Conviviendo con la ira

Después de un desagradable episodio de ira con una persona, me he observado cómo se repite este patrón a lo largo de mi vida con diferentes personas.

¿Qué provocó este estado de ira en mí?

Recibir el desprecio de una persona de quien no esperaba recibir este comportamiento. Harta de haberlo recibido en otras ocasiones y no haber sabido cómo responder, haberme callado cuando lo que quería era mandar al infierno a esta persona, estallé en una explosión de ira donde no me callé.

Después de lo humillada que me sentía, pasé a sentirme culpable por mi reacción y, sobre todo, por el estado emocional desgastante en el que yo me había quedado. Me disculpé con la persona, y no tuve respuesta por parte de ella. Pero yo me sentí mucho mejor.

Con todos los libros que tengo, fui a revisar uno que no había leído. Un libro que me regaló mi hermano. Revisando este libro me han resultado curiosas ciertas serendipias:

  • Editado el 1985, el mismo año que nací.
  • Editado en León, como el arquetipo de animal de mi configuración cognitiva de mi diseño humano.

Este libro se llama “Encontrando un camino: Introducción a una terapia de autoayuda” de Alex Howard. Abrí el libro, y la página por donde abrí hablaba sobre “hacer valer tus derechos y la ira”. No pude evitar sonreír al ver esta serendipia. Me puse a leer y encontré algunas reflexiones que me ayudaron a poner orden cómo me sentía, y los patrones de ira que se repiten en mi vida:

  • Me enfado conmigo mismo porque no me siento satisfecho de la forma en que traté a la otra persona.
  • Me enfado conmigo mismo porque me sentí herido por sus comentarios.
  • Me enfado porque no logré decir, clara y sencillamente, lo que quería.
  • Me enfado porque me dejé llevar por los deseos del otro como resultado de mi propia inseguridad.

Cuantas más formas puede encontrar la persona de expresarse abierta y sinceramente, y de aceptarse a sí misma tal y como es, menos necesidad tiene de enfadarse.

La dificultad está en encontrar formas de descargar la ira sin usarla como arma para herir o manipular a los otros como, por ejemplo, yo te “golpeo” con mis emociones, te engancho, te manipulo, te desarmo o te hago perder tu equilibrio a través de ellas. Ensayando un sinfín de estratagemas para hacerte sentir incómodo, necio y con ganas de castigarte, todo con la esperanza de conseguir que hagas lo que yo quiero.

Y después de este repaso, fui a por otro libro, de una de las personas que, desde mi punto de vista, es la mejor profesional que conozco en temas de asertividad, Olga Castanyer. El libro se llama “Aplicaciones de la Asertividad”. En 2010 compré otro de sus libros, “La asertividad, expresión de una sana autoestima”, que repasaré estos días también, porque parece que se me ha olvidado lo que aprendí en su día. Olga habla de los tres perfiles de asertividad:

  • Agresividad.
  • Asertividad.
  • Sumisión.

En el capítulo 4 del libro “Aplicaciones de la Asertividad”, habla sobre “Cómo reaccionar ante una agresión verbal”. Explica que, por muy asertivos que seamos y muy elegantemente que hayamos aprendido a decir las cosas que puedan molestarnos, nunca podremos evitar que algunas personas y en algunas situaciones nos agredan verbalmente o aún más, que intenten someternos a burla o desprecio.

Hay personas que buscan en todo momento dejar claro que son más inteligentes, rápidas, o eficientes, a base de hacer que los demás se sientan inferiores. La mayoría de las veces, un desprecio o una burla son más una forma de buscar notoriedad que un deseo de dañar al otro.

Si la otra persona tiene necesidad de sentirse reconocida no vamos a permitir que sea a nuestra costa. Las herramientas no nos van a ayudar a cambiar a la persona, pero sí a ponerle límites y no permitir que nos utilice para sentirse mejor.

Algunas de las respuestas que nos propone Olga para memorizarlas y ponerlas en práctica ante desprecios, son por ejemplo:

  • No seas despreciativo.
  • Me estás faltando al respeto.
  • Así no te sigo escuchando.
  • Así no hablo contigo.

Y cortar la conversación.

También nos propone formular algunas preguntas sobre el desprecio que hemos recibido:

  • ¿Por qué se supone que no entiendo de estas cosas?
  • ¿Por qué no te vale la pena perder el tiempo conmigo?
  • ¿Qué es lo que te decías?

