Experiencias de vida, ni buenas ni malas, solo experiencias

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Echando la vista atrás sobre mi biografía, recuerdo una época muy amarga y complicada que viví en mi primer año en la Facultad de Matemáticas entre 2003 y 2004.

Mi hermana y yo no tuvimos beca de estudios. Mi reclamación argumentada al ministerio dio igual. Básicamente me ignoraron. No podíamos permitirnos 2 habitaciones de alquiler en Madrid. Pero una amiga apareció en septiembre de 2003, que nos ofreció una habitación en Alcalá de Henares. ¡Buff!, menos mal. Eso nos permitió poder empezar la universidad.

En septiembre había un curso de introducción en la facultad al que yo no pude asistir. Otras personas que sí asistieron, les sirvió de base para lo que se nos avecinaba y para conocerse, y empezar a crearse grupos de gente que serían futuros grupos de amigos/as.

Yo tuve que buscarme la vida. Lo que pasa que se me hizo muy cuesta arriba. Salir de mi casa. Venirme a Madrid. Sentir la crueldad de “no le importas a nadie y nadie va a hacer nada por ti”. Tardé tiempo en cambiar esta forma de ver Madrid. Al principio para mí era una selva.

También sentí la crueldad de muchos/as profesores/as de la facultad. Y el salto de nivel impresionante entre lo que había aprendido en bachillerato y el nivel en el que se empezaba en la universidad. Algunos profesores/as endiosados/as presumían de suspender a la gente. Otros/as explicaban súper bien y facilitaban el aprendizaje para que llegásemos al nivel que se exigía.

La facultad, aunque era mi sueño, se convirtió en una pesadilla. Me pasaba muchas clases llorando, tapándome la cara para que no me viesen y sentándome donde no me viesen. ¡Qué mal, por favor! Entré en un proceso depresivo. Eso al menos fue lo que me dijo el médico. Y me mandaron tomar durante un año un antidepresivo.

En la facultad conocí una chica encantadora que estaba en Delegación de Alumnos. Me ayudó a crearme una cuenta de email. En aquella época yo no tenía internet en casa, sino que iba a la biblioteca a consultar lo que necesitaba. Y el email, pues tampoco era una herramienta imprescindible. Esta chica me recomendó ir a la Facultad de Medicina y preguntar si tenían servicio de psicología. Fui, pero no atendían a gente externa de esa facultad. Sin embargo, en la Politécnica, donde estudió mi hermana, sí tenían servicio de psicología para los/as alumnos/as.

No podía permitirme un/a psicólogo/a privado y en la seguridad social tardaban casi un año para darme cita, o directamente no me mandaban. El antidepresivo era tan fuerte que me levantaba con la mandíbula tensa. Asique, el médico me mandó otra pastilla para contrarrestar. Pero esta pastilla sí que me dejó fatal, tan mal que solo la tomé durante una semana.

En varias ocasiones tuve ataques de ansiedad, con un fortísimo dolor en el pecho que pensaba que me ahogaba. Una doctora que me atendió en una ocasión me trató fatal. Me dijo que estaba mal por tonterías y me mandó un fuerte antiinflamatorio para el dolor del pecho. Me fui a casa cabreada y sin saber qué hacer. A los pocos días volví a tener otro ataque y no fui a la facultad. Me fui sola de urgencias al médico, y esta vez me atendió otra doctora que me trató bastante bien. Me estuvo escuchando.

Después del primer año, dejé la medicación y seguí buscándome la vida, ahora con mejor ánimo. Me daba bastante miedo dejar la medicación porque no sabía si sería capaz de seguir por mí misma. Pero lo hice. Y me fue bastante bien.

En retrospectiva, había una grandísima deshumanización en ese entorno. Por mi cuenta fui aprendiendo cómo funcionaba el sistema. Aprendí cómo funcionaba:

  • Las tutorías: Horarios y cómo solicitarlas.
  • La elección de grupos en las matrículas.
  • Delegación de Alumnos: Servicios disponibles y conocimiento sobre el sistema.
  • Reprografía.
  • Conserjería.
  • Cafetería.
  • Biblioteca de alumnos y biblioteca de investigación.
  • Salas de estudio.
  • Salas de ordenadores.

