme, por favor que aporte sus comentarios.

Podemos entender ese subconsciente con la música. Ésta ayuda a trabajar nuestras emociones, las aflora, las intensifica y podemos identificarlas mejor que dentro de la vorágine diaria de pensamientos. Escuchar con la mente en blanco es importante para dejarte llevar por la melodía y sentir la armonía, que poco a poco nos suele relajar y en muchas otras ocasiones emocionar por su belleza. Los sonidos se vuelven colores o imágenes, puede que recuerdos de momentos pasados, puede que de momentos soñados, pero en todos ellos identificamos emociones. Esto nos facilitará ir trabajando nuestra Inteligencia Emocional.

Algunas obras que un buen amigo me recomendó y que podréis escuchas por ejemplo con la aplicación gratuita Spotify, son las siguientes:

  • Franz Schubert : Sinfonia No. 8 in Si minore, D. 759 – ”Incompiuta”. Allegro moderato by Karl Böhm
  • Pictures at an Exhibition by Lorin Maazel
  • Grieg: Peer Gynt by Bjørn Willberg Andersen
  • Chopin: Fantaisie-impromptu In C-sharp Minor, Op. 66: Fantaisie-impromptu In C-sharp Minor, Op. 66 by Nikolai Lugansky
  • Symphony No. 7 Op. 92: II. Allegretto (Beethoven) by Orchestra Di Padova E Del Veneto & Peter Maag
  • Symphony No. 1 In D Major, “Titan”: III. Feierlich Und Gemessen, Ohne Zu Schleppen by Slovak Philharmonic Orchestra
  • Maskarade (Masquerade): Waltz by Yuri Simonov
  • Scheherazade: The Sea & Sinbad’s Ship by Joakim Svenheden

Os enseño ahora un fantástico vídeo de TED, en el que Benjamin Zander quiere que lleguemos a amar y entender la música clásica. He disfrutado muchísimo con la pieza que toca de Chopin. La he entendido y me he emocionado. ¿Qué os parece?

La Ópera es otro de los géneros musicales que recomiendo, al menos escuchar para saber qué te transmite. Hay personas que dicen “yo es que ese tipo de música no va conmigo”. Os recomiendo escucharla y tratar de ir por ejemplo al Teatro Real a ver una que os resulte atractiva. Para los menores de 30 años hay entradas de último minuto con 90% de descuento. Puede que te descubras emocionado y aplaudiendo por ejemplo Tosca, de Puccini, una de las mejores óperas que se han escrito. Mi parte favorita es “E Lucevan Le Stelle”. En este vídeo se puede ver y escuchar una representación de Plácido Domingo. Como toda ópera que se precie, es una historia muy trágica y en este acto el amado se despide antes de su ejecución. Espero que os guste:

Traducción al español

Y brillaban las estrellas,

Y olía la tierra,

Chirriaba la puerta del huerto,

Y unos pasos rozaban la arena…

Entraba ella, fragante,

Caía entre mis brazos…

¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,

Mientras yo, tembloroso,

Sus bellas formas desataba de los velos!

Desvaneció para siempre mi sueño de amor…

La hora ha pasado…

¡Y muero desesperado!

¡Y muero desesperado!

¡Y jamás he amado tanto la vida!

¡Tanto la vida!

¿Por qué me emociono viendo una película?

Una persona que admiro y que sigo tanto en su blog como en su programa REDES es Eduard Punset. Hace unos meses viendo uno de los programas de REDES me interesó uno en el que se hablaba de las “neuronas espejo”.

Cuando hablamos, sentimos o realizamos movimientos con nuestros cuerpos se activan en los demás que nos escuchan y miran las mismas neuronas responsables de esas acciones, esas neuronas que se activan en mi mente y que hacen que me emocione o me ría viendo una película son las llamadas neuronas espejo.

En los equipos con rendimientos elevados se observa que están muy conectados (según las investigaciones de Marcial Losada) gracias entre otros motivos por la manera en que interactuan entre sí a través de las conversaciones. Esa conectividad, producto de un adecuado manejo de las conversaciones, facilita el aprendizaje colectivo e individual del mismo modo que los altos desempeños en los equipos de trabajo presentan una inteligencia emocional grupal (Goleman,Cherniss y Bennis) elevada la cual radica fundamentalmente en la confianza.

El vídeo completo lo podéis ver en el siguiente enlace: Mentes conectadas sin brujería. Para aquellos que no tienen mucho tiempo para ver el vídeo podéis leer la transcripción.

El poder de la Apreciación

Hace tiempo que conocí este vídeo y de vez en cuando vuelvo a verlo. En él se menciona la capacidad que tenemos las personas de apreciar. Por ejemplo poder ver un atarceder y decir “esto es fantástico” o contemplar el cielo azul sin importar por qué es azul, sólo lo admiras y aprecias lo hermoso que es. Sin esa capacidad de apreciación nos despertaríamos cada día y nos dormiríamos y nada más, hasta que un día ya no nos despertaríamos. Se nos lanza la pregunta “¿qué vale la pena apreciar en nuestras vidas?, ¿qué hay en este mundo que realmente pueda observar y apreciar de verdad?”. No pensar en sueños o fantasías sino en algo que pueda apreciar de verdad no sólo uno, dos o tres días. ¿Qué podemos apreciar hasta nuestro último aliento? Se nos invita a que la próxima vez que contemplemos un atardecer recordemos que estamos vivos, que existimos. Agradecer, no por el atarceder, sino por el aliento que nos permite verlo.

