Krishnamurti, deseo de liberar al hombre y al mundo

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Hace poco encontré una cita del hinduismo que he querido dejar en este post:

Una persona siembra un pensamiento y recoge una acción. Siembra una acción y recoge un hábito. Siembra un hábito y recoge un carácter. Siembra un carácter y recoge un destino
(Sivananda)

Un buen amigo me recomendó leer a Jiddu Krishnamurti. Uno de los texto que me gustó mucho fue el siguiente, extraído de un diario de Krishnamurti titulado «El libro de la vida», en el que se resume en gran medida el motivo que principalmente lo impulsó a difundir su mensaje por todo el mundo: el deseo de liberar al hombre y al mundo:

Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica, ¿no es así?, que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; porque su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas.

¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad.

No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre…

Los Seres Humanos…

Por estar tan ansiosos por el futuro, es por lo que se olvidan del presente.
Viven la vida como si nunca fueran a morir, y mueren como si nunca hubieran vivido.
Pierden su salud para hacer dinero, y luego usan su dinero para recobrar la salud.

Estas frases me las encontré en un email que me enviaron hace tiempo y las guardé pensando que algún día las usaría. Ahora es ese momento en el que quiero compartirlas con vosotros. La última frase es una de las que más me llamó la atención porque las otras dos las había leído redactadas de un modo u otro, pero la última me llamó la atención porque es la pura realidad de todos los días de muchas personas. Muchas veces se ha dicho que el dinero no da la felicidad ni la compra. Sobre esto puede haber gente que le saque punta. Pero lo que sí es cierto es que la salud no se compra. En la medida que maltratemos a nuestro cuerpo de jóvenes más nos lo recordará con el paso de los años.

Hace unos meses empecé a leer a Walt Whitman. Tengo que reconocer que no es una lectura sencilla, al menos el libro de poesía «Canto de mí mismo». Algunos de los textos me resultaron complejos de entender. Aún así me gustó porque me transmitió la gran vitalidad que tenía este escritor. Unos versos que un amigo me enseñó de este libro decían:

¿Me contradigo acaso?
Muy bien, me contradigo.
¡Soy inmenso, contengo multitudes!

Mientras leía este libro investigué un poco más sobre este escritor y fui a dar con este texto suyo que os copio y que me ha animado muchas veces. No comentaré mucho sobre este texto porque poco puedo decir de un texto con tanta belleza salvo quedarme sin palabras y sentir todo lo que despierta en mí:

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre…

Anthony de Mello…he encontrado inspiración en muchos de sus libros

Os quiero recomendar a un autor que a mí me gusta mucho. Se llama Anthony de Mello. Puede que algunos de vosotros ya lo conozcáis y puede que muchos otros no. Esta entrada va dedicada para los dos, para que lo conozcáis o para que lo recordéis y busquéis nueva inspiración en algunos de sus libros. 

Si buscáis información en Internet encontraréis mucho sobre él. Os pongo una pequeña recopilación de algunas de las páginas donde podéis encontrar información:

Y seguro que cada uno de vosotros encuentra muchas otras fuentes de información. Os animo a que las publiquéis en los comentarios de esta entrada. A veces para encontrar valiosas «perlas» se necesitan buscadores expertos.

Uno de sus libros que me está abriendo mucho los ojos se llama Autoliberación Interior. En este libro hace un llamamiento a las personas que están «dormidas», todos los que pasan por esta vida dormidos, sufriendo sin saber porqué sufren, angustiados por el pasado o por el futuro y sin disfrutar el presente. Habla sobre que la realidad es inamovible y que muchas veces la distorsionamos para no asumirlo.

Comenta que en español la palabra «deseo» abarca deseos buenos, que son aquellos que nos hacen actuar, y deseos estériles, que no conducen a nada. A estos últimos los llama apegos. La base del sufrimiento es el apego, el deseo.

Las reflexiones que hace sobre la Felicidad os recomiendo pensarlas. Cita este proverbio oriental que dice:

Cuando el arquero dispara gratuitamente, tiene con él toda su habilidad.

Sobre este proverbio comenta que cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya está algo nervioso. Cuando dispara para ganar una medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco, sino dos. Su habilidad no ha cambiado pero el premio lo divide, pues el deseo de ganar le quita la alegría y el disfrute de disparar. Quedan apegadas allí, en su habilidad, las energías que necesitaría libres para disparar. El deseo del triunfo y el resultado para conseguir el premio se han convertido en enemigos que te roban la visión, la armonía y el goce.

Os animo a leer este libro y que me comentéis lo que os parecen sus reflexiones.