Revisando a nivel profundo mi diseño humano, revisando la caja planetaria (herramienta 64Keys) y la configuración que aparece en el planeta Júpiter, en la parte inconsciente, aparece una lección importante:

  • Puerta 58: Alegría. El insaciable impulso de satisfacer el deseo de una alegría de vivir sin cargas y una vitalidad ligera. El potencial de la puerta es la alegría de vivir.
  • Línea 5: Protección. La protección contra estímulos provocativos.
  • Potencial de la línea: El poder de protegerse contra los estímulos, sin importar lo tentadores que sean.
  • Sombra de la línea: Los estímulos discutibles se aceptan sin protección, sin embargo, sin rendirse a ellos.

Es posible que necesite repasar apuntes sobre gestión de conflictos y sobre el libro de “Comunicación no Violenta”, de Marshall Rosenberg.

Quizás la parte más complicada de este aprendizaje es aceptar la decepción de haber esperado algo de una persona que no existe, de un ideal de esa persona creado por mi mente. Y aceptar la existencia de esa otra persona que me desprecia. Aprender a decir un NO rotundo a este tipo de comportamientos y mantenerte alejada de este tipo de personas.

¿Qué pasa cuando una matemática y una ingeniera industrial comparten sueños?

Un buen amigo que sabe lo que disfruto con la lectura, me envió hace tiempo, un listado de frases, de pequeñas joyas, para reflexionar. El autor de las mismas es William Faulkner, un poeta y narrador estadounidense, que influiría más tarde en escritores españoles como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Juan José Saer.

  • “Siempre sueña y apunta más alto de lo que sabes que puedes lograr.”
  • “Lo más triste es que la única cosa que se puede hacer durante ocho horas al día es trabajar.”
  • “Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma.”
  • “Inteligencia es el poder de aceptar el entorno.”
  • “Un paisaje se conquista con las suelas del zapato, no con las ruedas del automóvil”
  • “No te preocupes por ser mejor que tus contemporáneos o predecesores. Intenta ser mejor que tu mismo.”
  • “Si me dan a elegir entre la tristeza y la soledad, me quedo con la tristeza.”

Una interesante conversación, con una de las personas con las que más disfruto compartiendo ideas y sueños, derivó en las siguientes reflexiones que he querido compartir aquí, para ayudar a crear ese pequeño espacio donde se para el tiempo por un momento y abramos nuestra mente.

Los sueños que no se cumplen son aquellos que no nos atrevemos a soñar. La motivación en nuestro trabajo es aprender, porque el dinero viene después. Esto no se lo contéis a nadie, porque es el secreto de los genios de la historia. Eso del aprendizaje continuo no todo el mundo lo entiende. En nuestro caso particular, dedicamos muchas horas a la formación, en gran parte porque estamos en constante movimientos en charlas, seminarios, grupos de debate de voluntarios, leyendo libros, artículos, blogs o simplemente juntamos a algunos amigos para compartir ideas. Nos hemos encontrado con algunas personas que piensan que no disfrutamos de la vida por ese estudio y ganas de aprender constantes. Sin embargo, también nos hemos encontrado con otras personas que se han sorprendido de la energía y alegría con las que trabajamos y aprendemos, en continua evolución y desarrollo. Con estas personas hemos establecido amistades que han enriquecido mucho nuestra vida. Como se suele decir “quien no rema pesa”, así que por nuestra experiencia recomendamos pasar tiempo con personas que sumen en vuestra vida, y no que resten.

Cuando algo no nos guste, necesitaremos tener asertividad y valor para exponer nuestro punto de vista. Un modo de desarrollar la asertividad es poniendo en práctica lo que algunos libros explican sobre el tema. Uno de los que más me ha gustado, y que en un próximo post explicaré, es “Las Emociones que hieren: De las tensiones inútiles a las relaciones inteligentes“, de Mª Jesús Álava Reyes, una de mis psicólogas favoritas.

Un visionario inteligente es el que tiene el poder de ver su entorno, captar lo que para otros es invisible, hacerlo visible y así cambiar el entorno. Desde que tratamos de mejorar midiéndonos con nosotras mismas, avanzamos mucho más que cuando nos comparábamos con otros. Necesitamos hablar con nuestros contemporáneos para darnos cuenta que nuestros días, proyectos y acciones que creemos habituales, otros piensan que son extraordinarios.

Ahora os animo a pensar sobre esas frases. ¿Qué os han hecho reflexionar? Estaré encantada de compartir puntos de vista.