Investigando por mi cuenta sobre mi diseño humano, después de una mentoría, he visto las temáticas de claves que llaman melancólicas. En mi diseño aparecen:

  • Clave 1: Nadie me ve por ser diferente.
  • Clave 8: Nadie me presta atención.
  • Clave 14: Tener que trabajar o no.
  • Clave 22: No escucho nada de valor.
  • Clave 28: Vida sin propósito.
  • Clave 60: No tener dónde ir.

Según la RAE la definición de melancolía es:

“Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada.”

Con esta información, me da una perspectiva interesante para darme cuenta de cuándo empiezo a entrar en bucle auto-destructivo, para poder entender qué lo está causando y ver si hay algo que pueda hacer o no para paliarlo. A veces no hay nada que puedas hacer, salvo pasar la experiencia y aguantar lo mejor que puedas.

¿Cuáles son tus experencias vitales que más aprendizaje te han aportado?

Vivir mi cruz (parte 9)

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¡El mapa no es el territorio! Esta es una de las afirmaciones más importantes que aprendí en la práctica durante mi estancia en Brasil. Tenía que organizar la operación de un servicio donde tenía que visualizar dónde estaban los problemas y dónde estaban los recursos y personas que los resolverían.

Aprendí a utilizar sola Google Maps para crear mis mapas de trabajo y del equipo. Clasificaba los problemas y los priorizaba en diferentes capas que cargaba en Google Maps con hojas de cálculo. Geo posicionaba los problemas. Y luego geo posicionaba las personas que podían resolverlos. La visualización espacial era esencial para reducir el tiempo y coste de las decisiones que tomábamos.

Para facilitar la toma de decisiones sobre las personas necesarias en la operación de campo, tuve que investigar cuáles eran los medios de transporte accesibles para que las personas llegasen hasta donde estaban los problemas que teníamos que resolver. Aprender dónde había:

  • Aeropuertos internacionales y locales. Frecuencia y coste de vuelos.
  • Líneas de autobuses. Frecuencia y coste de autobuses.
  • Empresas de alquiler de vehículos. Horarios, tipos de vehículos, tasas.
  • Ferry/barcos. Frecuencia y coste.
  • Carreteras principales.
  • Carreteras secundarias.
  • Caminos.

Y la seguridad para circular por estas vías. Había zonas donde era peligroso transitar por la tarde-noche. Había zonas donde no había puestos de repostaje en muchos kilómetros, ni talleres de reparación. Además, había zonas donde te quedabas incomunicado/a sin teléfono y sin internet. Había incluso zonas donde el servicio de Correos no entregaba paquetes por la inseguridad de la zona.

Los medios de transporte disponibles son esenciales para calculas los costes de un contrato de servicio (SLA).

¿Cómo te has adaptado a un entorno diferente a lo que te habían contado?

Vivir mi cruz (parte 8)

Photo by VM Quezada on Unsplash

En los primeros 15 días trabajando con el equipo que me habían asignado en Brasil, me di cuenta de los canales de comunicación ocultos que controlaban al equipo. Daba igual que fuese mi equipo, porque realmente no lo era. Lo controlaba otras personas que tenían los teléfonos y los emails de mi equipo, y les pedían que ejecutasen ciertos trabajos sin que yo lo supiese.

También había una relación personal entre dos personas que complicaba bastante la situación. Tuve una conversación muy seria con ellos/as explicando que me daba igual la relación que tuviesen entre ellos/as pero que no quería que eso afectase al trabajo, y estaba afectando. Se quedaron a cuadros cuando les dije esto porque pensaban que yo no me enteraba de estas cosas.

Me fui dando cuenta porque yo organizaba el trabajo, lo priorizaba, lo asignaba, y cuando luego hablaba con la gente para ver qué tal llevaban el trabajo, me decían que estaban haciendo otras cosas. Entonces yo preguntaba qué eran esas otras cosas que estaban haciendo y quién se las había mandado.

Y empezaban a aparecer esas otras personas que controlaban al equipo a mis espaldas. Fue complicado cortar estos comportamientos. Las personas que mandaban ese trabajo tenían bastante poder e influencia en la organización. Necesitaba crear nuevos canales de comunicación con el equipo y conseguir que confiasen en mí.