Si crees que no puedes conseguirlo, espera y aprende de estas historias

Hace tan sólo unos días tuve la gran suerte de asistir a una conferencia de Alex Rovira. Me pareció una persona excepcional, extremadamente cercana.

En la conferencia habló de dos historias realmente increíbles que he querido dejar aquí y que más personas las puedan conocer.

La primera de ellas es la de Helen Keller. Helen cuando era tan sólo un bebé con 19 meses sufrió una grave enfermedad que la dejó ciega y sorda. Esto hizo que su desarrollo para comunicarse se paralizase, con la frustración que eso provocaba en la niña. Sus familiares la veían como una niña incontrolable. Unos años después, la que sería su profesora y amiga inseparable Anne Sullivan, le enseñó a leer y comunicarse con los demás, y a controlar su mal genio. Comenzó a enseñarle cómo vibraban las palabras en las yemas de sus dedos. Anne cogió la mano de Helen y la puso sobre su boca mientras la otra mano de Helen tocaba el agua. En ese momento Anne comenzó a pronunciar la palabra “agua” una y otra vez hasta que Helen entendió que lo que tocaba se correspondía con una vibración en las yemas de sus dedos. Enseguida la mano de Helen buscó la hierba y comenzó a moverse queriendo saber cómo se decía. Entonces Anne pronunciaba la palabra “hierba” una y otra vez. De este modo le enseñó todo el vocabulario que la técnica le permitía.

Tiempo después comenzó a enseñarle con golpecitos sobre la palma de la mano de Helen. Helen aprendió el lenguaje Braille, fue a la Universidad de Radcliffe y se graduó con honores. Publicó su primer libro en 1902, “La Historia de Mi Vida”. Años más tarde se dedicó a ofrecer charlas por todo el mundo contando sus experiencias.

La segunda historia es la de Dick Hoyt, un ex militar estadounidense de 69 años, hoy reciclado en profesor, protagoniza junto a su hijo Rick, de 47 años, una de las demostraciones de superación más increíbles de la historia.

Rick nació con el cordón umbilical enrollado en el cuello y la falta de riego al cerebro le provocó una parálisis cerebral, lo que le impide hablar, andar, manipular, moverse libremente, coordinar de manera adecuada manos y brazos. Los médicos diagnosticaron que el niño estaría en estado vegetal de por vida. Sus padres no se resignaron e ignoraron el diagnóstico de los médicos. No renunciaron a que tuviera un papel activo y autónomo en su vida. Ellos le hablaban y le enseñaban cómo se llamaban las cosas de su alrededor. No tenían respuesta de su hijo pero ellos seguían enseñándole todo lo que ellos podían. Le educaron igual que a sus otros hijos.

A los 12 años fue cuando Rick pudo expresarse por primera vez gracias a un programa informático especial que interpreta los movimientos de la cabeza y los traduce en palabras con las que construye frases. También fue mérito de los ingenieros de la Universidad Tufts, que reconocieron que el sentido del humor que manifestaba Rick indicaba inteligencia. A sus 12 años Rick fue capaz de aprender a usar ese ordenador especial para comunicarse mediante los movimientos de la cabeza. Las primeras palabras que logró escribir fueron «¡Vamos, Bruins!», un grito de ánimo para su equipo local, por lo que su padre comprendió que era un amante del deporte y decidió embarcarse con él en una peculiar aventura para realizar los sueños de su hijo: entrenar y competir juntos en maratones, triatlones y grandes desafíos físicos, llevándolo como un adulto lleva a un bebé en su carrito.

Con el ejemplo de su padre, Rick ha visto de primera mano cómo es posible lo aparentemente imposible, cómo la fuerza del amor y la voluntad de mejorar ganan la partida por goleada a la resignación y a la apatía.

Conocidos como el «Equipo Hoyt», Dick y Rick hicieron juntos su primera carrera en 1977. Desde entonces y hasta hoy han participado en más de mil competiciones, incluidas más de 200 triatlones (6 de las cuales fueron competiciones Ironman, que consisten en concluir una maratón completa —es decir, cerca de 44 kilómetros de carrera—, junto con 180 kilómetros en bicicleta, a los que hay que añadir 4 kilómetros a nado; todo seguido, una prueba tras otra). A su palmarés se añaden 20 duatlones y 64 maratones, incluidas 24 maratones de Boston consecutivas.

Es impresionante ver cómo el padre, Dick, de casi 70 años, lleva a Rick, de 47 años y cerca de 70 kilos de peso, en una silla especial acoplada a su bicicleta, lo arrastra en un bote cuando nada o lo empuja en una silla de ruedas adaptada cuando corre. Es difícil llegar a entender cómo un hombre a tal edad tiene la energía para culminar una competición tan dura como es la Ironman mientras carga con el peso de su hijo y de los dispositivos necesarios para ello; además ha obtenido unos registros asombrosos.

Gracias al ejemplo de su padre, Rick estudió, acabó el bachillerato y se licenció en Educación Especial por la Universidad de Boston. Actualmente vive una vida autónoma en su propio apartamento y es un profesional que trabaja en el Boston College.

Doy gracias a Alex Rovira por descubrirme estas increíbles historias. Espero que no dejen indiferente a nadie. Os dejo un vídeo sobre la historia del Equipo Hoyt.