Tampoco podía cortar de forma radical los canales con esas otras personas de la organización, porque crearía un problema político con ellos/as, sino más bien estar enterada de esas necesidades y que las canalizasen a través de mí. Aunque inicialmente yo fuese un cuello de botella, yo necesitaba entender esas necesidades, porque algunas no tenían sentido, o no eran de nuestra responsabilidad. Luego ya vería cómo canalizaba con el equipo las peticiones para dejar de ser yo un cuello de botella.

Esta parte fue complicada. Porque yo era una extraña. El tiempo fue poniendo las cosas en su sitio y tuve que cambiar prácticamente a casi todo el equipo y contratar personas nuevas. Personas que entrasen de nuevas en mi forma de organizar al equipo.

Luego había personas con doble cara. Delante de mí mostraban una forma de comportarse y por detrás, en la sombra, actuaban de otra, y hablaban con otras personas de la organización, ejecutando trabajo que yo no había mandado que hiciesen. Y a pesar que había hablado con el equipo sobre este tema, seguían haciendo lo que querían. De cara me decían que “sí” pero luego hacían lo que querían.

Me di cuenta que a veces tienes que renovar el equipo para crear un proyecto nuevo. Las dinámicas ya implantadas, las costumbres, y en definitiva la cultura de la organización, es muy complicada cambiarla. En mi caso, conseguí crear algo nuevo cuando tuve un equipo nuevo.

¿Cuáles son los canales de comunicación que usas con tu equipo y con otros departamentos para poner orden en el caos?

Vivir mi cruz (parte 7)

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Durante la creación del equipo que trabajó conmigo en Brasil, tuve que tomar decisiones sobre quién realizaría nuevas tareas que iban surgiendo a medida que la operación rodaba. Algunas de estas tareas implicaban nuevas responsabilidades y la interacción con otros departamentos.

En una ocasión, confié en una persona del equipo, que en base al trabajo que había hecho hasta el momento, me parecía una persona responsable para asumir una de estas nuevas responsabilidades, interaccionando con un departamento que nos solía causar bastantes problemas en el día a día.

Esta persona empezó a ejercer un poder que le di, inicialmente con responsabilidad y un buen desempeño. Al poco tiempo esta persona en la que confié se volvió mi enemigo/a. No supo utilizar con responsabilidad el poder que le di y lo que hizo fue dejarme en evidencia ante otro departamento, hablar mal de mí, cuestionar mis decisiones sin argumentos y criticarme, sin hablar en ningún momento conmigo.

Fue el propio equipo quien me avisó de lo que estaba ocurriendo y después lo confirmé yo misma. Ahí fue donde aprendí quiénes formaban un equipo cohesionado, que se auto-regulaba, y que velaba por su supervivencia, y quien estaba ahí de paso.

Me armé de paciencia. Porque lo primero que me salió era despedir a esta persona. Pero me calmé y reflexioné. Había algo que tenía que aprender de esa situación. Hablé en privado con esta persona para explicarle la estructura de la empresa y que, si tenía cualquier dificultad con su trabajo, con quien tenía que hablar era conmigo.

Esta persona me saltaba de forma recurrente y hablaba con mi superior en lugar de hablar conmigo. Le di un plazo de un mes para cambiar su comportamiento. Ahora mismo no recuerdo si llegó al mes, o si fueron un par de semanas, pero tuve que tomar la decisión de quitar esa responsabilidad a esa persona y poner a otra persona.

Esta persona volvió a sus responsabilidades iniciales. Y, aun así, siguió causándome muchos problemas. De nuevo el propio equipo venía a hablar conmigo, me interceptaban en el pasillo o en la cocina del café, para hablar conmigo y pedirme que hiciese algo, porque no podían seguir trabajando con esta persona en el equipo.

Estuve hablando en muchísimas ocasiones con el equipo sobre la situación que todos/as estábamos sufriendo. Me di cuenta de otras personas fuera del equipo que protegían a la persona con la que no podíamos trabajar. Por diferentes circunstancias, aunque solicité el despido de esta persona o su recolocación en otro departamento, si así lo consideraban mis superiores, tuvimos que convivir con esta persona en el equipo durante más de un año.

Finalmente, esta persona fue despedida. Fue mucho tiempo donde el equipo tuvo que aprender a ser asertivo y resiliente, porque esa situación no podíamos cambiarla en el corto plazo. Y el equipo también se hizo más fuerte, y se ayudaba a llevar la situación lo mejor posible.

¿Cuáles han sido los retos más complejos que has tenido que gestionar con tu equipo?